2 años de Lenín Moreno: Giro total a la derecha Eduardo Tamayo G.

En dos años acabó con los grandes logros conseguidos por Rafael Correa. ¡Que horror!

Acordar con el FMI, aumentar el desempleo y la pobreza, gobernar con y para los adversarios de derecha y Estados Unidos, entregar a Assange y profundizar la persecución contra opositores, caracterizan los dos primeros años del gobierno de Lenín Moreno.

Triunfar con los votos de la izquierda y gobernar para la derecha

Lenín Moreno asumió la Presidencia de la República del Ecuador el 24 de mayo de 2017. En la segunda vuelta electoral del 2 de abril de 2017, se impuso con el 51,16 % de votos frente al 48,84% obtenido por el banquero Guillermo Lasso. Su programa apuntaba a la continuidad de la Revolución Ciudadana que se inició en 2007 con Rafael Correa, aunque prometiendo corregir errores e impulsar otro estilo de gobierno, menos confrontativo y más inclusivo y dialogante.  Si bien ganó con un margen apretado, Alianza País, el partido que le permitió el triunfo, obtuvo una cómoda mayoría en la Asamblea Nacional que le posibilitaba al gobierno de LM superar los problemas económicos y asegurar la gobernabilidad.

Paulatinamente, sin embargo, LM dio un giro de 180 grados hacia posiciones de derecha y ultraderecha, cumpliéndose ese viejo axioma de que se triunfa con la izquierda y se gobierna con y para la derecha. Moreno no solo asumió los planteamientos y el programa de los adversarios de la Revolución Ciudadana (1), sino que echó a todos los funcionarios correistas o sospechosos de serlo e incorporó a su gabinete a todos aquellos que no votaron por él y ahora son los que toman las decisiones del gobierno.

Un caso de este tipo no se ha visto en el periodo democrático inaugurado hace 40 años en el Ecuador. Sin embargo, algo parecido sucedió con el expresidente Lucio Gutiérrez que ganó las elecciones apoyado por la izquierda representada por Pachakútic y el Movimiento Popular Democrático y al cabo de unos pocos meses, se declaró el “mejor amigo de Estados Unidos” e impuso un programa neoliberal dictado por el Fondo Monetario Internacional (FMI), apartando de su gabinete a los ministros de izquierda, al tiempo que sus organismos de inteligencia elaboraban listas de opositores y reprimían a dirigentes sociales y periodistas.

Como veremos luego, el viraje a la derecha de LM le supera con creces al del coronel Lucio Gutiérrez, con una notable diferencia: a Gutiérrez poco se le puede reprochar porque él es un militar de inteligencia muy bien entrenado por EEUU en las “artes” del engaño y la manipulación para obtener determinados objetivos. LM, en cambio, proviene de las filas de la izquierda, en su juventud militó en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria y luego de que éste se dividió, se dedicó a actividades empresariales. Esta adscripción a la izquierda fue lo que le sirvió para ser propuesto como candidato a la Vicepresidencia de la República junto con Rafael Correa, cargo que ganó y ejerció durante seis años (2006-2013), y luego desempeñarse como Enviado Especial del Secretario de la ONU para las discapacidades en Ginebra, Suiza.

Ahora se conoce que en su estancia en Ginebra, y en momentos en que ya era un hecho su designación como candidato a la Presidencia para el 2017, jugaba a dos bandas: por un lado mantenía conversaciones con Rafael Correa – el principal responsable de su designación, ya que las encuestas le favorecían a Moreno y no al vicepresidente Jorge Glas- o con sus delegados y con ellos planificaba la campaña. Pero también se reunía con otros “asesores y amigos”, como Santiago Cuesta y empresarios de derecha, que son los que le marcaron la ruta y ahora son los que están en el poder.

Moreno engañó a todos. El discurso del candidato Moreno no admitía dudas. Siempre hablaba a favor de la Revolución Ciudadana, a la que calificaba como “leyenda”, en tanto se deshacía en lisonjas a Rafael Correa. Jamás habló de corrupción, ni siquiera se conoce que haya hecho alguna crítica a la gestión del gobierno. Todo eso le sirvió para ganar las elecciones, porque una mayoría de ecuatorianos, antes que por su persona, votó por un proceso, que debía continuar con las respectivas rectificaciones.

Pocas semanas después de asumir el poder, salió a flote el verdadero Moreno, el Moreno que estaba escondido, el Moreno con mentalidad empresarial y pro-imperio.  Tras denostar a la masa correista que voto por él, se reunió con los banqueros, los dueños de los medios de comunicación corporativos, con el socialcristiano Jaime Nebot (en ese entonces alcalde de Guayaquil), con el expresidente Abdalá Bucaram, que retornó tras varios años de exilio en Panamá (según Rafael Correa, Moreno pactó con Bucaram y le entregó la Corporación Nacional de Electricidad del Ecuador,  aunque el gobierno lo desmiente)  y, por supuesto, con el embajador de Estados Unidos en Ecuador, Todd Chapman, que retomó las funciones de “Virrey” del imperio en Ecuador como pasaba, por ejemplo, en el gobierno de derecha de León Febres Cordero (1984-1988).  A partir de ahí, ya se podía predecir los alcances del viraje de LM, que también jugó hábilmente, cooptando o neutralizando a algunos dirigentes indígenas y sindicales críticos a las políticas y medidas de Rafael Correa.

LM, paulatinamente, fue despidiendo a los ministros y funcionarios que le apoyaron para elegirse como Presidente y que mantenían una línea progresista y habían sido parte del gobierno de Rafael Correa.  (2) Quedaron únicamente en su gabinete, los ministros empresarios: Pablo Campana (ministro de Comercio Exterior, y representante del grupo económico Nobis),  Carlos Pérez (ministro de Energía, exempleado de la transnacional Halliburton), Eva García (ministra de Industrias y Productividad, actualmente embajadora de Ecuador en Perú), Enrique Ponce de León (ministro de Turismo, ejecutivo de la cadena de hoteles Decamerón), más el exdirigente indígena de la CONAIE Humberto Cholango y la exasambleísta afro Alexandra Ocles.

Y LM completó el gabinete con algunas personas que apoyaron la candidatura presidencial del banquero Lasso: la actual Ministra del Interior María Paula Romo públicamente anunció su votó por Lasso, en tanto que una de las primeras acciones de Richard Martínez, tras ser nominado como Ministro de Economía y Finanzas el 14 de mayo de 2018, fue visitar a Lasso buscando su consejo. Martínez era vocero del Comité Empresarial Ecuatoriano.  (3)

El giro a la derecha le costó a Gutiérrez el ser expulsado del poder el 20 de abril de 2005 por el pueblo movilizado de Quito, al cabo de 27 meses en el poder, con la anuencia de la cúpula militar y sin que nada pudieran hacer sus “mejores” amigos de la Embajada de EEUU. Esto no ha sucedido, sin embargo, con LM, pese a que ha adoptado todas las medidas que motivaron la caída de otros gobiernos (alzar los combustibles, propiciar el retorno de Bucaram, firmar con el FMI, declarase pro-gringo, incumplir el programa de gobierno inscrito en el Consejo Nacional Electoral, impulsar la flexibilización laboral y un agresivo proyecto de privatizaciones junto al ajuste estructural).

LM cumple dos años en el poder, pero con altos niveles de desaprobación, lo que refleja lo que piensa la ciudadanía sobre su gestión.

Según la encuestadora Perfiles de Opinión, al 29 abril de 2019, solo el 24% de ecuatorianos/as aprobaba la gestión de LM y hace un año la cifra bordeaba el 51%. La credibilidad del LM es del 16% y hace un año era del 40%. El 67% de los que votaron por el primer mandatario ahora están arrepentidos.

Esta desaprobación se refleja en protestas y manifestaciones de sectores afectados por los planes de ajuste que, evidentemente, no tienen la masividad y la contundencia con la que el pueblo ecuatoriano enfrentó en décadas pasadas a los gobiernos neoliberales. Por el contrario, los sectores beneficiados por las políticas de LM siguen apoyándolo, sin descartar que si hay una fuerte presión social puedan cambiar de opinión. Entre estos están los banqueros e importadores, grandes medios de comunicación privados, la alta cúpula militar y de la Iglesia, partidos de derecha como el Social Cristiano, y, por supuesto, la Embajada de EEUU.

Dos años de gobierno de LM es un buen motivo para hacer un balance de su gestión.

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