Vidas que habría que salvar. Silvana Melo

Abortos espontáneos provocados por los agroquímicos, niños que mueren por desnutrición, cánceres parientes del modelo, maternidad infantil, mortalidad materna, vidas que nacen en condena por abandono sistémico. Miles de vidas que 38 senadores de espaldas a la historia deberían comenzar a salvar. Ya. Y sin excusas.

Treinta y ocho senadores decidieron anoche oír las presiones de la ortodoxia eclesiástica e institucional, además de especular con su porvenir candidateable inmediato: 2019 está a diez minutos por autopista. No escucharon a la historia que, aluvional, exige derechos confinados a la legislación de principios del siglo pasado. Treinta y ocho senadores representan a provincias donde grandes porcentajes de sus poblaciones viven en la pobreza, sometidas por sistemas feudales, domesticadas para la mansedumbre por las distintas versiones eclesiásticas. Y lejos de la capital, donde atiende Dios y acumula expedientes en mesa de entradas.

Treinta y ocho senadores hablaron de vidas a salvar. Dos, con más exactitud. Y ahora, cuando acaban de lograr la cocarda celeste de la divinidad, estarán preparados para salvar al resto de las vidas que los esperan, algunas en agonía, otras ya sin aliento.

Por las dudas, no está de más un repaso como para que los treinta y ocho senadores no las olviden en su fárrago laboral cotidiano.
Niños wichis y criollos (nacidos) mueren de desnutrición pero sin diagnóstico; en escuelas de Orán hay adolescentes (nacidos) que se desmayan de hambre; Salta es la provincia con mayor porcentaje de mortalidad materna y de maternidad niña. Una nena de diez años violada por su padrastro vivió un segundo martirio cuando el gobernador no aplicaba el protocolo del Fallo F.A.L. –en el que la Corte reafirmó el Código Penal de 1921- y se le negaba un aborto. Las niñas y los niños se mueren en Salta. Los senadores Rodolfo Urtubey y Juan Carlos Romero tienen infinidad de vidas por salvar, de aquí en adelante.

El 20 por ciento de los embarazos en Corrientes son de niñas y adolescentes. El ex ministro de Salud y actual diputado Julián Dindart dijo y repite que las chiquitas se embarazan para cobrar la asignación. Tiene Camau Spínola, ex medalla de oro olímpico, ex intendente de Corrientes y senador de los treinta y ocho, la oportunidad de salvar unas cuantas vidas desde hoy. Además de las dos que dijo salvar anoche.

Entre 4.000 y 20.000 niños desnutridos (nacidos) se cuentan en Tucumán según el parámetro que se utilice. Desde algunos centros de salud denuncian desde la gobernación de José Alperovich que se cambiaron los criterios de medición de altura y peso para bajar compulsivamente los índices. Beatriz Rojqués, esposa del entonces gobernador y tercera en la sucesión presidencial de CFK, culpó a la familia de una nena de seis años que fue violada y asesinada por vecinos. Y, muerto y arrasado un adolescente por el paco, le dijo a su madre que por lo menos ahora su hijo no estaría en la calle. Alperovich, al menos, tiene a partir de la discusión que se saldó en la madrugada, muchas vidas que salvar. Además de las dos que dijo que estaba salvando anoche con su voto desde las afueras de la historia.

El uso indiscriminado de agrotóxicos genera, entre otras calamidades, abortos espontáneos. Fue Andrés Carrasco quien descubrió en 2010 las secuelas del glifosato en los embriones. Y fue demonizado por la tristemente poderosa comunidad científica. Caritas y nombres se resguardan en los ojos y en la memoria de los trabajadores de salud del Garrahan, donde la mayor parte de los niños con cáncer (nacidos) llega desde Entre Ríos. La provincia más fumigada del planeta. Aquella donde los chicos de las escuelas rurales juegan entre charcos de veneno, respiran la deriva y se enferman con sus maestras. Provincia a la que representó Alfredo De Angelis cuando dijo salvar dos vidas con su voto en la madrugada de hoy. Desde sus sembrados de transgénesis y sostén con agrotóxicos podría salvar unas cuantas vidas más, a pesar de que olvidó tantas otras. Ahora sin excusas.

Como las que podrá salvar Carlos Reutemann, remediando las que no pudo en las inundaciones de su gobernación. Desde su oficio de terrateniente sojero santafesino, capanga de un modelo productivo sostenido en los venenos, tendrá muchas para salvar desde la madrugada de hoy. Para sumar a las dos que dijo salvar cuando votó.

Como las que debería salvar Maurice Closs, ex gobernador de Misiones y representante anoche de comunidades como Montecarlo o Pichanal o Embarcación, castigadas por la desnutrición de sus niños (nacidos), con una carga de muertes en la historia, con chicos y chicas que tiene que cruzar a nado para ir a una escuela o ir al baño entre cuatro tablas en otra. Son vidas a salvar o a condenar. Debería saberlo Maurice Clos. Que tiene la oportunidad de tirar un salvavidas a los chicos de su provincia desde su cómoda banca senatorial. Donde dijo haber salvado dos.

Treinta y ocho senadores representan a provincias donde grandes porcentajes de sus poblaciones viven en la pobreza, sometidas por sistemas feudales, domesticadas para la mansedumbre por las distintas versiones eclesiásticas. Treinta y ocho salvadores de algunas vidas. Mientras el resto espera, en los confines de esta tierra, un tronco donde aferrarse en medio del río.

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