Diálogo enCambio. La conciencia como arma de defensa antiimperialista. Iván Padilla Bravo

A partir de la guerra multifactorial con la que hoy se ataca a Venezuela en un asedio desestabilizador en el campo de la economía, de la comunicación, de la energía y otros objetivos a los que apunta el imperio del gran capital, sus aparatos militaristas y algunos gobiernos lacayos de latinoamérica y el Caribe, las y los patriotas venezolanos nos preguntamos: ¿Qué es la conciencia? ¿Dónde y cómo nace? ¿Dónde se forma y se gradúa un ser conciente? ¿En la familia? ¿En la Iglesia? ¿En la escuela? ¿En el partido?

El tema de la conciencia resulta complejo de abordar porque no siempre se está hablando de conciencia de clase social sino que muchas veces se alude es a los «dos dedos de frente» que necesita un individuo para comportarse con sensatez ciudadana.

En la calle, en la acera donde se libran debates cotidianos por parte de un pueblo emprendedor, soberano e independiente, ahora mismo dialogamos entre iguales diversos. Una mayoritaria cantidad de personas ha entendido a la conciencia como conocimiento y, en el peor de los casos, asimilado como falsa conciencia. De allí la errónea tendencia de mandar a estudiar «al pueblo» para que, aparentemente, sea o se vuelva conciente.

Cónchale, este tipo no tiene ni «dos dedos dedos de frente», se suele decir cuando se quiere llamar «bruto» o ignorante a alguien.

Nadie piensa que alguien que roba o participa de un saqueo colectivo en medio de una rabia colectiva lo haga por conciencia sino más bien por falta de ella. De allí que muchas personas que presenciaron o participaron de los hechos ocurridos en Venezuela, a partir del lunes 27 de febrero de 1989 y que son conocidos, pública y comunicacionalmente como «El Caracazo» aún todavía no comprendan ni acepten la dimensión revolucionaria de la lucha de clases allí presente, sino que se queden en calificarlos como «actos vandálicos» de una masa popular «desbordada».

Es Hugo Chávez, muy probablemente antes de comandar la rebelión popular del 4 de febrero de 1992, quien entiende, estudia y nos convence más tarde, de que lo ocurrido con el llamado Caracazo fue un acto de conciencia de la clase trabajadora, del proletariado, y no una revuelta más, motivada por algún descontento colectivo.

Por esa comprensión de lo real social desde la perspectiva de la lucha de clases en la sociedad capitalista, es que Chávez -más tarde elegido (diciembre de 1998) democráticamente y convertido en Presidente de la República- asume y señala como hito referencial del proceso que él mismo lidera, al que parte nuestra historia en dos, al 27-f. Fecha ésta que estaría y está gravitando hasta el presente como razón de la Revolución del siglo XXI en Venezuela y que tiene por propósito vigente la construcción del socialismo.

Esto es algo que debemos entender. Con el Comandante Chávez nos logramos adentrar a la comprensión de lo real bajo la referencia de nuevos paradigmas simbólicos y culturales que él mismo los define -especialmente a partir de los años 2005 y 2006- como socialismo: «socialismo del siglo XXI», «socialismo a la venezolana» o «socialismo bolivariano».

Es la asunción de que la «conciencia» de la «mejor forma de gobierno» definida por el Libertador Simón Bolívar, en el Discurso ante el Congreso de Angostura de 1819, tiene concresión hoy por la superación conciente del capitalismo y la construcción de la sociedad de las y los iguales, que no es otra sino el socialismo, el comunismo dibujado en el Manifiesto escrito por Carlos Marx y Federico Engels, en 1848.

Es por la conciencia de clase trabajadora que la Revolución Bolivariana se mantiene en pie hoy pese a los duros embates recibidos desde los poderes imperiales en tan sólo 30 años de proceso (20 de ellos) intentando crear un Estado de nuevo tipo tipo, a través del Poder Popular hecho Constituyente y los gobiernos Bolivarianos que ese mismo Poder Popular ha sabido darse con rango soberano y Constitucional.

Así que -¡olvidémonos!- la escuela de aprender conciencia no existe. O, al menos no tiene paredes sino calles y campos. Y la maestra es la lucha de clases. Ilustración: Iván Lira

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