El valor de una mirada…

Visitar a personas de la familia delicadas de salud tiene como compensación aquella insinuante sonrisa o quizá una mirada furtiva, fuera de lo corriente.

Duele constatar que no puedes comunicarte como quisieras, que tal vez no le llegue bien tu mensaje. Compensa sí, el abrazo o, aquel beso que esperan de nosotros, nuestros parientes o amigos enfermos.
Si forma parte de tu familia todo se magnifica: un balbuceo, un apretón de manos, una pequeña tos nerviosa…

Jugar al dominó es siempre un recurso, igual que rellenar de color unas cartulinas con dibujos, a los que, a Eulàlia le gusta trabajar, sin perder de vista lo que yo hago. Siempre, al final, escribe su nombre. ¿Qué le instará a hacerlo?

Verles felices, siguiéndote con la mirada cuando entras y cuando sales, estimula a regresar pronto.
¡Te queremos Eulàlia!

 

 

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