Jóvenes, ciudadanos del mundo, es tiempo de acción. Federico Mayor Zaragoza

“Habrá palabras nuevas para la nueva historia”
Ángel González

“¡Implicaos!” fue el grito – mensaje final de Stephan Hessel. “Tendréis que cambiar de rumbo y nave”, apostilló José Luis Sampedro. Pues bien, ha llegado el momento de implicarse, de cambiar de rumbo y nave, para el “nuevo comienzo” que preconiza la Carta de la Tierra, documento que deberíamos tener como referente esencial para los cambios radicales que debemos acometer.
La propia Declaración Universal de los Derechos Humanos establece claramente en el segundo párrafo de su preámbulo que, si no fuera posible el pleno ejercicio de los derechos humanos, estos podrían verse “compelidos a la rebelión”. Pues bien, ha llegado el momento, de manera pacífica pero firme de la rebelión, de expresaros, de haceros oír, de inundar el ciberespacio y las calles de vuestra presencia, de vuestra voz, de vuestros puntos de vista, conscientes de que la reacción frente a los desafíos globales es inaplazable.
Ciudadanos del mundo: no os dejéis embaucar por ideólogos que han perdido hace tiempo la brújula y no se aperciben –o no quieren hacerlo- de que es toda la especie humana –este prodigio formidable y esperanzador- la que se halla en riesgo, y no debe someterse a reducción alguna, a “localizarse”, sino que debe saber reaccionar junta ante unos poderes de toda índole, incluido el mediático, que pretenden reducir las voces de “Nosotros, los pueblos…” a simples espectadores, enfrascados y ofuscados en dilucidar pertenencias a pequeñas “parcelas”, cuando, como advertía hace poco, los desafíos son sin precedentes y las soluciones, de acuerdo con Amin Maalouf, deben ser así mismo sin precedentes. En lugar de concentrarnos en cuestiones relativas a lo más cercano y circundante, debemos abordar conjuntamente, manos y voces unidas, los peligros que nos amenazan y reaccionar antes de que sea demasiado tarde.
Debemos ser todos plenamente conscientes de que nos hallamos, por primera vez en la historia de la humanidad, en una situación de extrema gravedad y complejidad, enfrentados a problemas potencialmente irreversibles, de tal modo que, si no actuamos a tiempo y con firmeza, podrían alcanzarse puntos de no retorno en la habitabilidad de la Tierra.
Siempre recuerdo aquella frase terrible de Albert Camus: “Les desprecio porque pudiendo tanto se atrevieron a tan poco”. Actuemos conjuntamente de tal modo, que las generaciones venideras no pronuncien nunca o no tengan motivos para pronunciar estas palabras. El gran desafío y el deber supremo de cada generación es asegurar a las venideras una vida digna y el pleno ejercicio de las facultades distintivas de la especie humana: pensar, imaginar, anticiparse, ¡crear! Cada ser humano único capaz de crear, nuestra esperanza.
Está llegando el tiempo de la amistad, del desprendimiento, de la escucha, de la afirmación, de la rectificación, de caminar a contraviento. La alternativa a la involución es la evolución. La alternativa a la revolución también. Sólo una “r” de responsabilidad, separa la evolución de la revolución. Si somos responsables, unos y otros, elegiremos, como la naturaleza nos muestra con gran esplendor, la evolución. Es preciso inventar el mañana. Es acuciante atreverse a saber y saber atreverse. Jóvenes: es preciso sobreponerse al acoso mediático que quiere convertiros en espectadores en lugar de actores, dando alas al escepticismo en lugar de a la esperanza. Recuerdo aquella frase del 15-M que tanto me ilusionó: “Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir”. No os distraigáis en cuestiones locales, en obcecadas pertenencias, en favor de cuestiones irrelevantes cuando tenemos, entre todos, que hacer frente a problemas que nos incumben a todos, de una parte de mundo u otra, de un estatus social u otro, de un color de piel u otra, de una ideología u otra… Recordadnos permanentemente nuestras obligaciones intergeneracionales y aprended a com-partir, a con-vivir, a des-viviros por los demás, porque la solidaridad y el desprendimiento son, precisamente, los ignorados caminos del mañana que vosotros debéis señalarnos permanentemente.
Disponemos de muchas hojas de ruta dejadas al lado, marginadas, menospreciadas, que hoy son más importantes que nunca en el pasado: la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Carta de la Tierra, la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, la Declaración de las Naciones Unidas sobre el Milenio, la Declaración y Plan de Acción sobre una Cultura de Paz… Todas ellas deben servirnos en estos momentos para orientar nuestro comportamiento cotidiano. También actualmente gracias a la longevidad, disponemos de un tesoro normalmente infrautilizado: la experiencia de los que viven los últimos trechos de su recorrido humano. La experiencia es el balance de los aciertos y los errores de cada uno, acumulando un valor tan extraordinario como precariamente utilizado. Por esto animo a los jóvenes a compartir experiencias y vivencias para que les ayuden a no desfallecer, a decidir actuar con denuedo cuando todavía sus alas son fuertes para volar alto y sin decaimientos.
