La soberanía es del pueblo

Preocupada por mi país, por el futuro que nos espera. Cuesta vislumbrar caminos a seguir, en quienes confiar. La política debería tomar nuevo cariz NO estar en manos de unos pocos, siempre los mismos a perpetuidad.

La soberanía es del pueblo, no tiene siglas.  Solo el pueblo debe decidir su futuro, NO los partidos en quienes tuvimos la insensatez de confiar.

Den un vistazo, lean los nombres de los responsables, busquen las fechas que ocuparon su primer cargo. Asombroso corroborar que siguen los mismos, tal vez desplazados para no provocar pero, si, resistiendo agazapados en sus nóminas, sus “beneficios”, los que les otorgan los títulos que representan ???

Solo el pueblo organizado conseguirá defender su patrimonio, limitando su estadía en una Legislatura, dos a lo sumo, si tan bien lo ha hecho.

Si un día algún amigo/a me ha invitado a ir al Liceo,  o a algún espectáculo especial, allá están en lugares preferentes quienes gobiernan pueblos y ciudades.

¿Por qué les gusta? O simplemente para explicarlo y que les vean. Los pensionistas y la gente normal que vive de un sueldo o pensión, no nos lo podemos permitir.

O los espectáculos que, sin ir al Liceo, al Teatro o, al Palau de la Música, cuestan más de 40 euros-entrada.

Si el pueblo tuviera las riendas del Gobierno, seguro que haría lo posible para que todos pudiéramos disfrutar de cualquier obra, ahora prohibida.

He viajado por el mundo, por países pobres donde la gente tiene dificultades para comer. Aquí no estamos en esta situación aún pero, si todo sigue por el camino actual, si los gobiernos siguen siendo “ricos” y no ponen la atención debida a la población, el problema no será poder ir al teatro o a un Concierto sino que será para pagar la electricidad, el gas, el agua, el pan… Hoy son unas pocas empresas las que tienen todos estos servicios en sus manos, cuando debería ser la ciudadanía la que se ocupase de su distribución, sin los intermediarios que avasallan…

Quienes vivimos de una pensión, o de un sueldo normal –todos mínimos-, cada día que pasa cuesta más lograr que nuestras economías resulten positivas. Nadie regala nada. Los precios –que no son los costes-, avasallan. Quienes deberían poner atención miran hacia el otro lado. No ayudan a encontrar caminos…

Solo el pueblo soberano, preparado, puede poner fin a tanta demagogia, tantos vividores que se sirven de nuestra pasividad. Ah! Luego te tildan de comunista cuando reclamas lo que en realidad te pertenece, por los años cotizados y ahora resultan cifras ínfimas, ante la carestía que agobia.

¿Quién controla? Unos pocos: los que no necesitan contar…

 

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