Monseñor Romero, 32 años tras su martírio

He transcrito de su Biografía los rasgos más notorios de Oscar Arnulfo Romero nacido en Ciudad Barrios, departamento de San Miguel, el 15 de agosto de 1917, en el seno de una familia era humilde. Su carácter era tímido, reservado. Amaba lo simple, le interesaba el dialogo, saber de los demás, conocer sus esperanzas, sus necesidades. Su deseo era hacerse sacerdote para acompañar a los suyos, su pueblo. Ingresó al Seminario Menor de San Miguel de los Padres Claretianos -año 1931-, a pesar de la mísera situación económica de su família para costearle su preparación en el seminario. Siguió luego con los padres Jesuitas en el Seminario San José de la Montaña hasta 1937 cuando estalló la II Guerra Mundial. Fue enviado a estudiar a Roma para completar su formación sacerdotal. Seguramente escogido por su espiritualidad y su inteligencia académica manifestada en el seminario.
Fue ordenado sacerdote en Roma cuando tenia 25 años el 4 de abril de 1942, pero siguió estudiando en aquella ciudad para completar su tesis de Teología sobre los temas de ascética y mística. Tuvo que regresar a El Salvador y abandonar la tesis que estaba a punto de concluir por culpa de la guerra. El 15 de octubre de 1974 fue nombrado obispo de aquella Diócesis y el 14 de diciembre tomó posesión. En el transcurso de su ministerio Arzobispal, Mons. Romero se convirtió en un implacable protector de la dignidad de los seres humanos, sobre todo de los más desposeídos; esto lo llevaba a emprender una actitud de denuncia contra la violencia, y sobre todo a enfrentar cara a cara a los regímenes del mal.
Sus homilías se convirtieron en una cita obligatoria de todo el país cada domingo. Desde el púlpito iluminaba a la luz del Evangelio los acontecimientos del país y ofrecía rayos de esperanza para cambiar esa estructura de terror. Resultaba difícil entender en el ambiente salvadoreño que un hombre tan sencillo y tan tímido como Mons. Romero se convirtiera en un “implacable” defensor de la dignidad humana y que su imagen traspasara las fronteras nacionales por el hecho de ser: “voz de los sin voz”. El domingo 23 de marzo de 1980 Mons. Romero pronunció su última homilía, considerada por algunos como su sentencia de muerte debido a la dureza de su denuncia: “en nombre de Dios y de este pueblo sufrido… les pido, les ruego, les ordeno en nombre de Dios, CESE LA REPRESION”.
Monseñor OSCAR ARNULFO ROMERO GALDAMEZ fue asesinado de un disparo, a las 6:25 p.m. mientras oficiaba la Eucaristía en la Capilla del Hospital La Divina Providencia, exactamente al momento de preparar la mesa para recibir el Cuerpo de Jesús.

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Una respuesta a Monseñor Romero, 32 años tras su martírio

  1. vi el docuemental sobre Monseñor en Casa América y me impresionó !! añado algo más de las palabrar de la última homelia de Monseñor Romero ” el mandato de Dios es no matarás, os pido no obedezcan a sus superiores, no disparen a sus hermanos”
    Recuerdo un concilio de Obispos de la Teología de la Liberación que uno de sus consejor fué “las leyes injustas no tienen porqué cumplirse”
    Hace años, pero aún recuerdo a Monseñor Helder Cámara:sus palabras siempre me impactaron; y no soy creyente

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