Antes de que sea demasiado tarde, alzar la voz, grandes clamores. Federico Mayor Zaragoza

donde-no-habite-el-miedo

Lo escribí en “Donde no habite el miedo”, con María Novo como co-autora, hace ya cuatro o cinco años.

“No hay tiempo para dormir.
Hay que ganarles
por diligencia,
no por la fuerza.
Hay que ganarles
por el número de voces
por el grito.
Hay que ganarles
por el clamor
del mundo entero.
Haremos alianzas con el viento,
con el eco iremos juntos
para que no quede una sola
conciencia inalcanzada.
Sólo así se detendrá
esta maquinaria infernal
que todo lo arrasa,
silencia
y aniquila.
Sólo así daremos sentido
a nuestras vidas”

No podemos seguir siendo espectadores impasibles. Alzar la voz, especialmente en cuestiones que pueden alcanzar puntos de no retorno: desigualdad social; extrema pobreza y exclusión; medio ambiente; amenaza nuclear…

¡Fuera los grupos plutocráticos (G7, G8, G20) y restablecimiento, en régimen de emergencia, de unas Naciones Unidas con una Asamblea General constituida en el 50% por representantes de la sociedad civil. Inmediato desarme para el desarrollo: no hay recursos para la puesta en práctica de los Acuerdos de París sobre el cambio climático ni de los objetivos de desarrollo sostenible. Con el 10% de las colosales y desmesuradas inversiones en armamento y gastos militares (4.000 millones de dólares al día) sería posible, sin menoscabo alguno de la “seguridad territorial” poner en práctica las prioridades de las Naciones Unidas: alimentación, agua potable, servicios de salud, cuidado del medio ambiente, educación y paz.

Es necesario exigir la transición acelerada de una economía de especulación, deslocalización productiva y guerra a una economía basada en el conocimiento para un desarrollo global, sostenible y humano.

El grito de la humanidad, consciente de que cada día mueren de hambre y condiciones inhumanas de vida más de 20.000 personas, la mayoría niños y niñas de uno a cinco años de edad, a de ser firme, exigente y perseverante.

Una Unión Europea exclusivamente monetaria, insolidaria, empleada en pagar muchas deudas excepto la que realmente importa: la que tiene contraída con la humanidad entera, de la que debería ser vigía y faro.

Antes de que sea demasiado tarde, alzar la voz de “nosotros, los pueblos…” decididos a tomar en nuestras manos las riendas del destino común.

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