Reyes punto final de las Fiestas Navideñas

La cabalgata de Reyes y la recogida de regalos, pone punto final de estas fiestas Navideñas que nos han mantenido en vilo de comidas y compras desde el 24 de diciembre: Navidad, Año Nuevo y Reyes Magos. Compras-Comidas-Encuentros de familia que han perdido mucho el calor familiar de antaño.

Tantas cosas hemos perdido: algunas prescindibles, otras han mejorado pero, los encuentros familiares han retrocedido.

No es preciso aguardar fiestas señaladas para verse con los parientes lejanos. Los medios de locomoción así lo permiten. Las distancias no existen, inauditas en tiempos pasados cuando casi dependíamos del tren y de nuestras piernas. Marcaban fechas para las reuniones de familia que, en aquellos momentos, nos parecían lejanas. Hoy no lo son. Casi nadie disponía de medio propio, era el tren y buses los que nos transportaban.

Mis recuerdos de Navidad son hermosos. Viajar a casa, encontrarme con: padres, abuelos, hermanos, tíos, primos, amigos. Yo tenía 7 años cuando me llevaron a vivir a casa de unos tíos a 60km. Costaba casi un día de viaje llegar. Hoy, bastan tres cuartos de hora.

Hacíamos el Pesebre con musgo y ramas de pino que recogíamos en el bosque. Para el río del Belén donde llegaban los Reyes y los pastores para adorar al niño Jesús, recogíamos piedrecitas en la vera del Llobregat, el río de mi pueblo.

Dábamos de comer al Tió… aquel tronco que nos regalaría dulces, turrón, caramelos después del almuerzo y servían de postre el día de Navidad. Tió que manteníamos abrigado con una manta y alimentábamos todas las noches, para que cagase más…

Nuestros estribillos de Navidad eran y siguen siendo los mismos hoy, pasados los años: caga tió d’avellana i de pinyó si no vols cagar et daré un cop de bastó… A rezar un padrenuestro lejos del pobre tió, mientras los mayores hacían de las suyas. Cuando el tió cagaba unas moneditas, sabíamos que todo había acabado hasta el próximo año. Dulces que Servían de postre a una comida opulenta.

No era como ahora, que todo es posible, en cualquier lugar, a cualquier hora, no importa la fecha. Las economías eran pequeñas, no lo permitían. No se consumían porque no se encontraban en el mercado. Solo, en Fiestas de Navidad.

El turrón más clásico era el de Jijona  y las neules  -barquillos-, hoy al alcance de todos cualquier día del año. Han proliferado sabores y texturas diferentes. Yo me quedo con el clásico de Jijona que, en aquellos tiempos era fruto del deseo… no como ahora, habitual en cualquier lugar y época. Aunque nos instaban a compartir, siempre, algún listillo cogía más de la cuenta y comía lo suyo y parte de lo que te correspondía a ti…

Llegaba luego el tiempo de recitar las poesías que nos habían aprendido en la escuela, subidos encima de una silla. Alguna canción ante el pesebre -belén- a lo que seguían después juegos de mesa entre chicos y mayores. La moneda usada, garbanzos.

Las celebraciones de entrada de Año Nuevo no tenían nada que ver con las actuales. Hoy puro mercantilismo. Los Reyes Magos otro producto consumista elevado a la enésima potencia. ¿Cómo explicar a quienes no tiene nada para comer que algunos gastamos en estas Fiestas Navideñas lo que a algunos les abastecería un año?

 

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