El Capítulo Salvadoreño de la Red de Intelectuales, Artistas y Luchadores Sociales en Defensa de la Humanidad. Día Internacional de la Madre Tierra

El 22 de abril se conmemora el Día Internacional de la Madre Tierra; el cual, desde 1970, se celebraba oficialmente como el Día Internacional de la Tierra. En 2009, a raíz de la propuesta del gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia, la ONU lo reconoce como Día Internacional de la Madre Tierra, valorando la interdependencia existente entre los seres humanos, las demás especies vivas y el Planeta que todos habitamos.

Valorar la Madre Tierra es poner en el centro la defensa de toda forma de vida. Es religar Cultura y Naturaleza. Es hablar también de la viabilidad de la vida para la humanidad, de esta y de las futuras generaciones. Es precisamente eso lo que está en juego ahora.

Nunca como hoy la supervivencia de la humanidad, en particular de las y los pobres y excluidos, ha estado tan amenazada por la superación de los límites de la biocapacidad del Planeta. El momento actual plantea serias preocupaciones, pero también esperanzas y abre condiciones reales para construir Un Otro Mundo Posible. Debemos afrontar esas preocupaciones y peligros, fortaleciéndonos con las esperanzas y fuerzas que provienen de la lucha social, política, cultural y económica por alcanzar el Buen Vivir para todos y todas.

La política imperial y los intereses económicos de las transnacionales están en guerra permanente contra el medio ambiente a escala global. Sin embargo, en el momento actual las amenazas se han maximizado, dado el giro que ha tomado la política ambiental de los Estados Unidos con la administración de Donald Trump. Esta se caracteriza por una plataforma abiertamente pro-empresarial, sin ningún tapujo. Ello se ha traducido en una política ambiental que niega que su patrón civilizatorio atente contra el Planeta. Hay dos elementos concretos: la negación del cambio climático y el desmantelamiento y reducción del presupuesto de la gubernamental Agencia para la Protección del Medio Ambiente (US EPA, por sus siglas en inglés).

No debe pensarse que esto es una situación que solo concierne a los Estados Unidos. Dada la hegemonía de ese país, este tipo de políticas que niegan el cambio climático, que mercantilizan los bienes naturales, que niegan que la contaminación sea un problema, que recortan presupuestos para proteger el medio ambiente, tienen un efecto multiplicador. Tanto en Estados Unidos como en los países que están bajo su influencia, estas políticas se pueden traducir en un retroceso en la conciencia ambiental y desmantelamiento de políticas públicas, que, aunque incipientes e insuficientes, han logrado poner en la agenda pública de muchos países temas como el cambio climático, deterioro de la biodiversidad y la contaminación ambiental; y han evidenciado la responsabilidad que en ello tienen las prácticas mercantilistas contaminantes de las empresas y la inviabilidad del dogma del crecimiento económico sin límites.

A nivel mundial, este tipo de políticas hegemónicas destructivas podría motivar más guerras por el control de recursos energéticos ─Irak, Libia, o, más recientemente, Siria, y luego Irán─ o recrudecer la escalada de agresiones contra países soberanos, por esta misma razón ─el caso de Venezuela, por el control de la franja petrolera del Orinoco─. Para El Salvador, significaría un espaldarazo para las actividades industriales y extractivistas que llevan a cabo muchas empresas y que ponen constantemente en peligro la vida, los ecosistemas y la salud de las comunidades.

Sin embargo, no todo es negativo. Así como en el terreno de la lucha contra la impunidad de los militares represores se dio un gran paso al comenzar el juicio contra los responsables de la matanza de El Mozote, así también se ha dado un gran paso en El Salvador en contra de la impunidad de las empresas contaminadoras que, tradicionalmente, habían contado con el beneplácito de los gobiernos de turno y de la autorización de las entidades oficiales encargadas, supuestamente, de proteger el medio ambiente. Este paso es la aprobación, de parte de la Asamblea Legislativa, de la ley que prohíbe la minería metálica en territorio salvadoreño y en cualquiera de sus modalidades. Esta actividad ya había cobrado sus víctimas, tanto en el deterioro de cuencas de ríos, como en la salud y la calidad de vida de personas de comunidades rurales.

Este es un paso histórico, pues El Salvador es el primer país en el mundo que toma esta medida. Y se debe a la lucha constante y resistencia de amplios sectores de la sociedad salvadoreña: las comunidades de Cabañas y Chalatenango, las organizaciones ambientalistas de la Mesa Nacional contra la Minería Metálica, la Iglesia Católica, la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), entre otras; y el acompañamiento de las redes de solidaridad internacional, en particular en Estados Unidos, Canadá, Australia y Filipinas. También reconocemos la firme decisión política del Gobierno del compañero Salvador Sánchez Cerén de no ceder al chantaje de las transnacionales mineras; en esto también han jugado un papel importante la fracción legislativa del FMLN y el Ministerio de Medio Ambiente.

Nuestra Ley que prohíbe la minería metálica no ha sido una “generosa concesión” del capital, ni se ha debido gracias a la “sensibilidad ambiental” de la gran empresa. Ha costado vidas: no solamente la de las personas enfermas por la contaminación del agua, sino la vida de jóvenes activistas que fueron asesinados por denunciar la minería metálica, esa que se vendía mediáticamente como “minería verde”. Esos mártires por la defensa de la vida son Marcelo Rivera, Ramiro Rivera, Dora Alicia Sorto y Juan Francisco Ayala, todos ellos activistas que denunciaron las actividades contaminantes de la firma canadiense Pacific Rim, en el departamento de Cabañas. Es la muestra de la racionalidad perversa de un sistema al que no le importan las vidas ajenas con tal de mantener sus ganancias, como lo ha hecho la fracción legislativa del partido de derecha (ARENA), que ha negado sus votos para que el gobierno pueda pagar las pensiones.

Avances como este fortalecen la lucha por la defensa de la vida, del medio ambiente, de la Madre Tierra, que no es otra cosa que la defensa de la humanidad. Conmemoramos este Día de la Madre Tierra con la mirada alerta y esperanzada en el camino del Buen Vivir.

Hay todavía mucho que hacer para que el Día de la Madre Tierra sea una celebración de la vida plena como una realidad para el Planeta y para la mayoría de la humanidad.

¡Por Un Otro Mundo en que quepamos todas y todos!

 

 

San Salvador, 22 de abril de 2017.

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