Las pastillas de la felicidad.

Triste panorama el que vivimos. Hacen falta pastillas para todo: para estar despierto, para dormir, para aminorar el hambre, para acabar con la migraña, para adelgazar, para engordar. . ,
Una gran mayoría de personas no saben cómo organizarse y acuden al médico en busca de fármacos.
¿Es lógico que les indiquen tomarlos? Uno de los problemas que más preocupa a los especialistas es que 6 de cada 10 pacientes dicen no haber sido informados del riesgo de tomar estos fármacos y de los posibles efectos adversos.
Los antidepresivos, ansiolíticos e hipnóticos no solucionan el problema de raíz, aseguran los especialistas. “Eliminan los síntomas: la ansiedad, el insomnio, el nerviosismo, el malestar…pero el problema sigue estando ahí”.

Respuestas complicadas, depende de si determinadas personas optarían por el suicidio si no tienen acceso a sus pastillas, las que dicen les dan seguridad.
Vivir sin fármacos sería posible si no nos hubiésemos complicado la existencia. Todo el mundo quiere tener todo, al momento: Casa, coche, viajes, vacaciones, ropa de marca. Complicado cuando los sueldos son cortos, y escasas las posibilidades de trabajo. ¿Resultado?
Desasosiego porqué el otro tiene más que yo. No puedo estar en condiciones inferiores…Llega la inseguridad, el agobio, la falta de equilibrio, la desazón.
Piden consejo al médico: tengo depresión… ¿Qué hacer?
Pastillas que mientras dura el efecto hacen que se sientan mejor…De ahí la necesidad de repetir, de seguir tomando, cada vez en dosis superiores.
¡Horror!
La prescripción debería ser: exigencia en cambiar de vida, de abstenerse de lo superfluo. Caminar, nadar, competir, por qué no en algún deporte que esté a su alcance.
Los millones de costos, que salen de la Seguridad Social, podrían servir para ofrecer planes de ayuda, tal vez de vacaciones pagadas, recompensas por el buen trabajo llevado a cabo.
Seguro que las farmacéuticas saben cómo hacer para que la adicción no se cure y necesiten, cada día que pasa, mayores dosis para colmar sus ansias de felicidad.
Menos TV, más vida interior, menos atención a las campañas que incitan a lo que no forma parte de la normalidad. Decidir por si mismo, sin coacciones.

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