CHINA: THE TURNING POINT. Alfonso Duran

La República Popular China es para la mayoría de la población el gran desconocido, cuya única referencia explícita es el bazar chino más próximo, donde uno puede encontrar el más impensable de los objetos. Sin embargo, conviene estar atentos a lo que ocurre en ese gran centro de poder mundial, que puede tutear a Estados Unidos en términos de influencia.

Estos días se celebra en Pequín el congreso del partido comunista y en particular de su cúpula dirigente, que preside desde hace cinco años el también presidente de la república señor Xi Jinping.

Xi Jinping, de maneras suaves al modo oriental, cumple con voluntad firme el camino trazado para consolidar su proyecto de la China del siglo XXI. Y este proyecto personal supone un punto de inflexión respecto al auspiciado hace treinta años por el venerado Deng Xiaoping. El espíritu de consenso del líder histórico ha sido sustituido por un programa inflexible, en el que el partido toma de nuevo un fuerte protagonismo en los ámbitos político, económico y social. Se diría que Jinping quiere recordar a la población que el modelo chino, esa curiosa combinación de economía de mercado en un régimen político comunista, no va a aceptar interferencias, ni técnicas ni ideológicas. Y para ello el presidente, que no sólo controla el partido y el gobierno sino que dirige la poderosa comisión militar, ha promocionado el estudio de su pensamiento político en el mundo académico, pensamiento que se resume en un manifiesto de catorce puntos, entre los que encontramos la inviolabilidad del liderazgo del Partido Comunista y la singularidad de un socialismo con características chinas.

Algunos claros elementos de este nuevo enfoque son, por ejemplo, la instalación de unos doscientos millones de cámaras de vigilancia para controlar la vida social y reducir la criminalidad. También lo es el macroproyecto de seguridad social, que incluye indicadores como el compromiso de cada ciudadano con el proyecto político del partido para evaluar las prestaciones a conceder, incluida la concesión de créditos. En este último apartado, se seguiría una línea parecida a la que funciona en Estados Unidos con la escala FICO, que otorga una puntuación a cada persona para obtener un crédito, en base a distintos parámetros (en este caso sólo de carácter económico y no político). La presencia del partido se extiende en todos los ámbitos, con la creación de comités políticos en la mayoría de las grandes empresas, incluidas las joint-ventures. Estos comités no intervienen en la gestión, pero si comprueban que las estrategias de las empresas se ajustan a las grandes líneas de la política económica del gobierno.

Algunos observadores internacionales creen que la economía sufrirá con estas limitaciones, aunque solo el tiempo probará este futurible. Si nos atenemos a los datos más recientes, podemos ver que en 2018 el PIB creció un 6,4% y que la media de crecimiento de los últimos cinco años fue un 6,8%. Es cierto que la tasa es descendiente, pero su ratio continúa siendo muy superior al resto de países de características homogéneas. Merece la pena añadir que a pesar del contencioso chino-americano provocado por el presidente Trump respecto al comercio entre ambos países, las cifras del 2018 son espectaculares a favor de China, con un superávit a favor de este último país de 388.000 millones de dólares, lo que significa que por cada dólar que China compró a Estados Unidos, Estados Unidos compró tres a China.

En el plano exterior, China da cada día señales de la soberanía sobre sus costas marítimas, en especial sobre los mares del sur. También destaca sus continuas inversiones en países africanos, con la sorprendente instalación de una base logística militar en Djibouti, capital del propio Estado, pequeño país con una población próxima al millón de habitantes y una extensión inferior a Catalunya, pero estratégicamente muy bien situado, pues está en la boca sur del Canal de Suez.  Siguen además adelante sus macroproyectos más importantes: el Shanghai Cooperation Organisation (SCO) y el Asian Infrastructure Investment Bank (AIIB), auténticos contrapoderes frente al FMI, el Banco Mundial y la OTAN. En política monetaria, el Banco Central redujo ya el pasado año el coeficiente de reservas de los bancos, con el propósito de liberar liquidez para créditos e inversiones.

Quizás su punto débil es la natalidad. La población envejece, pues la política de control de la población (hijo único) ha dejado huella, aunque ahora ya no esté en vigor. En términos demográficos, China padece el denominado “Middle Income Trap”, cuando las economías en desarrollo producen una incipiente clase media que luego se expande, y que hace que las familias se impongan voluntariamente una limitación en el número de hijos, al priorizar otros aspectos de su vida. Claro que el tema demográfico no es exclusivo de China y es mucho más grave, por ejemplo, en países como Japón (tan próximo a ellos) y Alemania.

No sabemos si durante el congreso de este mes el líder chino aflojará un poco la cuerda y flexibilizará sus mecanismos de control, pero sí podemos intuir que, haga lo que haga, su influencia mundial será bien visible.

Antes se decía que un estornudo en Washington producía un catarro a cinco mil kilómetros de distancia. Tendremos que ampliar nuestro campo de observación y estar atentos también a lo que ocurra en Pekín, cuyo clima, por cierto, no muy saludable.

 

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