El nuevo eje anticubano del mal. Pedro Martínez Pírez

En medio del proceso de recuperación por los gravísimos daños provocados en la mayoría de las provincias cubanas por el huracán Irma, Cuba se ve obligada ahora a enfrentar una nueva agresión de Estados Unidos, cuyo gobierno ha decidido retirar de La Habana a la mayor parte de su personal diplomático, y al mismo tiempo “recomendar” a los ciudadanos estadounidenses no viajar a Cuba.

Se trata de una escalada anticubana en la cual tiene mucho que ver la creciente influencia de elementos ultraconservadores de Miami sobre el presidente Donald Trump, quien al fallecimiento de Fidel Castro el 25 de noviembre del pasado año emitió declaraciones altamente ofensivas hacia el líder histórico de la Revolución Cubana, y un mes antes había recibido a los cabecillas de la célebre Brigada 2506, integrada por mercenarios derrotados en Playa Girón en abril de 1961.

El pasado 16 de junio, en la madriguera miamense de la Brigada Mercenaria, Donald Trump selló su compromiso anticubano y dio nuevos pasos para revertir el proceso hacia la normalización de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, el cual fue iniciado por el anterior inquilino de la Casa Blanca, Barack Obama, y los dos países formalizaron el 20 de julio de 2015 el restablecimiento de sus vínculos diplomáticos, que habían sido interrumpidos el 3 de enero de 1961, tres meses antes de la agresión imperialista por Playa Girón.

La nueva escalada anticubana se apoya en supuestos incidentes sufridos en La Habana por una veintena de integrantes del personal diplomático estadounidense que alega haber sufrido ataques sónicos que provocaron daños a su salud.

El Ministro cubano de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, y más recientemente Josefina Vidal, directora general que atiende en la Cancillería los asuntos de Estados Unidos, aseguraron que el Gobierno de Cuba no tiene responsabilidad alguna en los alegados hechos. Consideramos –enfatizó la funcionaria cubana—que la decisión anunciada por el Departamento de Estado es precipitada y va a afectar las relaciones bilaterales. El canciller Bruno Rodríguez había pedido a Estados Unidos no politizar asuntos de esta naturaleza.

Pero la mafía anticubana de Miami, cuya cabeza visible es hoy el senador repúblicano por la Florida Marco Rubio, estadounidense de padres cubanos, está bien posesionada ante el gobierno de Trump, y trabaja para lograr revertir todo el camino andado en las relaciones entre los dos países. 

Es un nuevo y verdadero eje de mal anticubano, que se inspira en la filosofía reaccionaria de Ronald Reagan y George W. Busch, en un país donde nuestro José Martí vivió quince años, lo cual le permitió conocer  de cerca las entrañas del monstruo y legar a Cuba la honda de David para luchar contra el Goliat imperialista.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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