Senado aprueba la denuncia contra Dilma e impeachment va a su última fase. Brasil de Fato

No me cabe la menor duda, llegará el momento en que la derecha fascista pagará por sus calumnias. La verdad prevalecerá. Lean las calumnias de los corruptos, los que pretenden recuperar el poder, el dominio de cuerpos-bienes-almas.
Pero el pueblo reclama, levanta la voz

democracia

“El programa de Temer jamás habría sido electo en las urnas”, afirmó Dilma durante su visita a un evento de la izquierda. Foto: Roberto Stuckert

A fines de agosto empieza el juicio final que definirá el destino de la democracia en Brasil.
Por 59 votos a 21, el plenario del Senado aprobó el martes (10) la relatoría del senador Antonio Anastasia (PSDB-MG) que juzga como procedente la denuncia contra la presidenta Dilma Rousseff por crimen de responsabilidad. Ahora Dilma va a juicio final en el plenario del Senado.
El resultado de la votación es lo esperado por el gobierno del presidente interino Michel Temer, que tenía la expectativa de llegar a los 60 votos favorables al impeachment.
En un plazo de 48 horas, la acusación y la defensa, respectivamente, tendrán que realizar sus exposiciones, presentando hasta seis testigos para cada una de las partes. Después de los testimonios, los senadores deberán decidir por la condena o absolución de Dilma. Para que el impedimento sea confirmado, es preciso el voto favorable de 54 de los 81 senadores. La expectativa es que las sesiones empiecen el 25 de agosto.
Según manifestó el senador Lindbergh Farias (PT-RJ) durante la sesión, “lo que está sucediendo aquí es un fraude. No es crimen de responsabilidad. Esto se transformó en un balcón de negocios”. Y agregó: “Cuando atacan a Lula y al PT lo hacen por un motivo, es porque ese golpe es un golpe de clase, es un golpe de las élites dominantes (…). Si los señores quieren lucha, nosotros estamos preparados”.

El lunes (8), Dilma Rousseff participó del “Circo de la Democracia”, evento organizado por organizaciones de izquierda en el centro de Curitiba, capital del estado sureño de Paraná. Más de mil personas llenaron el espacio, entre gritos de “Fuera Temer” y “Vuelve, Dilma”. En su discurso, la presidenta caracterizó al proceso en su contra como un golpe institucional, un golpe parlamentario, con motivación política, ya que no se comprobaron los aparentes crímenes de responsabilidad por lo que está siendo imputada.
Dilma afirmó que es fundamental identificar a los actores del golpe, que son, según ella: los medios monopólicos, el capital especulativo y la parte más programática de la oposición a su gobierno que “ha sido sustituida por una parte más fisiológica”. Dentro de este último sector están el interino Michel Temer y el diputado Eduardo Cunha.
En la evaluación de Dilma, el gobierno interino impone un programa que garantiza los intereses de segmentos de la élite y que jamás habría sido aprobado por la voluntad popular. “¿Quién de nosotros aprobaría el fin del modelo de reparto de la explotación petrolífera del pre-sal? ¿Quién de nosotros aprobaría un proyecto de ley que congela los gastos en salud y educación por 20 años? ¿Quién aprobaría una versión de la convención de leyes laborales que flexibiliza la jornada de trabajo?”, cuestionó y condenó las actuales propuestas de tercerización, las de reducir la cobertura del Sistema Único de Salud, la reducción de los presupuestos de los programas de viviendas Mi Casa, Mi Vida y del Bolsa Familia.
Además del ataque a los derechos de los trabajadores, Dilma denunció la intención velada de impedir las investigaciones sobre los esquemas de corrupción en Brasil, “frenando el sangrado”, como ella señaló al referirse a la escucha telefónica del ex ministro de Planeamiento del gobierno interino, Romero Jucá, donde mencionaba la necesidad de apartar a Dilma para detener el proceso de investigación de la Petrobras, conocido como Operación Lava Jato.
Además, la presidenta electa defendió, públicamente, la realización de un plebiscito que defina dos cuestiones básicas: la realización de nuevas elecciones y una reforma política. De acuerdo con ella, el número total de partidos presentes en Brasil – 25 con representatividad en el parlamento –, no representa el número de proyectos para el país.
“Una cosa es cierta: si continuamos con ese régimen, vamos a tener más partidos en un abrir y cerrar de ojos. Toda la estructura del financiamiento de la campaña, del acceso al horario electoral de televisión y del acceso al fondo partidario lleva a la formación de nuevos partidos, a la fragmentación partidaria y la pérdida del programa de los partidos”, enfatizó.
El nuevo pacto propuesto para el plebiscito precisa pasar por las bases del país; es el camino para iniciar la recuperación de Brasil, comprometida con la crisis política, defendió la presidenta. “No puede ser un pacto por arriba”, afirmó. Sin esta recuperación, en la opinión de Dilma, la superación de la crisis económica seguirá atrasada. “No tenemos burbujas inmobiliarias, no tenemos empresas quebrando, porque se endeudarían de manera absurda. No tenemos crisis fiscal con paralización de la recaudación. Para salir de ella, lo que no es posible es hacer lo que un segmento dice: ‘que todo el mundo pague, menos yo’. Esa es la historia del pato”, afirmó en comparación con la campaña que la Federación de las Industrias del Estado de São Paulo empezó contra el aumento de los impuestos y terminó con la bandera a favor del impeachment. Toda esa discusión, según ella, pasa necesariamente, por el proceso democrático tan frágil en Brasil.

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