Money, money, money. Jorge Majfud

Paradójicamente, esta obsesión, que ha sido muy buena para la economía del país (como el tabaco y las sodas), no lo ha sido para su gente. Por al menos dos razones.

Primero, porque, como lo muestra el estudio de Richard Wilkinson y Kate Pickett (The Inner Level), la mayor desigualdad creada en la sociedad estadounidense a partir de 1980 ha incrementado el estrés y la infelicidad de sus habitantes, lo que no se mide por sus altos ingresos sino por su posición relativa en la sociedad de consumo, que basa su percepción de éxito en los bienes y capitales poseídos en comparación a sus semejantes.

Segundo, porque este estrés social ha derivado en un incremento del abuso del alcohol y de las drogas, legales e ilegales, y del número de suicidios. Actualmente, cada año mueren más estadounidenses por estos factores que en cualquier guerra, que para este país es mucho decir.

Por no entrar a hablar de otros efectos laterales, como el incremento logarítmico del racismo, la xenofobia, el machismo y otras reacciones violentas, propias de la frustración individual y colectiva.

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