Un vistazo de Chomsky a Latinoamérica. Eduardo Ibarra Aguirre

El encuentro Los derechos para construir democracias sociales, para unir al “sabio del norte” (Noam Chomsky) y el “sabio del sur” (José Mujica), realizado en la sede del gobierno de Montevideo, también con el propósito de filmar un documental de autoría mexicana sobre ambos personajes, veteranos y experimentados como muy pocos, fue el marco escogido por el académico y activista estadunidense para emitir juicios sobre los signos distintivos de las izquierdas tan disímbolas en América Latina como las que gobiernan en Bolivia, Cuba, Ecuador, Chile, El Salvador, Nicaragua, Uruguay, Venezuela y siete países más del Caribe.

Para el lingüista eminente y también analista político del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), la corrupción endémica en el subcontinente amenaza con revertir los avances logrados por los gobiernos progresistas en 18 años. Entre los logros destacó los intentos por tomar distancia del Fondo Monetario Internacional y las medidas para reducir la pobreza, aumentar las oportunidades de educación y salud, y mejorar los derechos civiles.

Desafortunadamente ese proceso fue acompañado por fallas importantes que amenazan con “hundir las ganancias obtenidas”. Entre ellas, subrayó el filósofo, se encuentra “la falta de capacidad y liderazgo de las izquierdas para evitar los niveles de corrupción endémica”, heredados de presidentes que constituyen auténticos íconos de la corrupción hecha gobierno, como son los casos de Fernando Collor de Mello, en Brasil, Carlos Saúl Menem en Argentina y Carlos Salinas en México, y su émulo actual.

Otro gran conflicto, postuló Noam Chomsky, fue y es que los gobiernos progresistas “no pudieron enfrentar la tentación de acceder a las demandas del mercado internacional, principalmente de China”. Ello debido a que no supieron “descartar las demandas del mercado internacional”, lo que condujo a satisfacer las necesidades de la República Popular China y que llevó a América Latina, no sólo a los países enlistados por el redactor, a potenciar la soya y el hierro y a importar productos chinos a precios muy bajos, lo que afectó a las industrias nacionales. “Esto era una tentación que tendrían que haber resistido”. Y el proceso continúa desafortunadamente.

“A veces hasta se exageró bajo los gobiernos de izquierda de este siglo”, concluyó Chomsky, pero no sin antes puntualizar que la situación previa que vivía Latinoamérica, antes de que las izquierdas accedieran al poder, “era desastrosa” y de reconocer ampliamente los “esfuerzos” de los gobiernos progresistas para hacerle frente.

Para el ponente que fue ampliamente elogiado y aplaudido durante su exposición de casi dos horas, todos estos son problemas que se pueden superar, aunque en su conferencia sobre los temas planetarios vaticinó “oscuros nubarrones para el futuro de la humanidad”.

Importan los juicios del estudioso estadunidense no porque sean compartidos por quien esto redactó, sino debido a que son planteamientos harto indicativos del tipo de análisis que urge realicen las izquierdas gobernantes de América Latina y el Caribe, así como las que aspiran a gobernar, para localizar los principales errores del rumbo estratégico seleccionado y emprendido, para identificarlos y poder trazar las vías para su posible superación, no sólo para permanecer en el gobierno sino sobre todo para ahorrarles a partidarios y gobernados costos sociales y políticos mayores al materializar el proyecto gubernamental.

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