La condena de Rato. Elpidio José Silva. La vanguardia

Recupero este interesante artículo de Elpidio José Silva en La Vanguardia. Deberíamos poder acceder a todas las cloacas.  Recuerdo tu Conferencia en Granollers y posterior charla. Cuantas cosas desconocemos a las que deberíamos tener acceso. Gracias por tu compromiso y buen hacer.

Tras 14 años de abandonar el poder, la “España va bien” del aznarismo se ha liquidado con el suicidio de Blesa y la condena de Rato.

En España lo insoportable no es la levedad del Ser, sino la lentitud de la justicia. Aquí algunas sentencias se facturan en el túnel del tiempo, y cuando llegan son como la luz de astros que ya no existen. La condena de Rato enlaza con hechos criminales que acontecieron en el siglo pasado, prolongándose al menos hasta el año 2012, fecha en que comencé a investigarlos a través de los casos Blesa y Banco de Miami.

– “Señoría ¿Qué hago con estos correos?”

El sargento de la guardia civil me preguntó en abril de 2013 por unos mails relativos a ciertas tarjetas VIP, diseñadas para que Miguel Blesa y un amplio elenco de ejecutivos y favorecidos pudieran apropiarse de los fondos de Caja Madrid.

– “Ordénelos en la sala de juicios, junto con la documentación del Banco de Miami”, le respondí.

Ante el ingente material arrojado por el caso Blesa, las caducas instalaciones de Plaza de Castilla -la esperada Ciudad de la Justicia de Madrid fue otra quimera de los corruptos- impusieron montar un archivo improvisado en la sala de juicios del juzgado de instrucción nº 9. Aún no podía determinarse si procedía incoar nuevas actuaciones penales, o subsumir las tarjetas negras en la colosal gestión criminalizada de Caja Madrid. Hoy sabemos que la fragmentación del caso Blesa en un abanico de diligencias penales, pese a tratarse de hechos profundamente conexos, ha permitido que apenas se depure la nimia representación de un curso causal situado en el epicentro de nuestra crisis económica.

Sin la instrucción del Caso Blesa jamás hubiera existido el de las tarjetas black

Sin la instrucción del Caso Blesa jamás hubiera existido el de las tarjetas black. Éstas suponían la escoria de un lucrativo yacimiento de corrupción cómodamente instalado en el subsuelo de Caja Madrid. La investigación se centró desde el principio en un hecho perfectamente delimitado. Caja Madrid prestó a Díaz Ferrán varios millones de euros, en términos tales que más parecía un regalo que un verdadero préstamo. A lo largo de la investigación se detectaron tan graves incumplimientos de alertas bancarias que se suscitaba la certeza de que los “préstamos a amiguetes”, el trato de favor regalando dinero a través de créditos aparentes, suponía una práctica usual en Caja Madrid. Si se hubiera profundizado en este filón, la lista de favorecidos hubiera resultado tan escandalosa que habría ennegrecido por completo la legitimidad de la democracia española del 78.

La instrucción del caso Blesa, sin embargo, no fue confirmada por la Audiencia Provincial de Madrid. No se me permitió seguir investigando, pero tampoco se impulsó que lo hiciera otro magistrado en mi lugar. La querella que Manuel Moix -el fiscal preferido de los corruptos- concibió para apartarme de la carrera judicial impidió, definitivamente, el enjuiciamiento de estos créditos a amiguetes. Es decir, no sólo se suprimió la instrucción que practiqué, sino que tampoco se impulsó ninguna investigación ulterior, a cargo de otro juez o jueza. Si realmente se hubiera detectado alguna nulidad procesal, hubiera sido tan fácil como volver a reproducir la documentación y los correos de Blesa en que me basé, tal como exactamente se ha hecho para que sea posible la condena de Rato. Sin embargo, nada de esto ocurrió. Muerto el mensajero, finalizado el proceso.

La querella que Manuel Moix concibió para apartarme de la carrera judicial impidió, definitivamente, el enjuiciamiento de estos créditos a amiguetes

La condena a Rato y el suicidio de Blesa, antes de ser condenado por sentencia firme, señalan a una judicatura incapaz de depurar la corrupción financiera en España. La forma en que se cerró el caso Blesa fue calamitosa y vergonzante, a la altura de la marca que hoy representa la justicia española, cuyo canon se rechaza por Jurisdicciones extranjeras, como la alemana o belga, por el Grupo de Estados contra la Corrupción (GRECO), y por una sociedad ampliamente damnificada por las sucesivas causas de corrupción sistémica, que profundizan en el desamparo de las víctimas cuando aterrizan en el obsoleto aparato judicial español (Preferentes, Fórum Filatélico, Nueva Rumasa, Banco Popular, entre muchos otros casos).

Nunca se trató, por tanto, de cómo instruí la investigación. Esto es completamente falso. El objetivo era, más bien, impedir por todos los medios que se visualizara la lista de favorecidos por la gestión criminalizada de Caja Madrid. Tampoco se ha depurado el hecho de que el fiscal que sostuvo “la opereta”, Manuel Moix, se revelase posteriormente como el preferido de políticos corruptos. Y menos aún se han investigado los innumerables excesos que describo minuciosamente en un libro sobre la materia, La verdad sobre el caso Blesa . Se publicó en 2015, poco antes de que el Tribunal Supremo, con Manuel Marchena al frente, confirmara la sentencia de condena que me impuso en primera instancia un Tribunal dividido por el voto particular absolutorio de su Presidente, Arturo Beltrán, a la sazón pareja sentimental de la magistrada que intervino en la nulidad del caso Blesa. Meses antes había conseguido desmontar al Tribunal, cuando recusé con éxito a la magistrada María Tardón, quien recientemente ha sido promovida para sustituir a la jueza Carmen Lamela, al frente del juzgado central de instrucción nº 3 de la Audiencia Nacional. No es una telenovela rocambolesca. Es la Justicia de mi país.

En la entidad que gestionaron Blesa y Rato se escondía la caja negra de un avión que se estrelló y se llama España

En la entidad que gestionaron Blesa y Rato se escondía la caja negra de un avión que se estrelló y se llama España. Hoy esa caja negra para la mayor parte de la ciudadanía se halla en el propio Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y las cúpulas que manejan la judicatura. Resulta inconcebible e indignante para millones de personas que hundir un banco sistémico sólo cueste 4 años de cárcel. Es inadmisible que no se haya vinculado la causa de las tarjetas black con el bloque global de la gestión manifiestamente criminalizada de Caja Madrid.

La delincuencia económica organizada es una de las lacras de cualquier Estado democrático, pero mayor peligro supone aún que las Instituciones represivas de ese Estado no persigan hechos merecedores de condena (art. 408 del Código Penal), o que no se investigue qué sucede con un Poder del Estado cuando aparece sumamente politizado o, reiteradamente, llega tarde o aparta a quienes intentan llegar a tiempo.

El triste apogeo de las tarjetas black fue el pago de hoteles, vino o putas. Pero hoy millones de personas se resisten con rabia a entrar dócilmente en la noche quieta que nos propone la justicia española. Rabia contra la agonía de una democracia sin justicia independiente. En un proyecto de Estado que se resquebraja, la ruptura territorial amenaza porque muchos -no sólo Catalunya- se resisten a entrar dócilmente en esa noche quieta de impunidad y desamparo. La condena a Rato o la agonía de la luz, versificada de forma indeleble por Dylan Thomas (Do not go gentle into that Good night). Rabia de ser español en el Reino de la impunidad.

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