Cambio de Era. Federico Mayor Zaragoza

 

En el libro “La nueva página”, publicado en 1994, iniciaba como sigue el capítulo titulado “Cultura bélica y cultura de paz”: “Se está escribiendo una nueva página en la historia de la humanidad y, en particular, de la relación de nuestra especie con el planeta Tierra. Estamos adquiriendo una apreciación diferente del ritmo temporal de la historia, en una rápida secuencia de acontecimientos políticos, sociales, culturales y medioambientales que han cambiado la percepción que teníamos de nosotros mismos como individuos y como miembros de la comunidad, lo que supone un reto a nuestra capacidad de manejar tendencias de ámbito mundial”.
En aquel momento, todavía la inmensa mayoría de los seres humanos nacía, vivía y moría en unos kilómetros cuadrados, de tal modo que desconocía lo que acontecía más allá de su entorno inmediato. Sometidos, desde el origen de los tiempos, al poder absoluto masculino, eran temerosos, obedientes, silenciosos… hasta el punto de que en el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se menciona que su pleno ejercicio “liberará a la humanidad del miedo”. También la mujer no aparecía más que de forma fugaz y mimética en los escenarios del poder. Gracias en buena medida a la tecnología digital, en las últimas tres décadas la humanidad ha sido capaz de saber lo que sucede a escala mundial y de expresarse libremente, adquiriendo, ahora sí, todo su significado la frase con que se inicia la Carta de las Naciones Unidas, creadas en 1945: “Nosotros, los pueblos…”, porque se ha logrado conciencia generalizada de la igual dignidad de todos los seres humanos que, como establece la Constitución de la UNESCO (1945) constituye el pilar fundamental sobre el que se asientan todos los derechos humanos. Igual dignidad, sea hombre o mujer, de una creencia u otra, de una cultura u otra, de una etnia u otra… Todos iguales sin discriminación ni exclusión alguna.
Por fin, en muy pocos años, la mujer en el estrado; por fin, “Nosotros, los pueblos” dotados de voz y de capacidad para retener en sus manos las riendas del destino común; por fin, la gente, cuando es más apremiante reconducir tantas tendencias erróneas y hacerlo con apremio porque, en el antropoceno, hacemos frente a procesos potencialmente irreversibles. No caben demoras, porque el legado a las generaciones venideras no puede ser el de la habitabilidad de la Tierra deteriorada, el de la insolidaridad, el de la indiferencia.
Es tiempo de acción. No podemos seguir siendo espectadores distraídos, impasibles, obcecados por cuestiones totalmente intrascendentes, ni podemos consentir que el inmenso poder mediático sustituya la razón por la emoción.
He aquí algunos de los más relevantes desafíos de la nueva era:
 • Los medios de comunicación son particularmente influyentes y es imperativo poner coto al exceso de noticias falsas que transmiten periódicos, medios audiovisuales e informáticos convertidos tristemente en “la voz de su amo”. Quien paga manda. Estamos aturdidos por tantas noticias sobre casi todo, que olvidamos las informaciones que deberíamos atender con diligencia. Los “mercados” nos inundan de noticias sin verificar, tendenciosas y/o irrelevantes.
Debemos reaccionar con firmeza, siendo conscientes de que la razón de la fuerza sólo podrá sustituirse por la fuerza de la razón cuando tengamos bien presentes las facultades distintivas de la especie humana: pensar, imaginar, anticiparse, innovar… ¡crear! Cada ser humano capaz de crear, de dirigir con sentido su propia vida, nuestra esperanza.
 • El gran científico Ilya Prigogine, en el prólogo al libro mencionado al inicio, escribía que “Desde hace muchísimos siglos nuestro mundo ha estado dividido en Estados independientes que han procurado sus propios intereses por todos los medios, incluyendo la guerra. Sin embargo, el filósofo Enmanuel Kant y el Presidente estadounidense Woodrow Wilson ya concibieron en el pasado la idea de que esta situación podría modificarse mediante la creación de organizaciones internacionales. Estas contribuirían a reemplazar la guerra por negociaciones basadas en la comprensión mutua”.
El multilateralismo democrático, unas Naciones Unidas dotadas de los medios personales, financieros, técnicos y de defensa oportunos, es imprescindible para poder esclarecer los presentes horizontes tan sombríos y facilitar la transición de la fuerza a la palabra, de la era del poder absoluto al poder genuinamente democrático.
La necesidad de contar con una Organización de gran prestigio y respeto a escala mundial se evidencia actualmente por lo que está sucediendo en Irán, Nicaragua, Siria, Libia,… y en la deriva neoliberal en grandes países de América del Sur… No puede dejarse la gobernanza en manos de unos grupos oligárquicos y plutocráticos como el G6, G7, G8, G20, que no sólo han sido totalmente ineficientes sino que han conducido a la humanidad a una situación en la que la propia calidad de vida en el planeta está amenazada, y resurgen peligrosísimos brotes de fanatismo xenófobo, de supremacismo, de racismo… que demuestran que no se han aprendido bien las lecciones de las circunstancias que condujeron a las dos grandes guerras del siglo XX.
