Una conversación con Lula. Emir Sader

Emir Sader es una grandísimo escritor, conocedor de lo que sucede en su América Latina. He tenido la suerte de compartir con él muchos eventos. Le admiro. Su labor en la presidencia de Brasil marcó un antes y un después que perduró con Dilma Rousseff. La derecha neoliberal no les perdona su firmeza.

lula_con_mujer_0Hacia un tiempo que no había podido volver a conversar con Lula, hasta que lo pude encontrar en el Instituto Lula. Después de días siempre muy intensos, porque no hay día en que la ofensiva judicial, periodística y policial no presente nuevas supuestas denuncias en contra de él. Cuando lo encontré, se trataba de unas cuentas de unas personas que trabajan con él, en un viaje, que habrían sido pagadas con recursos del PT. Aun siendo una cuenta irrisoria y pagadas de forma legal, sirven siempre para mantener a Lula en las crónicas político-policiales.
Ese mismo día, Lula había publicado un artículo en uno de los periódicos que más reiteradamente ha plegado a las campañas en contra de él, denunciando la persecución que es movida en contra de él, sin ninguna prueba. Lula reitera en el artículo de que se trata no de intentos de condenarle a él sino a los millones que han mejorado si nivel de vida en su gobierno.
Asimismo, volvieron a circular noticias, por internet, provenientes supuestamente de fuentes seguras, pero no reveladas, de que el lunes por la mañana se haría una operación para detenerlo en su residencia. Miles de personas pasaron la noche en vigilia frente a su casa, hasta que esa denuncia tampoco se confirmó.
Lo encontré contento, aunque cansado, incluso porque ya conocía la nueva encuesta electoral, hecha 10 días después de la gran derrota electoral del PT en las elecciones municipales. Una encuesta en la que, a pesar de los ataques diarios que sufre, su nombre se lo menciona una vez más como el favorito para las elecciones para presidente de Brasil, subiendo del 29% en junio al 35% ahora. Marina bajo del 18 al 11%, Aecio Neves del 17 al 15%.
En la encuesta espontánea, 28% lo prefiere a él, Aecio Neves está en segundo lugar, con el 6%. Preguntados sobre quien fue el mejor presidente de Brasil, el 42% contesta que fue Lula. Los que vienen detrás de él tienen el 2%. Sobre su condición de vida durante los gobiernos petistas, el 56% considera que su vida mejoró, mientras el 14% considera que ha empeorado. En diciembre del año pasado se habían pronunciado, en un 40%, que la vida de las personas había mejorado.
Lula no se entusiasma mucho con los datos, pero visiblemente se siente aliviado al darse cuenta de cómo su imagen resiste e incluso se fortalece, aun después de dos años seguidos de acusaciones reiteradas.
Nunca en su vida Lula ha tenido una agenda tan llena de reuniones con movimientos populares como en estos tiempos nuevos y difíciles, en los que él más escucha que habla. Quiere entender las señales complejas y contradictoras que emite la realidad. Grandes movilizaciones populares, resultados electorales malos, gobierno extremamente frágil, sin ningún apoyo popular, pero blindado, hasta donde pueden, por los medios de comunicación.
Lula se preocupa por los debates internos del PT y trata de apoyar los intentos de renovación de sus direcciones. Pero está más preocupado en incentivar las movilizaciones populares y los procesos de debate político en la búsqueda de nuevas perspectivas.
Las encuestas le refuerzan la idea de que él y el PT disponen todavía de un gran capital político, que las realizaciones de su gobierno han calado hondo en la memoria de la gente. El insiste en que hay que seguir reivindicando todas esas realizaciones, aunque es indispensable tener nuevas propuestas para el futuro.
Uno sale de los encuentros con Lula siempre con el sentimiento de que es un líder impar, indispensable y, a la vez, absolutamente sencillo. Que reitera, como si fuera necesario, que sigue siempre firme en la lucha. Reconoce las dificultades, pero ya ha asimilado los reveses y tienen sus ojos puestos en el futuro de grandes disputas, en que sabe que gran parte de ese futuro depende de él. Lo cual no lo abruma, pero lo hace más inclinado hacia las disputas que, tiene claro, definirán el futuro de Brasil por largo tiempo.

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