La penalización absoluta del aborto impide actuar moralmente. Carlos Molina Velásquez

carlos Molina En nuestro país, la penalización absoluta del aborto se sostiene en un Código Penal que entra en franca contradicción con los derechos humanos, y en una infame modificación del artículo 1 de la Constitución salvadoreña, un adefesio metafísico: “El Salvador […] reconoce como persona humana a todo ser humano desde el instante de la concepción”. Ningún científico o médico medianamente serio se atreverá a comprometerse con un término tan impreciso y polisémico como “concepción”, y preferirá, más bien, hablar de “fecundación”, sobre todo si quiere referirse a la unión del óvulo y el espermatozoide. Pero lo fundamental es que no se puede sostener razonablementeque la fecundación “produzca” una persona. Eso sería absurdo, ya que en los primeros días del desarrollo “embrionario” ni siquiera podemos estar seguros de la existencia de uno o más individuos —podría tratarse de gemelos monocigóticos—, mientras que, como dice el bioeticista Juan Masiá Clavel, no es sino hasta pasada la semana 21 que comenzará a funcionar el córtex cerebral —indispensable para pensar en “rasgos de las personas”, como sentir dolor, ser racionalmente autoconscientes y tener preferencias e intereses. Penalizar absolutamente el aborto produce una evidente situación de inequidad, ya que pone a las mujeres —cuyo carácter de personas no está en duda— en situaciones de riesgo, y se las trata peor que a los embriones —que aún no son personas— o a los cigotos —carentes de individualidad plena. Por otro lado, la criminalización del aborto impide a las mujeres decidir según su conciencia, pues no son libres de optar por las figuras de vida y los valores que prefieren, incluidos los implicados en la opción de no abortar —una opción legítima después de todo. Quienes abogan por impedimentos legales absolutos no solo tienen dificultades para no contradecirse al justificar normas morales —como cuando defienden la vida de cigotos y embriones, menospreciando la de las mujeres—, sino que también desnaturalizan la ética, haciendo imposible que se pueda elegir libremente los valores que dicen defender —como la maternidad, el sacrificio en función de la propia descendencia o incluso llevar una vida según lo dicten unas particulares creencias religiosas.

Asimismo, la criminalización del aborto dificulta a los médicos recurrir al secreto profesional y garantizar a las pacientes la confidencialidad —elementos esenciales del respeto a la autonomía de las personas—, así como que puedan apelar a su conciencia. Obligando a los médicos con la amenaza de la cárcel se les impide que acudan a sus conocimientos científicos y estándares morales para decidir sobre lo correcto y lo bueno, y se los convierte en monigotes subordinados al sistema penal. Exigir que el aborto no sea criminalizado no equivale a decir que sea algo “bueno” o “deseable”; es, más bien, un mal necesario o una especie de último recurso. Pero solo si la penalización absoluta desaparece podremos tomar decisiones auténticamente morales y éticas acerca del aborto.

One Response to La penalización absoluta del aborto impide actuar moralmente. Carlos Molina Velásquez

  1. Maria Antònia Arnau dice:

    cada dia moren milers de criatures per desnutrició o per malalties curables !! i ningú condemna als responsables ….
    si hi hagués una bona educació sexual i informació del mitjans antiembaràs molts embaraços no desitjats ja no es desenboloparien

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