Diálogo en Cambio. El conquistador y la guerra silenciosa de siempre. Iván Padilla Bravo

Luego de más de cinco siglos de la conquista de las monarquías europeas en AbyaYala el afán por conseguir el arrepentimiento de los conquistados sigue siendo el gran objetivo imperial capitalista.

Han cambiado cosas y la manera de producir los bienes materiales en nuestras sociedades no es exactamente la misma aunque hasta el presente siga haciéndose históricamente en condiciones de  lucha de clases.

El indígena que sobrevivió a los ataques de espadas, arcabuces y cruces del conquistador muchas veces terminó obligado al arrepentimiento por su resistencia a la «verdad» imperialista.

Ese arrepentimiento podía expresarse como vergüenza étnica o «limpieza» y blanqueamiento de la negritud cimarrona predominante en los esclavizados traídos de África.

Las y los «inferiores» sobrevivientes de aquellas gestas estaban obligados a mostrar su arrepentimiento por los «pecados» cometidos «de palabra, obra u omisión». Tenían que hacerse cristianos, bautizar, recibir el agua de manos de cualesquiera de las iglesias que empezaban a proliferar en la Europa católica, anglicana, luterana, bautista, pentecostal o la que fuera, siempre inspirados en el supuesto «Dios único» de  una explotación y pensamiento igualmente únicos: «¡arrepiéntanse!» era el mandato de quienes estaban obligados a matar la conciencia, el pensamiento de preclaridad genuina propio de los pueblos cuyas culturas habían nacido de una genuina relación de equilibrio con toda la naturaleza y con el universo.

Poco ha cambiado desde entonces al presente. El neoconquistador es tan imperialista y monárquico como entonces, sólo que ahora cuentan con tecnología, armas y laboratorios para seguir declarando, de manera unilateral, sus guerras contra la humanidad, contra los pueblos explotados y depauperados.

La guerra silenciosa de la generación bélica que ellos mismos cuantifican ya alcanza al menos a cuatro: «guerra de IV generación». Todas para perpetuar al dominio, determinar una masa de dominados y ejercer su hegemonía dejándolos de toda memoria, de toda  conciencia.

Siempre bajo el mandato del arrepentimiento. Arrepentimiento por «desalmados» (el propio conquistador y los jerarcas de sus iglesias así nos calificaron: ¡no tienen alma!), arrepentimiento por rebeldes y subversivos, arrepentimiento por comunistas, por socialistas, por chavistas.

Con la actual guerra multifactorial que está desplegada contra Venezuela, el propósito imperial no es otro que el asesinato de nuestra conciencia, de nuestra Memoria. Es el memoricidio y, dentro de esa categoría, que nos arrepintamos de ser culturalmente diversos, libres e irreverentes. En fin, que nos arrepintamos de ser chavistas.

Por eso Venezuela. Pero esta Patria no se vende ni se arredra. Hemos decidido ser libres y, por muy poderoso que sea el Imperio, ganaremos la pelea.

Ilustración: Iván Lira

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