Diálogo enCambio. El auténtico Maduro es un pueblo maduro. Iván Padilla Bravo

Cuando la burguesía explotadora que oprime mundialmente a la clase trabajadora ataca mediáticamente al presidente venezolano Nicolás Maduro, a quien en realidad quiere destruir es al auténtico maduro. Es decir, quiere destruir a la clase llamada dialécticamente a superar históricamente las desigualdades de la explotación. Quiere acabar con el pueblo trabajador, proletario, que gracias a la Revolución Bolivariana y al ejemplo militante de su líder fundador, Hugo Chávez, ha logrado profundizar en su conciencia de clase.

Hace unos pocos años, en Venezuela, la derecha en funciones políticas resultó victoriosa en las elecciones parlamentarias, logrando un mayoritario número de curules en la unicameral Asamblea Nacional.

El engolosinamiento con la victoria en uno de los cinco poderes que conforman constitucionalmente al Estado venezolano llevó, a esa derecha recalcitrante y entreguista a los intereses del Imperio yanqui-sionista, a desesperarse en uno de sus macro objetivos inmediatos de deponer  al presidente constitucional, Nicolás Maduro.

Envalentonados, los derechistas con control mayoritario sobre la Asamblea Nacional, propinaron ataques arteros contra la simbología Bolivariana de nuestra Revolución y, por eso eliminaron del salón de sesiones el cuadro con la imagen del Libertador Simón Bolívar y de la parte superior del edificio administrativo del Poder legislativo la pintura que representa los ojos del Comandante Hugo Chávez.

Dos símbolos claros de la Revolución Bolivariana y Chavista se desaparecieron de un plumazo por querer -esa derecha rancia y pitiyanqui- acelerar el objetivo de borrar toda memoria libertaria e independentista en pleno siglo XXI.

El otro objetivo de su desesperada guerra imperialista, ya no tan simbólico sino muy tangible, era y sigue siendo, el presidente Nicolás Maduro como expresión de mando Ejecutivo, militar (comandante en jefe de la FANB) y partidista (presidente del PSUV) elegido democráticamente por el pueblo venezolano. A éste se le quiere asesinar mediante magnicidio, se le quiere destituir mediante golpe de Estado, pero también se le quiere borrar del pensamiento común y generalizado de los venezolanos que lo aceptamos como figura real comprometida con el pueblo venezolano y con el legado del Comandante Chávez.

La derecha imperial, a través de sus laboratorios y del manejo mediático de sus mentiras, de la falsificación o ignorancia de la verdad, mediante la banalización de la misma o de su supresión, consigue a diario poner en duda a individuos o sectores de la pequeñaburguesía que terminan «olvidando» a Chávez, dejando de usarlo como ícono representativo o, simplemente obviándolo. Matar a Chávez después de muerto o «diosificarlo», tal como se hizo al comienzo de nuestra era histórica con Jesús el Nazareno, rebelde palestino que por sus luchas libertarias y antiimperialistas fue asesinado en la cruz, es una de las tantas maneras de aplicar el memoricidio en el pueblo.

Se trata de una misma estrategia imperial de todos los tiempos para borrar de la memoria de los pueblos sus referentes libertarios, tal como ocurre en nuestra particular historia venezolana y Nuestroamericana con casos como el del Libertador Simón Bolívar o, ahora, con el Libertador del siglo XXI Hugo Chávez Frías.

Matar la memoria es un objetivo primordial de los amos del mundo. Por eso también hoy se apunta contra Nicolás Maduro. Y no es porque sea malo o bueno, más o menos chavista que el mismísimo Chávez o «culpable» de las consecuencias de la guerra multifactorial que se desarrolla y agudiza contra Venezuela. Es, sencillamente, porque Maduro representa actualmente a un pueblo maduro y consciente que -entre defectos y virtudes- avanza hacia su definitiva independencia y la construcción de la sociedad socialista.

El auténtico maduro es Maduro pero, por encima del individuo, es un pueblo antiimperialista que está en la guerra para acabar con todas las guerras y consolidar la libertad, de Venezuela, de Nuestramérica, del mundo, de la humanidad.

 

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