Pedro Casaldaliga en el Magazine de La Vanguardia

El ‘far west’ de Casaldàliga-Texto de Fernando García-Fotos de Celso Maldos y Archivo Casaldàliga
El rodaje de una miniserie sobre la vida del obispo español Pere Casaldàliga en una de las zonas más remotas de Brasil ha reavivado en aquellos escenarios naturales la historia de una larga lucha contra las injusticias y ha causado también un profundo impacto emocional entre los actores que interpretan a los personajes reales
El sacerdote nacido hace 84 años en Balsareny (Barcelona) fue la primera persona que denunció y documentó públicamente la esclavitud en Brasil, con nombres y apellidos de los responsables. Esto también sigue irritando en un país donde decenas de miles de seres humanos trabajan como esclavos en pleno siglo XXI; en un Estado cuyo Parlamento alberga a un diputado, Joao Lyra, y a un senador, João Ribeiro, procesados en el Supremo por emplear personal en condiciones próximas a la esclavitud.
Casaldàliga formuló su denuncia nada más ser consagrado obispo, en 1971, a través de su célebre pastoral Una Iglesia de la Amazonia en conflicto con el latifundio y la marginación social. En plena dictadura militar y con los terratenientes más crecidos que nunca, el documento hubo de imprimirse clandestinamente. Y fue su publicación, nadie lo duda, la que llevó a que un fazendeiro pusiera precio a su cabeza y el capataz Boca Quente ofreciera mil cruceiros al pistolero Tobías.
Cuatro años después, Casaldàliga tuvo que ver cómo una bala probablemente destinada a él acabó con su compañero y amigo João Bosco: un jesuita representado en el filme por Blai Llopis. Ocurrió cuando ambos acudieron a una comisaría para socorrer a dos mujeres a las que los militares estaban torturando. Los ruegos y la exigencia de explicaciones de los dos curas derivaron en una discusión que un soldado zanjó disparando a Bosco en la cabeza.
Explica Llopis que a Pere, como le llaman los actores catalanes, todavía le cuesta hablar de la muerte de João Bosco. “Es un tema fuerte en todos los sentidos: el de la muerte cambiada”, dice.
Toda la historia y sus personajes, así como la experiencia vivida durante los dos meses de rodaje en el Brasil más remoto, resultaron fuertes para los actores. Todos parecían emocionados y entregados en cuerpo y alma a su papel.
Mónica López participó como un operario más en la construcción de “su casa”: el decorado de la cabaña donde se instaló la francesa Genoveva Boyé, Veva, de la congregación de Hermanitas de Jesús inspirada por Charles de Foucault. Veva llegó a Brasil en 1952. Tenía 29 años (hoy tiene 90). Ella y sus dos compañeras de misión, Clara y Denise, se fueron a vivir con los indios tapirapé, a unos 240 kilómetros de São Félix. De acuerdo con los principios de su congregación, en ningún momento trataron de convertir a la comunidad, sino que adoptaron su forma de vida y ofrecieron ayuda y enseñanza a sus miembros a la vez que aprendían de ellos. “Más bien fueron ellas las que se convirtieron a los tapirapé, en el mejor sentido”, señala la actriz.
El asesinato del jesuita João Bosco, causó un profundo dolor a Casaldàliga
La tribu tenía sólo 47 miembros a la llegada de las tres hermanas, frente a los más de 1.500 contabilizados a principios del siglo XX. Las enfermedades y los ataques de la tribu de los kaiapó, que de tanto en tanto secuestraban a sus mujeres, diezmaron la población. La ayuda de Veva, reconocida en 1996 con el premio Bartolomé de las Casas, resultó vital para la recuperación del poblado, integrado hoy por más de 300 individuos.
Cuando Casaldàliga llegó a Brasil, Veva llevaba allí más de quince años. El cura, admirado, preguntó a la hermana qué había hecho para impulsar lo que entonces era ya una evidente mejora en las condiciones de vida de aquella gente. “Nada, sólo ayudar y acompañar”. Así lo cuenta la propia Mónica López. “Genoveva influyó de manera determinante en Pere”, afirma.
Al progreso de los tapirapé contribuyó también el sacerdote francés François Jentel, interpretado por Jordi Puig, Kai. El cura se las arregló para llevar a los indígenas un buey, algunas vacas y un tractor con los que reducir su excesiva dependencia de la selva, según relata Kai. En los años sesenta, el cura se trasladó a la vecina población de Santa Terezinha para ayudar a los posseiros, que entonces luchaban por hacer valer sus derechos, incluida la propiedad de sus tierras. Jentel era un tipo peculiar, sin miedo a nada, buen mecánico y aficionado a recorrer el río en motora a toda velocidad. La policía lo apodó Padre Metralleta, acusándolo de esconder armas.
Jentel se jugó el tipo cuando, en marzo de 1972, él y los posseiros trataron de evitar que la compañía latifundista de turno, asistida por el ejército, echara abajo el ambulatorio que él y los aldeanos habían construido. El padre –apoyado en todo momento por Dom Pedro– acabó preso, juzgado y condenado por un tribunal militar a 10 años de prisión.
Jentel pasó un año en la cárcel, hasta que la justicia civil lo absolvió por graves irregularidades en el proceso. Volvió a Francia para ver a los suyos y, a su regresó a Brasil, la policía lo detuvo y lo devolvió a su país tras haberlo maltratado. A los tres meses apareció muerto en París en circunstancias no esclarecidas. Casaldàliga, a quien el ministro del Ejército también quería expulsar, se reafirmó entonces en su idea de no salir de Brasil para evitar que le impidieran retornar.
