Seguridad. Unión Europea. Solidaridad. Revolución digital. Imposición mediática. Federico Mayor Zaragoza

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Seguridad.

Hace unos días, a la vista de la incapacidad de prevenir y de hacer frente con todos los recursos técnicos que hoy serían factibles ante catástrofes naturales, devastadores terremotos e incendios, planteaba la urgente necesidad de un cambio radical en el mismo concepto de “seguridad”.
Actualmente se trata de “seguridad militar”, de defensa de la integridad territorial. Se invierten al día, no me canso de repetirlo, más de 3000 millones de dólares en armas y gastos militares. Pero la gente, dentro de las fronteras, se muere de hambre, viéndose forzada a emigrar. O no dispone de los servicios de salud adecuados; o interviene heroicamente con palas y ramajes para sofocar incendios que deberían tratarse rápidamente con acciones concertadas y eficaces, contando con los medios mecánicos y personales adecuados… Muchos bombarderos, y escudos anti-misiles… pero total carencia de las máquinas y aparatos específicamente diseñados y con las personas preparadas para su manejo.
Nuevo concepto de seguridad, con la inmediata reducción de los arsenales militares y las dotaciones correspondientes para no tener que separar con las manos, o con los “gatos” de los automóviles o con artilugios concebidos para funciones de otra índole, las losas que permitirían rescatar más vidas en casos de grandes temblores de tierra…

Unión Europea.

Es apremiante pasar de la unión monetaria a la unión política, social y económica. La deriva europea será, de otro modo, imparable. Lo que iba camino de ser ejemplo y referencia de gobernación democrática y de torre de vigía, se convertirá en una zona rezagada euro-dependiente, una pieza más del gran complejo mercantilista que impulsan las inmensas corporaciones neoliberales.
Según prevé la OCDE (Informe Semanal de Política Exterior, 11/07/16), el PIB conjunto de China e India superará al de todos sus países miembros actuales en 2060. Si se mantienen las tendencias, a mediados del siglo la zona euro supondrá sólo el 9% de la economía global y Estados Unidos el 17%, frente al 23% de hoy…
En lugar de reaccionar con un gran movimiento político post-Brexit para activar todos los resortes –que hay muchos todavía- y el talento creador que conserva…, se renueva el “triunvirato” de Alemania, Francia e Italia para preparar las directrices que presentarán –sobre la deuda, el déficit, la OTAN…- a los países de “segunda división”, como los denomina “EL País”, en su edición del día 25 de agosto.
A la Unión Europea, sí, con gran entusiasmo y disponibilidad. A esta, Unión Europea no, con firmeza y responsabilidad. No a la OTAN, sí a una organización de seguridad europea. No a la obediencia sin rechistar a las pautas de los “mercados”… El propio Obama ha tenido la habilidad de esquivarlas audazmente en los Estados Unidos. Sí a Europa, no a Europa, como genialmente dibuja Forges en una de sus viñetas. Sí a una Europa que se esfuerce colectivamente en poner en práctica la Carta de Derechos Fundamentales (año 2000) y en fomentar sin demora el multilateralismo democrático, contribuyendo a la refundación de unas Naciones Unidas dotadas de los recursos personales, técnicos, de seguridad y financieros que requieren, cuya acción supervisora y de coordinación a escala mundial es indispensable en el antropoceno.
Sí a una Unión Europea que lidere la desaparición de los grupos plutocráticos (G7, G8, G20) y el establecimiento de normas de alcance internacional que permitan la supresión de los tráficos que hoy tienen lugar en medio de la más completa impunidad, empezando por los paraísos fiscales y la evasión de capitales.

