Mujer y juventud, piedras angulares de la nueva era. Federico Mayor Zaragoza

Unámonos todos y todas –la igualdad se refiere a todos y todas, sin excepción- a las manifestaciones de mujeres y jóvenes previstas para los próximos días 8 y 15 de marzo.
Las voces de la mujer y de la juventud, presenciales y en el ciberespacio, para propiciar los cambios esenciales y apremiantes que son exigibles antes de que se alcancen puntos de no retorno.

¡Por fin, “Nosotros, los pueblos”, como se inicia la Carta de las Naciones Unidas! En 1945 era prematuro porque el poder era absoluto masculino y la gran mayoría de la humanidad nacía, vivía y moría en unos kilómetros cuadrados. Eran seres humanos temerosos, obedientes, sumisos, silentes.
Hoy, gracias en buena medida a la tecnología digital, son muchos los seres humanos que pueden expresarse libremente,  que saben lo que acontece y, sobre todo, la mujer, marginada durante siglos, se halla en camino de desempeñar, en muy pocos años, el importante papel que, en plano de completa igualdad, le corresponde.
La humanidad hace frente, por primera vez en su historia, a procesos potencialmente irreversibles, lo que imprime un especialísimo vigor y rigor a las medidas que deben adoptarse para no alterar –lo que constituiría un histórico error- la calidad del legado intergeneracional.
Por desgracia, muchos siguen siendo espectadores impasibles en lugar de actores comprometidos, implicados. Los medios de comunicación –muchos de ellos son “la voz de su amo”- constituyen, en afortunada expresión de Soledad Gallego, una potentísima arma de “distracción masiva”.
Las comunidades científica, académica, artística, literaria, intelectual en suma, deberían, conscientes de la gravedad de la situación y las tendencias, liderar la reacción popular. Pero la maraña burocrática-cibernética que acompaña la deriva neoliberal y la gobernanza de sus grupos plutocráticos (G7, G8, G20) ha impedido hasta ahora –hay repuntes muy recientes que pueden ser de gran interés a este respecto- que se adoptaran las medidas que en el otoño de 2015 llenaron de esperanza a los más advertidos de la gravedad de las amenazas globales de un mundo en manos de irresponsables. En efecto, la Resolución de 21 de octubre de 2015 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, por la que se fija la Agenda 2030 con 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, se titula “Para transformar el mundo”. Y, de inmediato, se logra en París la firma de los Acuerdos sobre Cambio Climáticoconvencidos de que era imprescindible, pensando en nuestros descendientes, actuar de forma inaplazable.
El nombramiento del Presidente Norteamericano Donald Trump, insólito en tantos aspectos, hubiera debido tener inmediata respuesta cuando manifestó que no cumpliría los compromisos contraídos por su antecesor. La  Unión Europea, exclusivamente monetaria,  no tuvo la capacidad y firmeza de acción que era necesaria en aquellos momentos. Al contrario, siguiendo las indicaciones del magnate, el G7 decidió unánimemente incrementar los fondos para defensa (se invertían ya 4000 millones de dólares al día en gastos militares y armamento al tiempo que mueren de hambre y pobreza extrema miles de personas, la mayoría niñas y niños de uno a cinco años).
Es imprescindible un nuevo concepto de seguridad en que, junto a la de los territorios, se tenga en cuenta la alimentación, salud, educación, cuidado del medio ambiente… de los que habitan estos territorios.
“Dos tercios de la humanidad tienen comunicación móvil”, es noticia del Congreso Mundial de Móviles que acaba de celebrarse en Barcelona. ¡Qué maravilla! Este puede ser el fin de la gobernanza de los grupos plutocráticos y el inicio del reforzamiento del multilateralismo democrático, con unas Naciones Unidas a la altura de las competencias que tiene que desempeñar ahora de inmediato a escala global.
Unamos nuestras voces a las de las mujeres y jóvenes que estos próximos días llevarán a cabo los primeros pasos para incorporarnos correctamente a la nueva era.
El 1 de marzo de 2016 escribí: “Vuestra voz, / mujeres del mundo entero, / es la gran fuerza / que a de mover / lo hasta ahora inamovible. / Voz acallada / y desoída / desde el origen / de los tiempos. / Hoy se iluminan / los caminos / que recorremos / juntos, / juntas las voces, / juntas las manos, / en el inicio / de una nueva era”.

Sí: ¡unamos voces y manos!

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