LA CORRALA

 

La corrala era un tipo de vivienda característico del viejo Madrid (hoy casi desaparecido), en el que un patio central, a la vista de todos los vecinos, se transformaba en el foro compartido de festejos, reuniones y todo tipo de celebraciones comunitarias. La corrala puede contemplarse desde una óptica arquitectónica, pero también sociológica. En la capital del Estado quedan pocos indicios de aquellas galerías abiertas desde las que el pueblo expresaba sus penas y alegrías, pero han quedado las huellas del entramado social que les dio vida.

Ahora la corrala la tenemos en el Congreso de Diputados, en el Senado, en las radios públicas y privadas, en los periódicos de papel, en los digitales, en las tertulias televisivas, en el Tribunal Supremo, en la Audiencia, en la Fiscalía, etc. etc. Todos estos agentes cuentan además con las redes sociales, que amplifican sus declaraciones o comentarios hasta llenar el espacio de basura informativa, abundante material que genera confusión y malestar.

La corrala aprovecha cualquier noticia y la explota sin el menor cuidado, desarrollando tesis de lo más peregrino, más propias de un taxista envejecido por los años y la rutina del trabajo, que de un ciudadano medianamente equilibrado.

Ahora el tema es Gibraltar, un conejo sacado de la manga para tapar temas mayores. El señor Sánchez, presidente del gobierno, presionado por su propio partido y por la caverna mediática madrileña, ha querido demostrar su “patriotismo zarzuelero”  (a la altura de sus colegas del PP y Ciudadanos) y hasta ha amenazado con bloquear los acuerdos entre Gran Bretaña y la Unión Europea respecto al Brexit. Al final todo ha quedado en un bluff, que, como es habitual, ha presentado como un triunfo. Introducir Gibraltar en este asunto es como si nos pusiéramos a discutir sobre donde colocar un insustancial calendario de mesa en el castillo de Windsor.

Lo de Gibraltar sólo compete a los gibraltareños, que son los habitantes de ese territorio británico, ratificado como tal por el Tratado de Utrecht de 1713. Y los gibraltareños ya han confirmado en dos ocasiones (99 y 98% de votos a favor) que quieren ser ciudadanos británicos y nada más. Subsidiariamente  les interesa  también a los habitantes de La Línea y pueblos próximos, que cada día cruzan la verja para ganar un salario que les permita vivir dignamente (algo que no consiguen en su propio país), hasta el extremo de que el 50% del PIB de La Línea lo genera Gibraltar. Claro que para los españoles citar la palabra “referéndum” es citar al diablo. El Brexit es un asunto demasiado serio (tanto para el Reino Unido como para la Unión Europea y, sobre todo, para los mercados financieros), como para que un episodio menor e irrelevante, ajeno al contencioso principal, les haga perder el tiempo.

¿Por qué sale ahora Gibraltar?  Pues porque siguen las muestras de desvarío institucional y hay que contraprogramar.

¿Por qué sale ahora Gibraltar? Porque así corren un tupido velo sobre las continuas provocaciones de Ciudadanos. ¿Cómo podemos aceptar que el Estado permita que un partido  –la tropa sedienta de odio hacia Catalunya de Ciudadanos–  pasee por la capital un autocar pintarrajeado con el eslogan “no a los indultos de los líderes independentistas catalanes”?  El indulto lo concede quien tiene poder para ello, cuando alguien ha sido condenado, no antes. El “no al indulto” previo a un juicio en el que hay que probar unos delitos, no sólo es una canallada sino una aberración jurídica. ¿No tiene nada que decir la fiscalía general del Estado, tan activa en otras cosas, sobre este disparate?

¿Por qué sale ahora Gibraltar? Pues porque así archivamos el órdago del señor Cosidó, portavoz del Partido Popular en el Senado y antiguo jefe superior de policía con el ministro Fernández, cuando se abrieron para conocimiento público las cloacas del Estado. El señor Cosidó comunicó a sus colegas en la cámara alta que todo estaba atado y bien atado en el Tribunal Supremo, de forma que podían controlar desde dentro, con detalles específicos, la dirección de la causa general contra los líderes independentistas, que era una forma implícita de decir que podían dirigir también el sentido de la sentencia. Por el silencio habido, parece que tampoco tiene nada que decir al respecto la fiscalía general del Estado.

¿Por qué sale ahora Gibraltar? Porque creen que un “chute” de patriotismo hará olvidar las continuas meteduras de pata del ministro Borrell, que con una retórica siniestra va ampliando su cartera de enemigos, en especial en el ámbito internacional y, al propio tiempo, obtiene la aprobación unánime de lo más rancio del PP (o sea de todo), de Ciudadanos, de Vox, de Sociedad Civil Catalana e incluso del afrancesado y apergaminado Manuel Valls.

¿Por qué sale ahora Gibraltar? Porque así no prestaremos atención a las declaraciones del señor Luis Argüello, secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal Española (máximo órgano de poder de la confesión religiosa dominante en el Estado español). El señor Argüello manifestó sin ambages: “ Nosotros en nuestra comprensión del ministerio admitimos a diáconos permanentes que sean hombres casados pero en el presbiterado como en el episcopado pedimos varones célibes y dentro de esta configuración de varones célibes pedimos también que se reconozcan y sean enteramente varones y por tanto heterosexuales”. Lo que “se reconozcan y sean enteramente varones” es muy llamativo, máxime cuando los clérigos de esa religión destacan entre otros por los centenares de casos de pederastia denunciados y probados. El nacionalcatolicismo y su protagonismo en un Estado constitucionalmente laico, es una muestra más de la lógica paradójica.

¿Por qué sale ahora Gibraltar? Porque son unos tramposos, a los que les gusta alardear y presumir de lo que no tienen, creyendo que de esta forma ocultan sus vergüenzas.

La amenaza de Sánchez me recuerda un western de la serie B. Sólo faltaría añadir: “Yo de ti no lo haría, forastero”.

 

*** Una recomendación muy especial. En “de otras webs” reproducimos el artículo de Xavier Diez, historiador y escritor, “Mentiras fundamentales sobre Cataluña”. A mi juicio, el mejor análisis sobre el contencioso catalán publicado en los últimos tiempos.

 

 

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