Sin educación no hay salud pública. Carlos Torres

Interesante articulo de Carlos Torres, en Publico.es
carlos torres
Hoy se jubila mi maestra. Cuando cierre el libro esta tarde ya no tendrá que salir más de casa rumbo al colegio. Lleva cuarenta años enseñando en la escuela pública, haciendo grande el oficio de dar a quien todavía no sabe. Se va contenta por el servicio prestado estas décadas pero triste por tener que ver a la educación pública en una de sus encrucijadas más difíciles. Estaría bien que todos fuéramos conscientes de que sin educación no hay fuerza, que un pueblo ignorante es un pueblo dominado, que cada recorte al presupuesto es un tajo hondo en nuestras libertades, a nuestras esperanzas. Porque enseñar es la primera forma de hacer la revolución, de rebelarse contra aquello que nos hace vulnerables. Los que gobiernan saben muy bien cómo la educación nos fortalece como sociedad organizada y es por eso que la atacan desde todos los flancos que conocen: la debilitan en las arcas, la manipulan con sus leyes clasistas y anacrónicas, la sobrecargan de alumnos y problemas mientras se empeñan en proteger su coto privado de enseñanza. Porque mientras pagamos el sueldo de profesores de la escuela concertada y financiamos un solo euro de la privada la escuela pública soporta cada vez más alumnos por clase con menos recursos por aula. Quizás sea sólo una persona que se marcha, pero esa maestra que hoy lo deja tardará bastante en ser sustituida porque la administración dilatará todo lo que pueda la llegada de algún maestro nuevo para ahorrarse unas semanas de sueldo. Por lo general sólo mandarán a alguien a tiempo si los padres de los alumnos protestan, si los padres de los alumnos se organizan, si los padres de los alumnos se defienden. Ya sabemos que una ola no puede tumbar un muro, pero que todas las olas hacen marea. Debemos saber que no habrán dejado de privatizar nuestra salud colectiva hasta que nuestra educación se recupere. Estaría bien que, como homenaje a aquella maestra que colocó las primeras piedras para que yo hoy pueda escribir esta columna, exijamos a esos políticos que nos ningunean que devuelvan a los colegios, a los institutos y a las universidades públicas su autonomía. Armemos barricadas de libros, disparemos palabras, defendamos lo público y no permitamos que nos hablen de primas porque nuestro único riesgo es la ignorancia. Gracias maestra por enseñarme tanto, por defender con tu trabajo la dignidad de una sociedad que debe pasar estos años su examen más difícil. Quizás nunca fui el mejor alumno, pero creo que me sé bien la primera respuesta: la educación pública no se vende, se defiende.

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