Cuando Kai Puig conoció a Pere Casaldàliga, decidió que todos los días del rodaje iría a compartir con él y sus más fieles la oración de la mañana, a las 7 horas. “Sabía que nunca volvería a estar cerca de nadie tan importante”, comenta. Esto no tendría mucho de particular si no fuera porque el actor llevaba años sin asistir a una misa e incluso está preparando los papeles para apostatar. “El día en que hagan santo al padre Casaldàliga me vuelvo a bautizar. Pero sé que eso no ocurrirá”.
No muy diferente fue el proceso que Clara Segura vivió al encarnar a la Tía Irene, la monja de São Paulo que se unió a Dom Pedro en 1971 y se convirtió en su amiga, confidente y ejecutora de sus proyectos sociales. “La obra de Pere se consolidó de la mano de la Tía Irene”, resume la actriz. “Y a mí esa obra y el trabajo en la serie –añade– me han permitido descubrir una Iglesia más abierta y coherente: Dom Pedro reza para cambiar el sistema; es el indignado número uno”, afirma.
Pero la activa indignación de Casaldàliga tiene un escenario algo más duro que la Puerta del Sol o la plaza de Catalunya. Es el far west brasileño.
“Buenos días, estoy vivo”. Veinticuatro años han pasado desde que el obispo, misionero y poeta catalán Pere Casaldàliga plantó cara a la conservadora curia del Vaticano. Fue en julio de 1988 cuando, en su único viaje a Europa desde su llegada a Brasil veinte años antes, Dom Pedro hubo de defender su labor y la de otros exponentes de la teología de la liberación ante el entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y hoy papa, Benedicto XVI. El tenso debate que ambos mantuvieron es una de las escenas clave de la miniserie, en la que Sergi López es Joseph Ratzinger.
A sus 84 años, con la mente clara y la memoria intacta aunque limitado físicamente por el parkinson, Casaldàliga no ha perdido un ápice de su espíritu combativo. Lo demostró hace unos años cuando Lula da Silva, a la sazón presidente, le dijo que estaría honrado si aceptara la nacionalidad brasileña. “También yo estaré honrado –le replicó el rebelde obispo–, pero no tomaré ese pasaporte mientras ustedes no aprueben la reforma agraria”. .
“Buenos días. ¡Estoy vivo!”, saluda Dom Pedro a quienes lo visitan de mañana. En su diálogo con Magazine, Casaldàliga acusa a Lula y a la actual presidenta, Dilma Rousseff, de “no asumir la causa indígena ni la necesaria reforma agraria”. La política del gobierno, añade, es “muy liberal y capitalista”. Los indios “les estorban”, y tampoco quieren aprobar la ley que aclararía los derechos de propiedad en el campo porque “iría a favor de los pequeños agricultores, cuando la apuesta del poder está en el agronegocio, como se llama ahora al latifundio, que es tóxico y genera ­desempleo”.
Sobre la crisis en España y Europa, el padre destaca el sentimiento de “gran decepción respecto a un sueño que se vivió demasiado holgadamente: el que trajo el Estado de bienestar”. Pero se queda ante todo con “la mayor conciencia y la solidaridad de los españoles de hoy”. Así que no se declara “ni optimista ni pesimista, sino esperanzado”.
En su modesta casa de toda la vida, Casaldàliga sigue en su lucha: dando la batalla con la palabra y la pluma. Como dijo un combatiente español y él repite de tanto e tanto: “Somos soldados derrotados de una causa invencible”.
Cine de lujo en días de penuria
Con un plantel de actores de primera línea, un equipo de rodaje de cien personas y un despliegue material que incluyó la construcción de decenas de decorados en el escenario natural de São Félix do Araguaia, la realización de la miniserie Descalzo sobre la tierra roja para TV3, TVE y TV Brasil es casi un milagro en tiempos de estrechez económica. El coste asciende a 3,5 millones de euros y requirió un decidido apoyo de la industria privada.
Francesc Escribano, autor del libro homónimo y productor ejecutivo de la serie, ve en ese respaldo una fórmula idónea para paliar los límites en las dotaciones públicas para productos culturales de gran calado. “Cuando las productoras Minoria Absoluta y Raiz Produções lanzamos el proyecto, sabíamos que esta sería una producción importante y de alto presupuesto y que la financiación procedente de España no bastaría. Rodar en Brasil no habría sido posible sin la colaboración del Gobierno, de su televisión pública y, sobre todo, sin la participación de algunas empresas españolas que han visto la iniciativa como una oportunidad de intercambio cultural entre los dos países”, señala. “Determinante ha sido el papel de Endesa Brasil, principal patrocinadora de la serie desde allí”, subraya Escribano. “En un momento tan difícil para obtener recursos destinados al cine, es una magnífica noticia que compañías como esta demuestren su compromiso social haciendo posible que una película así se pueda rodar en un lugar tan remoto. Y muy gratificante que Endesa, así como Mapfre y Petrobrás, apuesten por una historia como esta y por potenciar las coproducciones hispano-brasileñas”.
La miniserie, dos capítulos de 85 minutos, se estrenará a mediados del próximo año.

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