El concierto más largo de la historia. Elianne Ros. La Vanguardia Barcelona

El 18 de julio de 1936 Pau Casals ensaya la ‘Novena’ de Beethoven en el Palau para abrir las Olimpiadas Populares. El concierto vuelve 80 años después
Pau Casals Un ensayo de la orquesta bajo la dirección de Pau Casals en el Palau de la Música en 1934 (Pérez de Rozas / Arxiu Fotogràfic de Barcelona)
18 de julio de 1936. Palau de la Música Catalana. Pau Casals dirige su orquesta y el Orfeó Gracienc. Interpretan, sin público, el último movimiento de la Novena de Beethoven mientras en las calles se levantan las barricadas. El inicio de la guerra civil española obliga a suspender el concierto de apertura de las Olimpiadas Populares previsto para el día siguiente.

18 de julio del 2016. Palau de la Música Catalana. El Orfeó Gracienc entona las mismas notas del Himno de la Alegría con el patio de butacas repleto mientras Siria se desangra tras más de cinco años de guerra civil.
Unos 4,8 millones de refugiados sirios esperan que Europa les tienda la mano ajenos al concierto con el que, mañana, arrancan los actos de conmemoración de los 80 años del inicio de la contienda fratricida en la que se perdieron más de 200.000 vidas y 450.000 personas partieron al exilio. Aunque simbólicamente estarán presentes. “Queremos hacer memoria colectivamente. Han pasado 80 años pero las guerras no se han acabado. Millones de personas sufren hoy lo que se sufrió aquí”, recordó el conseller de Afers Exteriors, Raül Romeva, en la presentación de un programa de “dimensión internacional”.

El acto del Palau rinde también tributo a Pau Casals y a unos músicos cuyo coraje en momentos extremadamente difíciles sigue siendo una lección moral. Ese 18 de julio de 1936 tuvo lugar en el Palau el último ensayo para el concierto de apertura de las Olimpiadas Populares de Barcelona, evento deportivo de oposición a los Juegos Olímpicos de Hitler en Berlín, que debía tener lugar el 19 en el Teatre Grec de Montjuïc. Casals estuvo a punto de no llegar. Según cuenta en sus memorias el entonces director de l’Orfeó Gracienc, Joan Balcells, por la mañana recibió una llamada anunciándole que el ensayo quedaba suspendido porque el maestro no podía desplazarse desde Sant Salvador –el barrio marítimo del Vendrell donde tenía casa– debido a la presencia de elementos armados en la carretera. Los trenes tampoco funcionaban. Al rato, le comunicaron que Casals estaba de camino a Barcelona. “Entonces, como pudimos, lo comunicamos a los orfeonistas, pese a que no sabíamos cómo evolucionarían las cosas. No fueron todos, pero sí una buena parte”, escribe Balcells. Según la versión del director, el conseller de Cultura de la Generalitat, Ventura Gassol, fue quien le anunció: “Las fuerzas de Marruecos se han alzado y todo es muy grave (…) por tanto, hemos decidido suprimir el ensayo y la sesión del Teatre Grec”. En las biografías de Casals a cargo de Albert G. Kahn y Josep M. Corredor se cita a un emisario de la Generalitat. Casals recuerda a Kahn que, cinco años antes, había dirigido la Novena sinfonía en Montjuïc para celebrar la proclamación de la República y que iba a hacerlo nuevamente en una ceremonia oficial titulada Celebración por la Paz en el Mundo. La guerra lo truncó todo. “Nunca olvidaré ese día”, dice Casals.

Este es su conmovedor relato: “Cuando el coro iba a subir al escenario un hombre entró corriendo en la sala. Me dio un sobre y, sin respiración, me dijo: es del ministro Gassol. Se espera un alzamiento en la ciudad de un momento a otro (…) En voz alta leí el mensaje a la orquesta y al coro y dije: Queridos amigos, no sé cuándo volveremos a estar juntos de nuevo. Como un adiós de cada uno a los demás, ¿podemos tocar el final? Y contestaron: ¡Sí, toquemos el final! La orquesta tocó y el coro cantó como nunca lo había hecho. Las lágrimas no me dejaban ver las notas. Me despedía de mis amigos, eran como mi familia”.

Para la célebre solista Conxita Badia, sería su última interpretación antes de la guerra. El maestro describe a Corredor sus sentimientos mientras el coro entonaba “todos los hombres se juran hermanos allí donde extiendes tus suaves alas”: “¡Qué contraste! Nosotros cantábamos el himno inmortal a la hermandad mientras en las calles de Barcelona –y otras tantas ciudades– se preparaba una lucha fratricida, que debía sumir en el duelo a centenares de miles de familias españolas”. Y añade: “Esa noche, cuando volvía en coche a Sant Salvador, con la angustia ante la tragedia inminente, hice la promesa de dirigir la Novena en Barcelona y Madrid tan pronto como resurgiera la concordia”. Nunca pudo regresar. “Casals jamás se recuperó, la guerra hizo saltar por los aires su proyecto de quedarse en su país dirigiendo la orquesta que fundó con la ayuda de mecenas privados”, destaca la directora del Museo Pau Casals, Núria Ballester.

Ocho décadas después, los versos de Schiller volverán a sonar en el Palau de la Música –hace diez años, con motivo del 70 aniversario, se entonaron en el Teatre Grec– en recuerdo de ese triste ensayo que, de alguna manera, se ha convertido en el concierto más largo de la historia. Si en el acto de apertura de las Olimpiadas Populares estaba prevista la retransmisión a todo el mundo de un mensaje de paz, traducido a siete idiomas, en el de mañana se incorpora al programa la Cançó del somni, compuesta por Jaume Pahissa en Argentina y dedicada a los expatriados. Se interpretó por primera vez en 1942 en Buenos Aires, durante los primeros juegos florales del exilio. Por primera vez se cantará en Catalunya. El manuscrito cayó en el olvido hasta que la hija de Pahissa lo hizo llegar a un alumno del actual director del Orfeó Gracienc, Poire Vallvé. “Este es también un homenaje a las personas que mantuvieron el movimiento coral pese a la represión. La sede social del Orfeó fue tomada por la Falange y el archivo destruido y vendido, pero en un año volvió a contar con 160 cantaires”, subraya Vallvé. El director lo vive también como un acto que “conecta la historia” con el drama actual de los refugiados.

Antes de partir al exilio, en enero de 1939, Casals acogió a unos cuantos en Sant Salvador. Su último concierto en España tuvo lugar el 19 de octubre de 1938, cuando las fuerzas nacionales se acercaban a Barcelona. Casals dio un concierto en el Liceu para la Sociedad de Ayuda Infantil. Fue el último que dirigió en España. En su biografía sobre el maestro, Robert Baldock explica: “Durante un ensayo hubo un ataque aéreo y los músicos tuvieron que buscar cobijo precipitadamente. Cuando terminó, Casals cogió su violonchelo y empezó una Suite de Bach hasta que los músicos estuvieron listos para seguir”. En este mismo concierto Casals lanzó un premonitorio mensaje al mundo: “No cometáis el crimen de dejar que asesinen a la República. Si permitís que Hitler gane en España, seréis las próximas víctimas de su locura. La guerra se extenderá por toda Europa, por el mundo entero. Venid a ayudar a nuestro pueblo”.

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