El obstáculo fundamental en la COP 21 en Paris. Leonardo Boff

leandro boff Todas las Convenciones sobre el Cambio Climático (COP 21) realizadas hasta hoy llegaron a convergencias mediocres, demasiado lejos de las exigencias que el problema global requiere. Hay una razón intrínseca del actual sistema socio-económico globalizado que impide lograr objetivos comunes y adecuados. Es como un tren: está sujeto a la dirección que establecen los raíles, sin otra alternativa.
La metáfora es aplicable al actual sistema mundial. Las sociedades globales continúan obsesionadas con el ideal de crecimiento ilimitado, medido por el PIB. Hablan de desarrollo, pero en realidad, lo que buscan es el crecimiento material. El crecimiento pertenece a los procesos vitales, pero siempre dentro de unos límites. Un árbol no crece ilimitadamente hacia arriba ni nosotros crecemos físicamente indefinidamente. Llega un momento en que el crecimiento se detiene y otras funciones toman su lugar.
Sucede que un planeta limitado y escaso en bienes y servicios no tolera el crecimiento ilimitado. Nos hemos dado cuenta de sus límites insuperables. Pero el sistema no toma este hecho en consideración.
Lo dijo con gran claridad el co-fundador del ecosocialismo, el franco-brasileño Michael Lowy: «Todas las luces están en rojo: es evidente que la loca carrera tras la ganancia, la lógica productivista y mercantil de la civilización capitalista/industrial conduce a un desastre ecológico de proporciones incalculables; la dinámica del crecimiento infinito, inducido por la expansión capitalista, amenaza con destruir los fundamentos de la vida humana en el planeta»(Ecología y socialismo 2005, 42).
La cuestión central no está, como vio el Papa Francisco en su encíclica sobre el cuidado de la Casa común, en la relación entre el crecimiento y la naturaleza, sino entre el ser humano y la naturaleza. El ser humano no se siente parte de la naturaleza, sino su propietario que puede disponer de ella como le plazca. No cuida de ella ni se responsabiliza por los daños de la voracidad de un crecimiento infinito, con el consumo ilimitado que lo acompaña. Así camina rápidamente hacia un abismo, pues la Tierra ya no soporta más tanta explotación y devastación.
Entre las muchas consecuencias de esta lógica perversa está el calentamiento global que sigue creciendo. Obviando a los negacionistas, hay dos datos seguros, establecidos por la mejor investigación mundial: primero, el calentamiento es inequívoco; no es posible negarlo, basta mirar alrededor para constatar los eventos extremos que tienen lugar en todo el planeta; segundo: más allá de la geofísica propia de la Tierra que conoce fases de calentamiento y enfriamiento, este calentamiento es andrópico, hecho por el hombre, es decir, el resultado de la intervención humana ininterrumpida en los procesos naturales.
El calentamiento que sería normal está fuertemente intensificado especialmente por los gases de efecto invernadero: el vapor de agua, el dióxido de carbono, el metano, el óxido nitroso y el ozono. Estos gases actúan como un invernadero que mantiene el calor aquí abajo, evitando que se disperse hacia arriba, calentando como consecuencia el planeta.
Toda la lucha es limitarnos a dos grados centígrados, lo que permitiría una gestión razonable de la adaptación y la mitigación. Para mantenernos en estos límites, los científicos nos dicen, deberíamos reducir los gases de efecto invernadero en un 80% hasta 2050. La mayoría de la gente piensa que esto es imposible. Sin embargo, si por descuido humano, la temperatura sube de 4 a 6 grados centígrados, como afirma la comunidad científica norteamericana, en torno a esa fecha la vida que conocemos corre el riesgo de desaparecer y alcanzar a gran parte de la especie humana. El Secretario de la ONU, Ban Ki Moon, advirtió recientemente: «Las tendencias actuales nos están llevando cada vez más cerca de potenciales puntos de ruptura, que reducirían catastróficamente la capacidad de los ecosistemas para proporcionar sus servicios esenciales».El primer ministro francés François Hollande en la apertura del evento, lunes, dia 30, dijo que esta es talvez la última oportunidad de crear las condiciones de salvar la vida en el planeta. Sin esto, entramos en la zona de alto riesgo.
El balance es: tenemos que cambiar de rumbo o conocer la oscuridad. Hay que producir para atender a las demandas humanas, pero a partir de un otro tipo de relación para con la Tierra, respetando sus ciclos y sus límites. Tenemos que sentirnos parte de ella, cuidarla, darle descanso para se regenerar y así no perder su biocapacidad. Debemos aprender a ser más con menos y asumir una sobriedad compartida en comunión con toda la comunidad de vida, que necesita también la vitalidad de la Madre Tierra para vivir y reproducirse.
O hacemos esta «conversión ecológica» (Papa Francisco) o nuestro camino en este pequeño y hermoso planeta se verá comprometido.

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