En la muerte de Toña Godó

La ceremonia de despedida a Toña ha sido un evento especial. Multitudinaria, triste, amena, divertida. De llorar a sonreír, esto es lo que Toña deseaba. ¡Vivir!

Buen repaso de su vida a través de sus nietos. Celebración eucarística. Música. Palabras del celebrante. Baile final cantando, felices de haber podido compartir con ella sus 85 años de vida. Empezaron hijas, nietos, familia toda pero, se sumaron los amigos. El denominador común fue de agradecimiento.

Fue un regalo conocer a Toña, mujer inigualable que ha vivido,  luchado, ayudado. Seguro que hoy, se ha sentido orgullosa de todos.

Toña, amiga, mujer especial se mire por donde se mire. Al servicio de todos, familia, amigos, conocidos. Jamás le escuche decir NO, a nadie. Era el brazo armado de Isidro su bien amado esposo, de sus hijas, nietos, amigos.

Tenía muchos dones, discreta, preocupada por todos, chicos y grandes, amante del Bridge, no se perdía ni un día de juego.  Nunca sabías si estaba triste, sonreía siempre para que nadie se preocupara por su salud. Conste que sus dificultades médicas eran enormes. Nadie se lo creía al verla.

Decidió que les podía a todos sus males. Hacia lo necesario para vencer las dificultades. Su coraje ha sido notorio.

Seguía yendo al logopeda. Recuperó el habla gracias a su tenacidad.

¿Qué tenía? Mejor hablar de lo que no tenía afectado:

su SONRISA,

presta siempre a regalársela a los que la necesitábamos, no importa cual fuere su estado en aquel momento.  Su salud era muy frágil los últimos meses pero, Nunca se lamentó.

Quienes compartíamos actividades con Toña sentimos haberla perdido. Sin ella ya nada será igual. Los almuerzos del primer miércoles de mes en el Colegio de Médicos  no serán lo mismo sin ti. Sé, que te sentiremos cerca…

Charlar con Toña era un placer, revisábamos comportamientos y pensares, buscábamos el lado bueno de quienes nos rodeaban.

Intentemos emularla. Es mejor ver lo positivo que fijarse en los defectos. Todos los tenemos, aunque intentemos ocultarlos.

¿Qué le habrá dicho a su bien amado Isidro -no puedo imaginar a Isidro sin Toña- cuando se han reencontrado?

¿I a Andrea, su nieta que se fue al más allá muy niña tras un accidente de bicicleta? Seguro que el encuentro ha sido memorable.

Toña, gracias por tu generosidad. Ahora, te pedimos de velar por todos nosotros, los que seguimos aún, en este extraño mundo que entre todos hemos construido.

¡Hasta siempre!

 

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