Hijas Rebeldes. Gustavo Duch

Por las mañanas despiertan sobre la mesa de la cocina. Algunas, como recipiente de fruta fresca; otras, como asilo de flores viejas y secas. O vacías, para guardar el hambre.

Al mediodía, sobre ellas, a fuego lento de amor -que dijo Gloria Fuertes- se hierve durante largas horas la carne barata. Y la vida, cuando es cruda y dura.

En las noches de otoño salen a los balcones, a las terrazas, a las calles y a las plazas. Golpes sistólicos sobre su sufrido cuerpo, emiten una música que, al reconocerla, ofrece una certeza: una de nosotras está ahí. Afinadas como el mejor stradivarius, emiten notas que no caben en el pentagrama: enojo, abrazo, coraje, paz…

Las hay de muchas clases, en función de su tamaño y forma. De metal, barro o porcelana. Las hay con asas y sin ellas. Son las hijas rebeldes del cazo.

Las cazuelas suenan con una fuerza tal, que podrían romper nuestros oídos. Pero son los corazones quienes están heridos.

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Poética forma de describir sentimientos. ¡Gracias Gustavo!

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