No toleréis ningún brote de supremacismo. Esta es la mayor fuente de enfrentamientos, la mayor responsable de víctimas a lo largo de la historia, de una historia que no puede repetirse. Todos los seres humanos iguales en dignidad, es el principio de la justicia y de la paz. Como escribía recientemente, “Quiéranlo o no reconocer interesados y cortoplacistas líderes actuales, nos hallamos en el antropoceno –influencia humana sobre las condiciones ecológicas- y debemos cumplir nuestros deberes oportunamente se convierte en una exigencia ética irrenunciable. Ahora ya no tenemos excusas: ya sabemos lo que acontece y podemos expresarnos libremente gracias a la tecnología digital. Y, sobre todo, la mujer, marginada totalmente hasta hace poco ocupa progresivamente un importantísimo lugar -“piedra angular”- que le corresponde en la toma de decisiones a todos los niveles.
Es preciso, en primer lugar, promover la refundación de un sistema multilateral democrático a escala mundial, con unas Naciones Unidas fuertes y capaces de acción rápida y eficiente, de tal modo que se prescinda inmediatamente de los grupos plutocráticos (G7, G8, G20) que establecía el neoliberalismo globalizador y que ha conducido a la actual situación de desconcierto conceptual, social y económico en que se halla el mundo.
La eliminación de la amenaza nuclear, asegurando una vida digna, a través de una puesta en práctica inmediata de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y de los Acuerdos de París sobre Cambio Climático, de tal modo que se pueda vivir dignamente en todos los lugares del mundo. Dos transiciones son imprescindibles: de una economía de especulación, deslocalización productiva y guerra –insisto en que es intolerable que cada día se inviertan 4000 millones de dólares en armas y gastos militares al tiempo que mueren de hambre y desamparo miles de personas como la mayoría niñas y niños de uno a cinco años de edad- a una economía basada en el conocimiento para un desarrollo global sostenible y humano.
La segunda transición, que debe acompañar ineludiblemente a la primera, es desde una cultura de imposición, dominio y guerra a una cultura de encuentro, conversación, conciliación, alianza y paz. La gran inflexión histórica, de la fuerza a la palabra, que permitiría este nuevo concepto de seguridad, que no sólo tuviera en cuenta la de los territorios sino, sobre todo, la de aquellos que nacen, viven y mueren en estos territorios.
Por cuanto antecede, es absolutamente intolerable que el Presidente Trump haya anunciado que no pondrá en práctica las medidas apremiantes sobre regulación del cambio climático que se acordaron en París en noviembre de 2015. Aquellos acuerdos fueron fruto de un intensísimo trabajo realizado, con todo rigor científico, desde hace muchos años. Ya en 1947, en la UNESCO se creó la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, y a continuación los programas internacionales sobre geología, hidrología, oceanografía… Y se crearon los grandes programas de “EL Hombre y la biosfera”, “Las reservas de la biosfera”… Sólo cegados por intereses cortoplacistas puede ahora decirse que se han improvisado medidas para asegurar la calidad en la habitabilidad de la Tierra. Sólo el insólito mediático Presidente de los Estados Unidos, señor Trump, podía proceder de esta manera: la juventud, sobre todo, la más afectada, incluidos los propios familiares del Presidente Trump, deben reaccionar de inmediato, anunciando que, si no modifica radicalmente estas actitudes, se procederá en una reacción mundial en las redes sociales, a no consumir productos procedentes de la gran nación norteamericana, que tanto padece las inconveniencias del Partido Republicano.
“No hay desafío que se sitúe más allá de la capacidad creadora distintiva de la especie humana”, proclamó el Presidente norteamericano John F. Kennedy en 1963. Debemos inventar el futuro. Todo imposible hoy puede ser feliz realidad mañana pero, como escribió tan sabiamente Miquel Martí i Pol, “¿Quién, si no todos?”.
Todos para promover el desarme para el desarrollo. Todos para favorecer la transición de la fuerza a la palabra. El tiempo del silencio y de la sumisión ha concluido.
Es indispensable proceder a la redefinición de cuestiones tan esenciales para una vida “normal”, como el nuevo concepto del trabajo, de la democracia, del Estado de “justicia”, etc. En suma, hay que inventar el futuro para poder llevar a efecto la “evolución pendiente”. Evolución, es decir, conservar aquello que debe conservarse, porque son los fundamentos básicos y los puntos de referencia absolutamente imprescindibles para la hoja de ruta, y cambiar todo aquello que deba ser cambiado. Evolución, para un futuro distinto. Aquel en el que soñábamos y en el que tenemos que volver a soñar con mayor perseverancia todavía.
Jóvenes, ciudadanos del mundo, el tiempo del silencio ha concluido, el tiempo de los esfuerzos irrelevantes cuando están en juego, por primera vez en la historia, cuestiones esenciales para la vida digna, debe dejar paso a la acción consciente y decidida. Atreverse a saber y saber atreverse: sólo así llegaremos a cabo la evolución y evitaremos la revolución.

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