• Es imperativo conseguir la puesta en marcha de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, que constituye en realidad una nueva visión del mundo. Las directrices que contiene para una nueva era consisten en “Transformar nuestro mundo”, como se titula la importantísima Resolución de la Asamblea General del 21 de octubre de 2015. El primer párrafo establece que “Reconocemos que la erradicación de la pobreza en todas sus formas y dimensiones es el mayor desafío con que se encuentra el mundo y constituye un requisito indispensable”…
• Es esencial que la juventud se aperciba de la maravilla que representa la inverosímil vida humana. Todos distintos, pero iguales. No podemos ser aislacionistas cuando se necesita más que nunca actuar conjuntamente. “Ningún desafío se sitúa más allá de la capacidad creativa que caracteriza a la especie humana”, dijo el Presidente J. F. Kennedy en junio de 1963. Ha llegado el momento, antes de que sea demasiado tarde, de inventar el futuro.
En efecto, el por-venir está por-hacer, y –enfrentados a procesos sin retorno- es necesario construir el nuevo mundo sin demora. Hay que cambiar de civilización y estilos de vida, pero manteniendo siempre los principios éticos que, según la Constitución de la UNESCO, deben “guiar a la humanidad”. Los “pueblos” ya tienen voz para ser protagonistas de una democracia genuina (justicia, libertad, igualdad y solidaridad) que aleje para siempre de los escenarios del poder la imposición, el absolutismo y la “cleptocracia”, en afortunada expresión de Moisés Naim.
• Una de las acciones más urgentes en el antropoceno y urbanoceno es, hay que insistir en ello, promover un nuevo concepto de seguridad, de tal modo que no se tenga sólo en cuenta la seguridad territorial sino la humana, procurando resolver los conflictos a través de la mediación y la negociación. Seguridad alimentaria, sanitaria, medioambiental, educativa… de manera que se asegure la calidad de vida de los seres humanos que habitan en estos espacios y tras estas fronteras tan bien protegidas.
La insolidaridad manifiesta que, en contra de lo que cabía esperar, se está desarrollando profusamente en Europa debe superarse rápidamente y atender a los emigrantes y refugiados, que no llegan a nuestras costas por capricho sino para sobrevivir, puesto que se han reducido al máximo las ayudas al desarrollo y la gente no puede vivir en condiciones mínimamente adecuadas en sus lugares de origen. Cuando la amenaza es morir de hambre, los más acaudalados deben comprender que su mano debe abrirse, también por propio interés, en lugar de “cerrarse opaca”, como refiere en uno de sus poemas José Ángel Valente.
El propio Papa Francisco, hace unos meses, manifestaba al término del viacrucis, pensando con profunda tristeza en los emigrantes y refugiados, “la vergonya de habere perdutto la vergonya”. Es necesaria, en consecuencia, una movilización general para que sea factible el cambio de era a tiempo, adoptando medidas que requieren saber y resolución. “Sapere aude”… pero saber atreverse a continuación, para implicarse, para comprometerse, para llevar a la práctica las soluciones más urgentes en relación al cambio climático, al armamento nuclear y a la extrema pobreza.
Esta movilización para una evolución acelerada debe ser liderada por las comunidades académica, científica y artística, conscientes de que la alternativa a una evolución adecuada es la revolución, que debe evitarse porque comporta violencia.
• Disponemos de grandes directrices –Declaración Universal de los Derechos Humanos, Declaración y Plan de Acción sobre una Cultura de Paz, Agenda 2030…– y también de referentes, algunos todavía en activo pero todos presentes, como Edgar Morin (complejidad), Stephane Hessel y José Luis Sampedro (implicación), Paulo Freire (ciudadanía mundial y educación que no debe confundirse con capacitación, ni conocimiento con información… ¡ni información con noticia!).
Educación para el cambio social, para una ciudadanía crítica, responsable y emprendedora, capaz de compartir y convivir, y de participar activamente en el contexto de la nueva era.
• En el artículo titulado “El complejo militar-industrial golpea de nuevo” (Othernews, 29.06.2018), se advierte con detalle lo que está costando la producción del bombardero indetectable B-2SPIRIT: ¡2100 millones de dólares! Es por esta razón que lo primero que debe lograrse para el cambio de era sin que la humanidad retroceda en autoestima, libertad y capacidad acción, es la reducción de los colosales costes militares y de armamento, para que, sin menoscabo de una efectiva defensa, sea posible atender financieramente las necesidades propias de una vida digna en un planeta plenamente habitable.
En conclusión, la nueva era no aguardará a que la humanidad esté preparada para hacer frente a las amenazas globales. Corresponde a la humanidad anticiparse y actuar en consecuencia. Ciudadanos del mundo capaces de grandes clamores a escala mundial con un multilateralismo democrático que permita una economía basada en el conocimiento y un desarrollo humano global y sostenible, mediante el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Que nadie diga que es imposible. La gran responsabilidad hoy en día de todos los seres humanos es demostrar a las generaciones venideras que supieron estar a la altura de sus asombrosas facultades intelectuales.

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