Bufets libres: “Los juegos del hambre. Sergio Farrás

Dicen que la gula es un pecado capital y esto se puede ver exponencialmente cuando se acude a un buffet libre, esos escenarios donde la comida está expuesta para devorarla con el ansia más consagrada. Como pirañas  hambrientas e insaciables de carnes rojas el personal devora como si estuviesen en la selva de la Amazonia, muy lejos de las bacanales hedonistas de la antigua Roma y Grecia,  iniciándose muy chabacanamente en los misterios de aquél dios tan sibarita llamado Baco. Como en un instinto de supervivencia, van de bandeja en bandeja con la mirada fijada en las gambas y en la merluza como si estuviesen en el limbo de la gula, llenando sus platos como si hubiera un final del alimentarse y llegar al caos de la desnutrición, ¡Hay que verlos para creerlos!

Poca finura a la hora del yantar porque tampoco es que en estos sitios se practique la cocina de diseño o innovadora de gastronomía elitista. Pues en estos lugares de comida rápida y precocinada  se tira más de “fritanga” y de elaboraciones rebozadas donde se lucha por la estratégica posición. Beber e hidratarse es lo de menos, porque se suele pagar aparte y aumenta la factura final. Comer en un bufet libre es como una relación amor – odio, que viene dada por la licencia de comer sin límites y absolutamente de casi de todo.

La falta de empatía subyace en los ansiosos comensales y no hacen comunión con sus adversarios y semejantes que van a lo mismo, pues es un paraíso y un infierno a partes iguales, como un híbrido del bien y del mal para contentar la gula para poder comer igual que el pobre gorrino –con perdón-,  obviando aquello que decía el poeta: “Más de lo justo nunca comerás”. La aventurada libertad de poder comer todo lo que quieras en un mismo restaurante, choca de frente con los problemas de dolencia que esta conducta conlleva para la salud. Además de poder ser la perdición y extinción de cualquier dieta que se tercie como sana. Lugar de culto para los glotones, santuario del mal para veganos y otras criaturas mucho más aprensivas y sensibles. Es como jugar a una ruleta rusa del colesterol. “Como comieres es con lo que trabajaron tus manos”, es cita bíblica que en ésta voraz condición no se podría aplicar.

Pero donde está el verdadero riesgo y aventura de la cacería de la comida es en la plancha donde se producen unas colas interminables. Tomando posiciones en dicha parrilla el cuerpo se tensa como un muelle; se producen empujones con desprecio e indiferencia, las miradas son desafiantes y pareciendo aquello: “Karate a muerte en la plancha”.

Un señor con cara de “panceta” se embucha cómo un poseído engullendo él sólo unas chuletas grasientas y gelatinosas: una tras otra, mientras su colesterol le va aumentando con la meta absurda de batir el record de su ambulatorio.

  • ¡World record en los últimos análisis jefe! -le dijo su doctora-
  • ¿Pero esto tiene solución?
  • En su caso no. Con 130 kilos de peso y esos ojitos de voraz comilón, la ciencia para usted nada puede hacer.
  • Mire usted doctora que voy eligiendo plato por plato con mesura y al punto del sentido común!
  • ¡Hombre, pero no hace falta comérselo todo!

Esto de la gula compulsiva es conducta que circula como una droga para el adicto comensal que normalmente desconoce él mismo.   El glotón o insaciable, es una persona que no tiene medida ninguna al comer ni freno que le detenga, ya sea con un tipo de comida en particular o con comidas y bebidas en general. Él comerá vorazmente. ¡Aunque reviente!

Fray Andrés de Olmos vincula la gula con el pasaje en que Eva y Adán incurren en pecado por comer el alimento prohibido.​ La serpiente les ofrece un fruto prohibido que les hará como Dios. Es precisamente esa la raíz de todo pecado y la razón por la que el hombre acaba en la tierra donde constata que él no es Dios, que tiene limitaciones. O sea, que estamos socialmente oprimidos y zampones empedernidos por culpa de ésta pareja celestial que no supo controlar su curiosidad y vicio divino.

Se dice que el cerdo – otra vez con perdón-,  y el color naranja son simbología asociadas a la gula. En fin, que cada cual a su remedio acuda y que papee según su conciencia y entendimiento. Pues los abusos ya se sabe, que son trastornos compulsivos a la comida  pudiendo llevar a una adicción, qué aun, pareciendo inocua, acaba pasando factura como el diablo lo hiciera por nuestros pecados. Y como todo abuso de cualquier sustancia,  aunque aparentemente no parezca tóxica, siempre es condición de personalidades muy volátiles y de creencias irracionales. Más que los juegos del hambre, esto de los bufetes libres se asemeja más a una trampa y maquinación mercadotécnica de comedero para cebarnos cada vez más, e igual, este tipo de comensales tan golosos  sin saberlo no han disfrutado lo comido,  y serían capaces de ir matando de distrito en distrito como en la película que lleva este nombre tan apocalíptico.

Pues como decía François Rabelais, escritor, médico y humanista francés: “Las comidas largas crean vidas cortas”. Por lo tanto aplícate esta norma que decía el también poeta: desayuna cual Rey, con mucho tacto, como Príncipe almuerza, con recato, cena poco e invita a algún mendigo ¡Qué aprovechen!

Sergio Farras, escritor tremendita.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

A %d blogueros les gusta esto: