La implosión de las Torres del Derecho Internacional. Iván Padilla Bravo

«Nadie combate la libertad;

a lo sumo combate

la libertad de los demás.

La libertad ha existido siempre,

pero unas veces como privilegio de algunos, otras veces como

derecho de todos»

Carlos Max

 

El Derecho, esa edificación emblemática de las sociedades divididas en clases, fue creado para perpetuar la ficción de igualdad entre irreconciliables explotadores y explotados.

Es el Imperio de los amos del mundo el que diseña un Estado para garantizar que la acumulación originaria de capital contribuya a la perpetuación del dominio de l@s proletari@s mediante el recurso de la hegemonía.

Ese Estado cuenta -y ha contado desde su nacimiento- con el Derecho como instrumento que garantiza la ficción de igualdad y «convence», ya sea por consenso o por coerción, a l@s ciudadan@s, de que deben «disfrutar» y defender esa «igualdad».

Esta circunstancia intrínseca a las sociedades desiguales, divididas en clases o «prehistóricas» (para llamarlas como las denominaba Marx) es, precisamente una de las que más dificulta el poder pensar, diseñar o tener un Estado de nuevo tipo en la transición (socialismo) hacia la verdadera sociedad de l@s igual@s, que es el comunismo.

Y allí, en esa batalla revolucionaria de las ideas o lucha contrahegemónica, el Derecho ha logrado salir, hasta el presente, ileso e intocado como ficción dura de roer. Es decir, seguimos alienados ante la falsa conciencia de igualdad inventada por el capitalismo al equiparar a todos los individuos con mercancías que se intercambian «por igual» en las relaciones de producción.

Lo que brevemente explicamos en líneas precedentes es, precisamente, lo que nos puede ayudar a entender que el capitalismo haya logrado edificar la «Torre» del Derecho como un símbolo mucho más sólido que el del capital financiero (Torres gemelas de New York) implosionado por decisión de los amos del mundo, a través del Pentágono, aquel 11 de septiembre de 2002.

Por eso, hoy, el capitalismo decadente, quiere implosionar a su «Torre» del Derecho -tal como lo logró con el Word Trade Center- y desesperado atenta contra los Estados-naciones y, particularmente, con el llamado Derecho Internacional.

¡Entendámoslo! Las aparentes «loqueras» del actual dictador que gobierna EEUU, Donald Trump, al atacar a Venezuela, como lo hace, no es un hecho aislado. Esa guerra multifactorial: silenciosa, psicológica, tecnotrónica, económica, mediática, eléctrica, forma parte del desespero imperial por destruir a los pueblos antes de que alcancen sus definitivas victorias independentistas, soberanas, antiimperialistas, socialistas. Forma parte del esfuerzo desesperado por alcanzar un Estado único y global, antes de que la clase trabajadora del mundo, unida, logre conquistar la victoria del proletariado frente al dominio del capital.

La implosión de las torres del Derecho es hoy el objetivo inmediato de los actuales amos del mundo, del Imperio del capital. Venezuela es una excusa para ellos, pero no es casual: resulta que Venezuela desarrolla la Revolución Bolivariana como esperanza patria, pero también como vanguardia proletaria en la liberación total.

Definitivamente… ¡Venceremos!

Ilustración: Iván Lira

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