No podemos recuperar a tantos y tantos vilmente asesinados pero SÍ procurar que siga viva la memória. Que NUNCA MÁS la maldad humana se lleve tantas vidas indefensas, hombres, mujeres, niños. Admiro la entereza de las Madres y las Abuelas de la Plaza de mayo que no han cesado ni cesan en su empeño de encontrar a su hijos-nietos. Tuve la suerte de compartir con ellas vivencias en Buenos Aires, en Barcelona, en Granollers. Estar con ellas es una sensación de sosiego, de amor. Nunca escuché de sus bocas la palabra odio, sí la obsesión de recordar, para evitar hechos tan luctuosos. Compartí también en Barcelona en la Exposición de DESAPARECIDOS de Gervasio Sánchez, una extraordinaria Mesa redonda donde se debatió tan delicado tema. Felicidades por el libro. Me gustaría estar allá, en Buenos Aires respirando el clamor de sus deseos, sus ansias.