Las Patronales. Afons Duran

Siempre me ha llamado la atención que los empresarios (la propiedad) y sus representantes (los directivos) se asocien para defender sus intereses corporativos. Comprendo que para temas concretos que afectan al conjunto de las empresas (cualquiera que sea su dimensión) se organicen puntualmente y hagan oír sus argumentos a quien corresponda. Por ejemplo, me gustaría que las patronales vinculadas al territorio catalán defendieran frente a la Administración central del Estado los sucesivos recortes en infraestructuras, déficits fiscales históricos, incumplimiento en la realización de inversiones presupuestadas, etc. No hacen nada. Apenas levantan la voz o incluso coquetean con un Estado que va en su contra.

Y todo esto llama la atención, porque esas carencias de naturaleza estructural afectan de verdad a la tan manoseada competitividad de sus empresas, lo que me lleva a pensar que no dominan su oficio.

Lo que sí parece que les preocupa es figurar en fiestas y festejos, donde expresan sus quejas frente a cualquiera que cuestione su papel. Ahora han salido en tromba al verse desplazados de sus poltronas en la Cámara de Comercio de Barcelona. Y lo harán sucesivamente si ven indicios de cambio en cualquiera de las instituciones que controlan.

Lo cierto es que un empresario y/o un alto ejecutivo de verdad se dedica a su propio proyecto, a no ser que lo haya arruinado por mala gestión y se busque un espacio para seguir ejerciendo de rentista. Cuando en alguna de esas instituciones (por ejemplo la CEOE) se hacen públicos oficiosamente los emolumentos de algunos de los miembros de sus juntas y/o las indemnizaciones cuando son apartados del cargo, uno se pregunta cuál es el fin último que persiguen.

Las patronales son organizaciones caducas que pertenecen al pasado. Si damos un vistazo a sus presidentes en los últimos cuarenta años, veremos que hay mucho boato y poco management. El señor Sánchez Llibre, por ejemplo, presidente del Foment del Treball, es hijo y hermano de empresario, pero éste no es su oficio pues ha ejercido siempre de político profesional, lo que significa que una parte de sus ingresos siempre han procedido de los Presupuestos Generales del Estado. Seguro que como buen relaciones públicas ha encontrado sus compensaciones (no olvidemos su constante presencia en el lobby Puente Aéreo), pero lo que se dice “crear, dirigir y desarrollar un proyecto empresarial privado”, es algo que se le escapa.

Claro que los directivos de las patronales cuentan con el apoyo, a veces voluntario y a veces ingenuo, de los medios de comunicación y en particular de las líneas editoriales que marcan férreamente sus propietarios, en el caso de medios privados. Sobre los medios públicos catalanes, mejor aparcar el tema: son incapaces de comprender la diferencia entre patronales, sus juntas de gobierno, las empresas locales, las multinacionales, los autónomos, etc. Dicen que cuando no se sabe suficiente, mejor es callarse. No lo hacen.

Ahora por ejemplo ha surgido el tema, que no es nuevo, del consumo y su implicación política. El concepto es muy claro: consumir productos y servicios que estén próximos a tu ideario. Ideas como el comercio justo, las frutas y verduras de proximidad, los productos “ecológicos”, etc. siguen esta trayectoria. La ANC ha ido más allá, cosa que me parece perfecta, defendiendo la tesis de que los consumidores independentistas compren y consuman marcas asociadas a ese ideario, en el sentido más amplio del término: desde lo que compro en el mercado, a la entidad financiera en la que deposito mis ahorros, pasando por la compañía aseguradora de mi coche o casa, hasta la contratación de suministros básicos: agua, luz, telefonía, etc.

A mí me gusta regar con un buen vino los ágapes cotidianos, y ya hace muchos años que mis tintos van del Priorat a Terra Alta, del Montsant a Costers del Segre y otras denominaciones, y mis blancos del Penedés al Empordà. A veces, excepcionalmente, tomo un Ribera o un Burdeos.

De la misma forma compro en Atmetller Origen, en Bonpreu o en Esclat y no lo hago en el Corte Inglés, ni en Mercadona ni en Carrefour.

Y todo esto lo hago porque me siento próximo a esos proveedores y no a los otros. Porque tengo derecho a decidir, cómo mínimo en ese pequeño ámbito de mi privacidad.

Ante el movimiento estratégico de la ANC han saltado inmediatamente los presidentes de las patronales Foment y Pimec, señores Sánchez Llibre y González, con declaraciones extemporáneas en las que aparece el código boicot y sus perniciosos efectos. Seguramente ni el señor Sánchez Llibre ni el señor González saben lo que le sucedió al señor Charles C.Boycott, en la Irlanda de finales del siglo XIX, porque si lo supieran quizás comprenderían lo que significa el “consumismo político”.

Si dos millones de independentistas catalanes se apuntaran a esta corriente, los poderes del establishment del Estado y sus representantes en la Catalunya autonómica se pondrían muy nerviosos.

Hay otros caminos frente a la represión que seguir yendo con el lirio en la mano.

 

 

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