Escuchemos a los niños

Pasar unos días con cinco de mis dieciséis nietos ha sido una grata experiencia. Quedan lejos mis recuerdos de cuando debía atender a mis nueve hijos, solo tenía 33 años.
La vida maternal suele ser como uno la plantea. La mía fue hermosa, llena de sentimiento, de amor, de cariño, aunque también con momentos de dolor –perdimos un hijo por muerte súbita, otro estuvo enrolando en el mundo de la droga, superado con la fuerza de todos, laborando juntos día a día, minuto a minuto-. No fué fácil criar y educar nueve hijos, solo es posible cuando existe plena comunión con tu pareja, este era nuestro gran secreto, nuestra única arma.
Estar al frente de una casa de once personas, con un marido amoroso que debía trabajar sin desfallecer para sacarnos a todos adelante, tenia su precio. También intentar ser ecuánime con todos, descubrir que ninguna de las once personas tiene semejanza con las demás, es un ejercicio que tenía olvidado y ahora, junto a mis nietos recuperé. Me pregunto ¿por qué si a todos les has parido igual, les has educado de forma pareja, les diste de comer los mismos alimentos, el mismo cariño, reaccionan de forma tan diversa?
Ahí está el secreto de los padres que se ocupan de los hijos. Nunca ningún profesor/a, cuando me llamaba para comentar el comportamiento de mis hijos en la escuela o liceo, me descubrió ninguna faceta que no conociera. Es imposible conducirles de la misma mano a todos por igual. Es necesario hablar y discutir con unos, con otros hay que actuar con severidad. En alguno de los casos hace falta ternura extra sin la cual nada consigues. Éste es el gran papel que jugamos los padres. Procurábamos turnarnos en lo duro y en lo suave, cambiando el papel de malo por el de tolerante constantemente. No es bueno que sea siempre el mismo quién deba decir no. Considero que un NO a tiempo evita males peores.
Comprendo que existan hoy mayores fracasos que en tiempo pasado, ha cambiado el papel importante de la família que algunos concebíamos. Ahora, todo es cambiante, parejas, costumbres, ideas. Ni mejor ni peor, diferente. Nos ahoga la prisa, las obligaciones, el trabajo, a menudo el qué dirán… Triste pero son elementos que se anteponen en la educación y conocimiento de tus vástagos. ¿Cómo educarles si no conoces sus reacciones?
Tengo unos nietos encantadores, nos hemos comprometido en hacer un texto común, a manera de historieta, en el que cada cual exponga sus criterios, su pensamiento respecto al mundo que nos rodea, como ven el futuro. Me interesa escuchar como discuten, su valoración de tantas cosas que, igual que yo misma, sienten injustas y aseguran que es preciso modificar… La voz de los niños, maravillosa, la que nadie tiene en cuenta y deberíamos atender. Sus criterios, enormemente dignos, que muchos adultos no conseguirán por muchos años que vivan. Escuchémosles…

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