El Papa bendice a refugiados rohinya en Bangladesh


El papa Francisco salua a fieles a su arribo para una misa en Daca, Bangladesh, el viernes, 1 de diciembre de 2017.

El papa Francisco saludó y bendijo a refugiados musulmanes rohinya que huyeron a Bangladesh de la vecina Myanmar. Les tomó las manos y escuchó sus historias en un encuentro ecuménico de oración en Daca el viernes.

El papa inició su atareado día con la ordenación de 16 sacerdotes durante una misa en un parque de Daca a la que asistieron unas 100.000 personas. Fue un oficio similar al que celebró Juan Pablo II cuando visitó Bangladesh en 1986. Desde entonces, la Iglesia católica ha crecido en el país y ahora tiene casi el doble de sacerdotes y diócesis.

Los 12 rohinya _12 hombres, dos mujeres y dos niñas_ viajaron a Daca desde Cox’s Bazar, el distrito fronterizo con Myanmar donde más de 620.000 rohinya residen en campamentos de refugiados tras huir de lo que la ONU califica de campaña de limpieza étnica.

Uno a uno los refugiados se aproximaron al papa, quien les tomó las manos y escuchó sus historias relatadas a través de un intérprete.

Bendijo a una niña, colocando su mano sobre su cabeza, y tomó el hombro de un joven.

Francisco acogió una plegaria por la paz junto a líderes musulmanes, hindúes, budistas y de otras ramas del cristianismo en el jardín de la residencia del arzobispo. Francisco ha aprovechado con frecuencia actos de esa clase para pedir que no se utilice la religión para justificar la violencia, un mensaje que probablemente toque de cerca en Bangladesh, que ha sufrido varios ataques atribuidos a extremistas islámicos en los últimos años.

A su llegada el jueves a Daca, Francisco exigió a la comunidad internacional que intervenga para resolver la crisis rohinya, en la que más de 620.000 refugiados huyeron a Bangladesh procedentes del estado de Rakhine, en Myanmar, en lo que Naciones Unidas describió como un ejemplo de manual de limpieza étnica.

Francisco, que ha evitado mencionar de forma explícita la crisis durante su visita a Myanmar por deferencia diplomática con sus anfitriones, no identificó a los rohinya por su nombre, etnia ni religión en su discurso de llegada.

Solo habló de “refugiados del estado de Rakhine”, aunque sus palabras fueron duras, lamentando el “inmenso coste de sufrimiento humano” entre los refugiados y el sacrificio que hace Bangladesh para intentar gestionar lo que se ha convertido en la peor crisis de refugiados de Asia en varias décadas.

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