Sorprende que, desde algún medio de comunicación, alguna voz hable en positivo. No suelo mirar la TV pero sí soy radio-escucha. No soporto algunas tertúlias, creo que a alguna de las participantes deberían recomendarle de abandonar, para dejar que otras voces más pausadas, llenas de conocimiento, no dadas a la “bouffonnerie” como lo llaman los franceses, opinen, analicen, ordenen. Sugerencia aparte, esta mañana escuché comentarios de personas implicadas en nuevos Proyectos, felices porqué sus sueños han conseguido salir adelante, naturalmente a partir de -trabajo-rigor-compromiso. Personalmente me colma de alegría y esperanza cuando todo parece negro. Gente que ha decidido plantarle cara a la vida, a los políticos, al Estado. Una joven explicó que, trabajaba como secretaria en un despacho profesional, perdió su puesto, y ahora trabaja en “limpieza de hogares”. Se siente afortunada, no se le han caido los anillos, es feliz de poder trabajar. Otros grupos de jóvenes han creado su propia empresa de 5, 7 o más trabajadors, todos a la una, buscando, indagando. Comenzaron dos, ya suman siete unos, nueve otros. ¿Responsabilidad? Compartida, ¿Beneficios? Igualmente… NO piden, buscan y consiguen lo que con esfuerzo ansían, sacar adelante a sus famílias, seguramente sin el boato del pasado, pero que les permite vivir de su labor. Otros, mientras tanto, siguen lamentándose, sentados ante la TV, o Internet, jugando con sus celulares que sí deben pagar pero… alguien lo hace por ellos. Escuché que muchas famílias tienen organizado su huerto, en el balcón, en la vera de su casa, en el jardin quienes lo tienen. El único ingrediente es averiguar qué pueden cultivar segun su espacio. NO solamente para explicar que lo tienen. Tal vez patatas, o algo que ayude en la economía familiar. Así hacíamos en un pasado para mi ya lejano, quienes vivíamos en pueblitos de campesinos. Cultivar lo adecuado en cada estación del año. Comer lo que aquella tierra nos proporcionaba, los sobrantes servían para alimentar aves de corral, cerdos, conejos. No comí vacuno hasta tener ya unos cuantos años…En mi pueblo no lo había, solo lo traían en fiestas muy señaladas, pero, era preciso pedirlo por encargo. Bellos recuerdos de una infancia feliz.
yo comía pollo por Navidad, el santo de mi padre, mi madre, el mío.. y algún otro familiar
el bacalao se comía mejor en aquella época
y la sopa de pan, el pan seco que no se tiraba!!!
¿Eramos menos felices acaso? Yo tengo recuerdos hasta mis siete años de felicidad suprema, y aunque de escasez monetária -eran tiempos de postguerra-, de hambre, pocas posibilidades de tener nada “superficial”, aprendimos a vivir compartiendo, con la família pero también con los vecinos, con quienes lo pasaban peor fuere por enfermedad, por tener a sus familiares exiliados, o porqué quienes gobernaban les querían humillar. Dió lugar a un compañerismo, que nunca más encontré pero que intento seguir practicando. Gracias Maria Antonia