Camino a la perfección humana. Alfredo Vera Arrata

alfredo VeraNos causa una impresionante revelación por los resultados que conquistan los deportistas que representan a los pueblos del mundo en las competencias en los Juegos Olímpicos que se cumplen en Brasil, donde hay un despliegue de vigor, de inteligencia, de fuerza, de equilibrio, de afecto, de belleza, de corazón, de pasión, de ternura, de solidaridad, de coraje, en fin, de todos los sentimientos que adornan a los jóvenes que allí compiten con una variación de etnias que alegran el espíritu de los espectadores que conviven por todos los confines de la tierra.
Es que cada uno, competidor o espectador, nos llenamos de emoción al conocer las marcas que se van logrando en cada competencia, superando los puntajes o calificaciones obtenidas en anteriores confrontaciones dando la sensación de que no habrá límite en el futuro y que nuevos records irán lloviendo con sorpresa infinita para la humanidad entera.
Es hermoso que esto suceda y que nos sorprendan con esas nuevas conquistas pues, sin ser especialistas, compartimos con alegría el avance de la fortaleza del espíritu humano que, está visto, no tiene límite y sólo se complace por la oportunidad de competir, sin condicionar su esfuerzo, a la posible victoria.
Ya desde la época de los iniciales Juegos Olímpicos, los deportistas alcanzaban marcas que eran la admiración de sus contemporáneos, pero el valor del corazón humano de los participantes en esas competencias habrán coincidido con el espíritu de los actuales en que no se contentarían con las marcas obtenidas y estarían pensando superarlas cada vez con mayor empeño ya que así es la naturaleza humana: inconformes con lo realizado hasta entonces, esperando que vengan otras oportunidades en las que se puedan superar a otros cultores del deporte y a sí mismos.
En cada competencia Olímpica sucede algo parecido, los nuevos participantes quieren superar a los anteriores, teniendo en cuenta que la repetición de los ejercicios, los entrenamientos diarios, el uso de nuevas tecnologías para la preparación atlética, la mejor alimentación, además, del estímulo que significa para ellos la proliferación de noticias divulgadas por los medios de comunicación exsaltando las virtudes de cada deportista. Esto seguramente engrandece su vocación de alcanzar un mejor resultado en cada competencia en la que le corresponde participar, para orgullo propio, de sus preparadores y de sus compatriotas.
El instinto de superación hace que los competidores en cada prueba lleguen con la sana intención de elevar su rendimiento, superar a sus competidores y ojalá ganar alguna medalla. El estímulo de los seguidores y el compromiso para con su Patria, hace que los deportistas se esfuerzen y se esmeren al límite y hagan lo que parecería imposible, aunque el resultado es obvio, solo unos pocos deportistas podrán llevarse a su país una medalla.
Así, con este acto de conciencia y de valor, es como en casi todas las disciplinas, los deportistas mejoran sus anteriores marcas y no hay límite para que sea de esa manera, para beneplácito de la humanidad entera, de los expertos y de los especialistas o como simples aficionados y espectadores, podamos convencernos que vamos camino a la superación humana con las nuevas metas alcanzadas. Vivan entonces los Juegos Olimpicos y la maravillosa naturaleza humana.

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