Solidaridad

Ahora, gracias a los medios de información y comunicación, ya sabemos lo que acontece y, como ciudadanos del mundo, no podemos ser cómplices impasibles, espectadores asombrados. No podemos seguir ni un día más sin alzar un gran clamor popular para que se modifique la vergonzosa forma en que se está haciendo frente a la emigración forzosa y a la acogida de refugiados. Ni un día más saber sin estremecerse que en el primer semestre de 2016 son ya más de 2.700 los seres humanos que han perecido ahogados en el Mediterráneo… ¡2.700 seres humanos… y nosotros sólo contando y recontando las víctimas de otros dislates siniestros propios del terrorismo más cruel! ¡Toda vida es el 100%! Y todos los vivos valen lo mismo. Y todos los muertos…
En el momento en que eran más necesarias las ayudas al desarrollo para que pudieran vivir dignamente en sus lugares de origen, el sistema económico actual ha reducido, hasta eliminarlas, las subvenciones y apoyos al PNUD, a los programas de cooperación bilaterales…
¡Desarme para el desarrollo! Solidaridad efectiva, para la que bastaría –como ha puesto de manifiesto el International Peace Bureau (IPB) en una oportuna campaña- una reducción del 10% por año y país en los gastos militares para que pudieran atenderse las grandes prioridades bien definidas por las Naciones Unidas. Que nadie se engañe: de otro modo, no habrá dinero -progresivamente concentrado en menos manos- para alimentación, agua potable, servicios de salud, cuidado del medio ambiente, educación…
Solidaridad, mano tendida en lugar de mano alzada, es la mejor forma de evitar los fanatismos, dogmatismos, obcecaciones… que acompañan a la ignorancia.

Revolución digital

Ha tenido lugar una modificación radical en las características vitales. Hasta hace poco, confinados intelectual y territorialmente, los seres humanos, en su gran mayoría, nacían, vivían y morían en unos pocos kilómetros cuadrados. Ahora, sucesivamente, pueden expresarse, saben lo que sucede en todo el mundo y pueden difundir sus puntos de vista.
La tecnología digital ha permitido también potenciar en tal grado la mecanización, que pronto la autosuficiencia y regulación de la robótica habrá desplazado a seres los humanos, a veces innecesariamente, a veces intencionadamente, hasta límites que nunca deberían imponerse.
Van quedando solo los trabajos en los que, hasta ahora, es imprescindible la participación humana. “El sector servicios tira de la región y concentra ya el 87% del empleo”, acaba de anunciar la prensa el 28 de agosto…
No cabe duda de que la sabia utilización de este fabuloso progreso redundará en favor del pleno ejercicio de las facultades distintivas de la especie humana, si en la nueva era -que ya está aquí y seguirá llegando a pasos agigantados- se reconsideran los contextos laborales, la forma y el dónde,… y son, finalmente, “Nosotros, los pueblos…” los que toman en sus manos las riendas del destino común.

Imposición mediática

Era nueva, vida nueva.
Y para que haya realmente “vida nueva” es indispensable superar la colosal imposición mediática actual que convierte a buena parte de los ciudadanos en modelables sujetos “forofos” de un espectáculo determinado, especialmente el fútbol. La libertad de expresión debe ir acompañada de la información veraz. Es una exigencia de los nuevos tiempos. Pero la mayor parte de los medios de comunicación actuales con “la voz de su amo”. Uno de los grandes escollos para la gran inflexión de la fuerza a la palabra, que se acerca, es, precisamente, esta influencia extraordinaria –sabiendo que pueden alcanzarse puntos de no retorno- de la información sobre el conocimiento… y de este sobre la sabiduría. ¡Que las “capacidades digitales” sirvan para acelerar la transición de una cultura de imposición y dominio, propia del poder absoluto masculino que ha prevalecido a través de los siglos, a una cultura de encuentro, diálogo y conciliación.
Esta transición sólo será posible si pasamos de seres humanos invisibles, obedientes, silenciosos y amedrentados a seres humanos visibles e insumisos, que se expresan con firmeza y actúan con templanza.
Sí: estamos en una nueva era, en la que la mujer, por fin, empieza a actuar en virtud de las facultades que le son inherentes. Me gusta repetir lo que me decía el Presidente Nelson Mandela en Pretoria en 1996: “La mujer será la piedra angular de la nueva era, porque sólo excepcionalmente utiliza la fuerza… cuando el hombre sólo excepcionalmente no la utiliza”.
Tenemos, por primera vez en la historia, las hebras que nos permitirían el “nuevo comienzo” que preconiza la Carta de la Tierra, sobre el pilar esencial de la igual dignidad de todos los seres humanos.

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