Fidel Castro. El hombre

Hay personajes en el mundo, que de no haber existido los tendríamos que inventar. Me refiero a los que no son de ciencia ficción al servicio del dinero, sinó los que han vivido para modificar situaciones, para motivar críticas, para desperezar a quienes duermen en sus laureles.

He tenido la suerte de conocer a varios que, como Fidel, han sido polémicos. Es difícil entender muchos por qué, que curiosamente, cuando te sientas junto a ellos y les escuchas, modifican pensamientos. Sus razones son siempre a favor de los “pequeños y desheredados de la tierra”  aunque el mundo no lo quiera admitir.

Le conocí de la mano de otro de los grandes genios del Siglo XX/XXI, el artista ecuatoriano Oswaldo Guayasamin, en la inauguración de la Casa Guayasamin en La Habana el 18 de enero de 1992.  Muchos invitados entre los que me contaba. Me presentó a Fidel como su mejor amiga catalana, madre de nueve hijos. De forma socarrona me pidió con cuantos maridos. Mi respuesta: uno. “Esto es vicio” respondió.

Estaba muy ocupado atendiendo a todos los invitados pero, me buscaba y me pedía por mi larga familia. Fue el comienzo de una bella amistad desde la distancia, que perduró hasta su muerte.

Recuerdo el día que desde la Presidencia de Cuba se dictó sentencia de muerte para Arnaldo Ochoa, por tráfico de drogas. Almorzábamos precisamente con Guayasamin en Barcelona. Huelga decir que hablamos de aquella inusual situación. Guayasamin lloró, en la mesa del Restaurante donde solíamos comer y charlar. ¡Inaudito!

Al llegar a casa escribí al Presidente Fidel Castro, pensando que no contestaría dada la anómala decisión. Me equivoqué. La respuesta no tardó en llegar:

“Nos duele la situación que hemos debatido largamente. Finalmente, la decisión fue: una vida por muchas vidas”.

Aunque no compartía su decisión sí entendí. Optaron por una muerte, contra las que podían suponer las drogas para muchos.

Guayasamin tuvo la osadía de hacerle cuatro Retratos, tan grande era la Humanidad y la persona de Fidel Castro: “No cabe en un solo”, era su razón. El primero se lo hizo el año 1961, luego 1970, 1980 y, último, el año 1996 -la fotografia es de mi hijo Rafa Montaña-. Fui una de las pocas personas invitadas ajenas al protocolo político-familar.

Íbamos de mañana, a la casa donde se alojaba Oswaldo Guayasamin. A las once horas aparecía Fidel. Nos saludaba, preguntaba por nuestras familias. Aunque la sesión pictórica duraba un par de horas, se quedaba con nosotros en la casa. Almorzábamos, charlábamos de lo divino y lo humano. Se le veía feliz. Así confirmó el entonces secretario Felipe Pérez Roque que posteriormente fue Ministro. Las Tertulias solían prodigarse hasta media tarde. Cada día pensábamos que no habría mañana pero, de nuevo aparecía radiante y, así duró cinco días. El último día cocinamos para él los invitados. Al despedirnos nos dijo, “Por favor, regresen pronto”.

Compartí sus fiestas de Aniversario. Huelga hablar de las personas especiales que conocí en el Palacio de la Revolución, muchos amigos con los que sigo en contacto, excepto los que ya se fueron como García Márquez, Vilma Espín, Danielle Mitterrand, Hugo Chávez, Juan Bosch -Presidente de República Dominicana- y su esposa notable escritora Carmen Quidiello. Entre los vivos,  Abel Prieto, Eusebio Leal, Rodrigo Borja, Pedro Martínez Pírez, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Chucho Valdés, Evo Morales entre los más conocidos.

Le hice una Entrevista para La Vanguardia de Barcelona. Entrevista que tardó en salir porque el equipo de Redacción no tenía claro que, su periódico, publicara algo semejante. Por fin, cuando les dije que me la devolvieran, que saldría en otro periódico la publicaron un domingo de agosto a doble página central.

Almorzar, charlar, compartir con Fidel era un regalo de los que no prodigan. Nunca sabías la hora cierta para una cita. Podían avisarte para primera hora de la madrugada, o de noche. Su horario era difícil de seguir, según explicaban sus secretarios.

 

Estar junto a él en la Plaza de la Revolución el 1º de mayo de 2005, es otra efemérides que jamás olvidaré. Allá conocí a Evo Morales convaleciente de una intervención de rodilla. Me regaló su Bandera.

Recuerdo una ocasión que Fidel nos invitó al Cabaret Copacabana con Guayasamin. Puro desmadre con la clientela. Todo el mundo quería tocarles, hacerse fotos con ellos. Yo les decía de pedir algo a cambio. Se reían.

Aunque normalmente solía ir con temas concretos a discutir, era él quien entrevistaba-preguntaba respecto a su país: qué te parece tal o cual cosa de Sanidad, Cultura, Educación. Sabía que eran mis temas preferidos. Ah! Nunca dejaba de preguntarme por mis hijos, sus Universidades, sus vidas particulares.

Coincidimos en diferentes ocasiones en Quito, junto a Guayasamin y su familia. También en la inauguración de la Capilla del Hombre, el mes de noviembre de 2002, aquel majestuoso Monumento obra de Handel Guayasamin,  -aunque Oswaldo siempre decía que era él quién lo dibujó-  pero murió antes de ver culminada la obra. En aquella ocasión compartí con Fidel, Chavez, Danielle Mitterrand, Federico Mayor Zaragoza, Manuel Elkin Patarroyo, Abel Prieto.

 

Su 80 aniversario, tuvo que suspenderse por la grave dolencia que sufrió y le mantuvo alejado del mundo. Delegó en su hermano Raúl la Presidencia. Cuando su mejora de salud lo permitió, nos invitaron a ir al Palacio de la Revolución para festejar, aunque fuere con retraso, sus 80 años.

Nos reunimos muchos amigos, pero Fidel, delicado aún, NO apareció. Temieron que encontrarse con tantos amigos pudiera empeorar su estado de salud.

En su 90 aniversario un grupo de los amigos que siempre compartimos encuentros decidimos hacer un libro y llevárselo personalmente. El libro se hizo pero, fueron tantos los compromisos que una pequeña Comisión fue a entregárselo pero, no le vieron.

Hace un año, el 26 de noviembre 2016 llegó la hora fatal y, todos, nos sentimos dolidos.

Aprendimos mucho de aquel hombre valiente que luchó contra vientos y tempestades, que fue capaz de decir: “La historia me juzgará.”

Analizados los pros y contras, para mi ha sido un hombre visionario, valiente, sin prejuicios que, gracias a su entereza, sacó adelante a su país cuando le querían ahogar. Nunca se arrodilló.

Cuando hablo de Cuba siempre digo que “No solo de pan vive el hombre”. Cuba, la malquerida, la tan criticada, ha dado grandes pensadores, médicos, investigadores, deportistas. Tal vez no comen lo que querrían pero Nadie muere de hambre. Tal vez no vistan cual quisieran pero, Nadie va desnudo. Es ahora, con su ausencia, cuando temo por su futuro.

Gracias Fidel por tu amistad, por tu fidelidad a unos ideales que jamás olvidaste, no importa las circunstancias.

 

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