Cuatro letritas cortas, desde Sâo Félix do Araguaia. Maritxu

Tierna y poética información la que me ha enviado Maritxú desde Sâo Félix, donde pasa unos días junto a Pedro Casaldaliga. Gracias amiga. Siento sana envidia.

Llevo 10 días aquí y ya me parece un siglo. El tiempo se ha parado y no consigo darle una cierta rapidez.

La gente de casa han desaparecido toda la semana. Llegan hoy de Sta Terezinha,  Bolinho, Retiro. Por esta razón adelantamos el viaje,  para que Pedro no se quedara solo con los cuidadores.

El ritmo ha cambiado aunque no perdona el pan con tomate antes de las 6 de la mañana.

El resto, mas o menos como siempre ( compras, echar un ojo a la casa y etc.) ofrecen sin embargo, una cierta dinámica a esas hora y horas sentados en el patio junto a Pedro. En silencio, sin hablar, hablando sin entender o siguiéndole en sus fantasías que en estos momentos ocupan un porcentaje muy elevado en su cabeza.

Época de lluvias. Instantes solemnes donde se abre el cielo y llueve Palabra y agua. Queda todo trenzado en una exhuberancia de vida y espera, para mas tarde redimirse al ser acunado por este sol que derrama fuerza e incendia el Silencio.

En un momento similar, este  viernes, sentada en el patio junto a Pedro, contemplando lluvia y relámpago y como si de un entreacto se tratara, me dice:” …ahora siento a Dios en todo y en todos. No tengo envidia de nada ni nadie…” y continuó en ese balbuceo ininteligible en el que esta sumido la mayoría de las horas del día.

Hubiese querido parar ese tiempo y posibilitar mas comunicación, pero no fue así.

Me quedo con el corazón dividido. Quisiera reclamarle a la Vida misericordia y que finalizara ya con este lento martirio  de mi amigo.

Pero por  otro lado, agradezco como un precioso regalo, esos destellos iluminadores que todavía puedo  compartir con él.

En mi corazón se ha bordado un sentimiento profundo y extraño.

Ayer de nuevo, Pedro me alecciona en la ternura.

Juntos sentados en el patio al preguntarle yo si se sentía solo  (muchas veces estos últimos años hablo de ello con él ) me dice:”…no, no me siento solo. Agradezco la Presencia de Dios en mi día y agradezco el cuidado que tenéis comigo…” y de nuevo ese monologo ininteligible, mitad delirio, mitad verdad.

Todavía, Pedro es dueño de su palabra. Una palabra cada vez mas y mas deshilvanada de la realidad pero cuando lo permite su parkinson y su edad, surge de silencios profundos y se desliza como esos  pliegues de viento que poco a poco tienden a desvanecerse.

En el patio, en su silla dormita todo el día. Diría que su tiempo esta acabándose pero su grito y su lucha continuaran en la historia como aquel que se entrego a la Vida   por el Reino hasta el final.

Maritxu

São Felix do Araguaia Nov. 2017

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