Salvador Puig Antich 43 años tras su ejecución por garrote vil

La condena a muerte del joven barcelonés motivó una ola de rechazo de dimensiones internacionales en los últimos días del régimen franquista.

Cuantos recuerdos  me vienen a la memória, de aquel 2 de marzo de 1974. Nos costó conciliar el sueño.

Cuanta vileza por parte de quienes dieron la órden de asesinato. Se proclamaban católicos-apostólicos-romanos, cuando le hicieron firmar, en lecho de muerte a Franco, aquella sentencia que, espero, le cerrara las puertas del cielo. ¡La firmó!

El mayor pecado de aquel joven anarquista de 25 años, de Barcelona, era  no comulgar con las atrocidades de aquel régimen que, caduco, pero voraz, seguía impulsando odio, terror, muerte.

Puig Antich fue detenido y condenado, en Consejo de Guerra, por un tribunal militar, tras la muerte de un subinspector del Cuerpo General de Policía en Barcelona, tras un forcejeo con la policia durante  su detención, junto a otros activistas.

Ante su detención y condena,  defensores de los derechos humanos y algunos mandatarios extranjeros reclamaron su Indulto al régimen del dictador Francisco Franco.

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