Tres noticias me preocupan: Inmigración, refugiados, emigración.

Federico Mayor

• “Y no te olvides de los refugiados”, insiste con toda la razón -como cuando nos recordaba Haití- en sus viñetas el formidable Forges. Refugiados de guerras y conflictos que los grupos plutocráticos neoliberales no ha sabido encauzar debidamente. Refugiados que no hallan la acogida que se les debe, olvidando que se trata de un derecho humano reconocido por los mismos países que , en un momento dado, prefirieron la acción armada y que siguen manteniendo un trato de favor, con inmensa codicia, con los países que financiaron –y quizás financian todavía- las contiendas bélicas.

• La insolidaridad manifiesta con los inmigrantes, que se ven forzados a abandonar sus países de origen porque allí se mueren de hambre. No me canso de repetirlo: todos los días mueren de pobreza extrema y desamparo más de 20.000 personas, la mayoría de ellas niñas y niños de uno a cinco años de edad, al tiempo que se invierten en armas y gastos militares 3.000 millones de dólares. No hay dinero para el desarrollo. El PNUD, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, ha reducido de forma extraordinaria sus posibilidades de asistencia. En la mayor parte de los países europeos, el declive ha sido también extraordinario. En España, también ya lo he indicado en diversas ocasiones, se ha pasado del 0.51% del PIB en el año 2010 al 0.11 en la actualidad. Esta insolidaridad debe corregirse. Es una vergüenza que no haya dinero para tender la mano y la haya, como siempre en el pasado, para la mano alzada. Son necesarios grandes clamores populares para que se termine con esta deplorable actitud.

• Y, por último, la emigración que se favorece, incluso cuando se trata de personas altamente cualificadas. Las cifras que se han publicado últimamente no pueden pasarse por alto. Tenemos que organizar rápidamente protestas y propuestas que permitan corregir este “efecto colateral” del neoliberalismo. Si disminuyen algo las colas de los que esperan un empleo es porque, en el primer semestre del año actual casi 51.000 ciudadanos pusieron rumbo al extranjero, un 30% más que en 2014, según datos divulgados por el Instituto Nacional de Estadística. Ese debería de ser uno de los primeros objetivos del nuevo gobierno: no dejar que se nos escapen talentos tan importantes para el diseño del nuevo futuro que anhelamos.

2. 22 grados centígrados los primeros días de diciembre en muchas partes de España. ¡Ocho grados centígrados más que lo que es habitual en esta época! Y los ciudadanos, en su mayoría, a pesar de que ahora ya pueden expresarse libremente, siguen callados. Silencio cómplices. Hay que alzar la voz. Están demasiado distraídos. Son espectadores impasibles cuando deberían ser actores muy comprometidos.

3. Contaminación creciente. En Madrid, en Shanghai… Y el Estado sigue favoreciendo la venta de automóviles altamente contaminantes, en lugar de propiciar los coches híbridos o eléctricos. Esta es la promoción, que ha decidido con gran inteligencia, la Alcaldesa de París, Anne Hidalgo.

¿Cómo puede ser que se sigan vendiendo los automóviles cuyos fabricantes han atentado consciente y gravemente contra la habitabilidad de la Tierra? ¿Cómo es posible que, en lugar de demostrar la repulsa popular a comportamientos que afectan en tan alto grado las condiciones medioambientales se sigan adquiriendo los productos de estas firmas despreciables, favoreciendo dócilmente sus ubérrimos beneficios? ¿Cómo es posible que el Estado siga promoviendo la adquisición de vehículos contaminantes? El Plan PIVE debería haberse dirigido desde el principio a la compra de automóviles “limpios”. Pues no: lo que importa es vender, aunque se contamine, aunque se pueda cometer la irresponsabilidad histórica de llegar a puntos de no retorno en el deterioro ecológico…

¿Por qué se siguen adquiriendo de forma masiva productos de empresas que se caracterizan por su insolidaridad? Ahora, sucesivamente, ya podemos expresarnos “libre y responsablemente”.

“¡Qué cada palo aguante su vela!”, piensan obcecados aplicando las pautas de la Europa monetaria. Lo malo es que las generaciones venideras corren el riesgo de no poder disfrutar de la plena habitabilidad de la Tierra, puesto que hallarían -lo que sería un error inconmensurable e incomprensible- una casa “desvencijada y fría”. Son necesarias acciones urgentes para controlar las actuales tendencias de un sistema que no deja de incrementar las brechas sociales y concentrar la riqueza en muy pocas manos, casi todas insolidarias.

No puede ser. No puede ser que no haya dinero para el desarrollo, para paliar las inmensas precariedades de la mayor parte de la humanidad, sobre todo, cuando tanto se habla del “derecho a la vida”, cuando tanto millones de niños viven en condiciones inhumanas.

Seamos valientes. Miremos a los ojos de los niños. Y de una vez, dejemos de guardar silencio.

Es tiempo de, con gran apoyo popular, preparar las propuestas que harán posible la radical inflexión que se avecina.

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