Entre Pablo Escobar y el Chapo, la complicidad argentina

Por Carlos del Frade

(APe).- En el año 1625 apareció la palabra “complejo” en el idioma castellano, según explica Joan Corominas en su notable “Diccionario Etimológico”. Venía del latín complexus, que abarca, participio del verbo complector, “yo abarco, abrazo”. Aquel vocablo derivó en complicar, cómplice y luego complicidad. La asociación para cometer un crimen. “Con”, significa todo, junto, “plexus”, plegado, entrelezado, más el sufijo “dad”, cualidad. Y más allá de la etimología de la palabra, complicidad puede definirse como la “participación de una persona junto con otras en la comisión de un delito o colaboración en él sin tomar parte en su ejecución material”. Otra acepción es la “relación que se establece entre las personas que participan en profundidad o con coincidencia en una acción”.

El sábado 13 de julio de 2019, la ministra de Salud y Desarrollo Social de la Nación, Carolina Stanley, sostuvo que “hay una decisión de Gobierno clarísima de combatir el narcotráfico” y consideró que “no hay connivencia, ni con el narcotraficante ni con el mafioso”.

La funcionaria dijo además que en los ocho años que trabajó con Macri en la ciudad de Buenos Aires “veía lo que había crecido la droga”, y desde la gestión nacional “o se miraba para otro lado o había complicidad”.

“No había combate al nacotráfico, y no hay otra explicación para no hacerlo”, dijo Stanley, que contó que cuando llegaron al gobierno “gobernadores y ministros provinciales del área pedían ayuda” para combatir el tema.

Opinó que “cuando no combatís al narcotráfico y sostenés que somos un país de tránsito, mientras las cocinas de droga brotaban alrededor, es porque negás la realidad y mirás para otro lado”. Consideró que lo que también permitió que “la droga creciera tanto en los últimos 12 años” es “la naturalización del consumo, por sentir que no pasa nada”, y “la accesibilidad, es decir conseguir la droga en todas partes”.

En la misma semana que la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, sostiene que la Gendarmería Nacional es mejor que cualquier escuela para educar a las pibas y los pibes; en la misma semana que fue condenado el “Chapo” Guzmán en el corazón del imperio que lo ungió como principal naroctraficante del planeta tal como lo había hecho treinta años antes con Pablo Escobar Gaviria; en estos mismos días es necesario discutir qué se entiende por complicidad.

Si la Argentina, país narco, tuviera un recorte en su historia entre la caída de Escobar, el 2 de diciembre de 1993, y la sentencia contra el Chapo, el miércoles 17 de julio de 2019, hay un segmento de 26 años en el que varios gobiernos, de distintos signos, fueron protagonistas del crecimiento exponencial de uno de los cinco grandes negocios del capitalismo en los últimos sesenta años.

Desde Menem a Macri, la Argentina devino en país de alto consumo a plataforma de exportación de cocaína y drogas sintéticas, tal como lo marcan los informes de las Naciones Unidas de los últimos cinco años.

Los propios números del Ministerio de Seguridad de la Nación, las cifras de la cartera que maneja la señora que sugiere a la Gendarmería como la nueva meca educativa, dicen que la circulación de la cocaína creció aproximadamente un 90 por ciento y las metanfetaminas por arriba del 200 por ciento.

En forma paralela, los puertos de Canadá, España, Francia y distintos lugres de África y Asia dan cuenta, a través de las noticias, en los últimos cuatro años, de la llegada de toneladas de drogas procedentes de la Argentina.

De tal forma, entonces, más allá de los deseos de la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, hay que decir que el gobierno del ingeniero Macri es cómplice del crecimiento imparable del negocio del narcotráfico.

La desarticulación del SENASA generó que por los puertos y aeropuertos argentinos entre y salga cualquier cosa sin voluntad alguna de control de parte de aquello que alguna vez se llamó estado.

Decenas y decenas de integrantes de fuerzas de seguridad nacionales están procesados por formar parte de bandas narcos a lo largo y ancho del país, mientras funcionarios de la Aduana fueron detenidos sin explicarse, hasta ahora, si sus responsabilidades son individuales o funcionales a una matriz de negocio paraestatal, tal como se desarrolló desde la dictadura hasta el presente.

A diferencia del final del siglo diecinueve en que la Argentina fue construida como la granja del taller del mundo de entonces, el imperio inglés; hoy, casi a principios de la tercera década del tercer milenio, en la nueva y perversa división internacional del trabajo, aquel sueño de Belgrano y Juana Azurduy se ha convertido, en forma paralela a geografía estragada por sus bienes naturales, en base de exportaciones ilegales como el contrabando de armas y el narcotráfico.

Sí, señora Stanley, desde el final de Pablo Escobar Gaviria al final del Chapo Guzmán, los gobiernos argentinos son cómplices del desarrollo del narcotráfico por permitir esta nueva función del país en el planisferio de los grandes negocios del capitalismo.

Foto: Nick Wiebe

Edición: 3909

 

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