21 de marzo, Día Internacional por la Eliminación de la Discriminación Racial. La larga noche del racismo

 Después del programa ‘Palabra de gitano’, hemos leído estas cosas: «No soy racista, pero a los gitanos no los quiero como vecinos». «Si no se han integrado en ningún país del mundo, por algo será». «Muy integrados, eso sí, con pisos pagados por todos». «Los gitanos son muy racistas, viven en una sociedad paralela a la nuestra, pero se aprovechan de las ayudas del gobierno». «No quiero ni pensar cómo sería esto si los gitanos fueseis el 95% de la sociedad». «Nadie quiere vivir con vosotros. Podríais ir a una isla y enfrentaros entre vosotros».

Este es un mero ejemplo de algunos de los cientos de miles de comentarios racistas y denigrantes que generan algunas noticias sobre gitanos en los medios de comunicación digitales españoles. Cada vez que se publica alguna noticia sobre nuestra comunidad, ya sea positiva o negativa, se lanzan sobre nosotros todos aquellos racistas que viven camuflados bajo la piel de nuestros vecinos, de nuestros maestros, de nuestros clientes del mercadillo, de nuestros médicos… O quizá es gente que jamás nos conoció y por eso opina con esa extraña libertad de expresión que otorga la ignorancia. Quizá son solo unos cuantos racistas que bajo el amparo que les da el anonimato se creen con derecho a insultar y denigrar a todo un pueblo. Sí, eso queremos pensar. Que son tres o cuatro. Que la gran mayoría está de nuestro lado y comprenden nuestro dolor ante los constantes ataques.

Sin embargo, siendo realistas, sabemos que nos son tres o cuatro. Sabemos que el racismo está creciendo. No sólo en España. En toda Europa es una lacra lacerante que se ceba en nosotros y nos convierte en los chivos expiatorios de esta crisis. Las noticias son cada día más duras, cada día más inverosímiles. Los ataques verbales han dado paso a los ataques físicos. Ya no solo se trata de palabras, tan denigrantes como una bofetada con la mano abierta. Ahora asistimos atónitos a un espectáculo mucho más dantesco: los asesinatos de nuestros hermanos checos; los incendios provocados en los campamentos franceses; los ataques de las turbas neonazis a nuestros poblados en Grecia…

Nos preguntamos, ¿dónde queda la buena voluntad política, los planes estratégicos, las normativas marco que todos los países han firmado para conseguir la inclusión social de nuestro pueblo…? ¿Alguien puede asegurarnos que no estamos siendo tan perseguidos como lo fuimos en las épocas fascistas? ¿Cuándo podremos decirles a nuestros hijos y nietos que vivirán en paz y libres de discriminación? ¿Algún día nuestro pueblo conseguirá desprenderse de tanta calamidad, de tanta desesperación y de tanta tragedia? Si nuestros vecinos no nos conocen, no nos aprecian, no nos van a tender la mano, ¿cómo lo conseguiremos?

Lamentamos hacer un comunicado tan duro y tan triste como este, pero no encontramos, en el día de hoy, soluciones factibles que nos ayuden a entender hacia dónde debemos dirigirnos para, si realmente no se puede acabar con el racismo, por lo menos aprender a soportarlo.

 

Unión Romaní

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