¡ QUE VIENE LA DERECHA ! Alfons Duran

Con este manoseado eslogan, el ciudadano Sánchez ha conseguido los votos suficientes como para ser elegido presidente del gobierno del Estado español. Ahora nombrará a sus ministros, se supone con la misma sensibilidad que demostró nombrando al siniestro ciudadano Borrell como responsable de Asuntos Exteriores. También deberá incluir, en posiciones menos notorias, a algunos chicos y chicas de Unidas-Podemos, todos ellos ansiosos de pasar de la Academia al Gobierno, es decir, de la teoría del aula a la realidad de la calle. De pagar el café a un colega en el bar de la facultad a gestionar presupuestos públicos de millones de euros. Un salto en el vacío a cargo del contribuyente. Y aquí paz y allá gloria.

El ciudadano Sánchez es un hombre de mediana edad, alto y bien plantado, que ha ejercido de funcionario del Estado y seguirá ejerciendo como tal en un puesto de mayor relevancia. En este sentido, no es mejor ni peor que el ciudadano Casado, con un perfil similar en su trayectoria profesional.

Ideológicamente las marcas que ambos representan tienen un nexo común: la inquebrantable unidad de España (la indisolubilidad), que es algo así como la infalibilidad del Papa, esos conceptos etéreos que probablemente Diderot calificaría de memeces. Los señores Sánchez y Casado son empleados públicos y se deben al Estado. Y el Estado español es estructuralmente el mismo que a partir de 1714 hizo tabla rasa con la diversidad nacional del territorio, con especial dedicación a Catalunya, nación que pasó a ser una colonia que vio como exterminaban a sus líderes, suprimían sus leyes, trataban de anular sus formas de vida, liquidaban sus instituciones y prohibían su lengua y su cultura. Para asegurar el nuevo orden, el Estado impuso las fuerzas de ocupación de matriz castellana.

El Estado español pivota sobre una tríada constituida por la monarquía, la burocracia civil y militar (que sustituyó progresivamente a la corte), y el pueblo llano (el de “vivan las caenas”), que ha dejado de ser siervo para transformarse en consumidor alienado, siempre solícito a las proclamas de la “autoridad competente”.

En este marco, uno puede poner el cromo que quiera, pues la colección está completa y cerrada. Es por ello que el eslogan sobre “que viene la derecha” no tiene la menor credibilidad. El pack completo del Estado español es de derechas, reaccionario, anti-ilustrado. Está en los genes y sobre todo, como diría Dawkins, en los memes. De ahí la intolerancia, la violencia, el maltrato, la corrupción, el amiguismo, la desidia, el griterío, la ordinariez. La burda maniobra de identificar a Vox con todo ello es una trampa. No hay diferencias significativas entre sus cabezas “pensantes” y las de los líderes de los partidos hegemónicos (PP y PSOE). Solo hace falta repasar la carrera política de personajes como González, Aznar, Guerra, Rajoy, Bono, Rato, Díez, Acebes, Rodríguez Ibarra, Álvarez-Cascos, Griñán, Sáenz de Santamaría y otros muchos. Calificarlos como políticos democráticos es un sinsentido.

Y este conjunto viene arropado por los distintos estamentos institucionales (tribunales, consejos, juntas, corporaciones, etc.), estamentos nutridos por gentes que han alcanzado su posición gracias a las presiones de los anteriores, en ese melting pot castizo en el que los poderes ejecutivo, legislativo y judicial se mezclan groseramente e intercambian posiciones según convenga. Y si alguien se mueve  –como dijo el graciosillo Alfonso Guerra– no sale en la foto. Y si elevas la voz críticamente, la taparán con el himno de la legión (“soy un hombre a quien la suerte hirió con zarpa de fiera; soy un novio de la muerte que va a unirse en lazo fuerte con tal leal compañera”). Este es el vivo retrato del país en el que usted vive, por si no se había enterado.

En cuanto a Catalunya y su contencioso con el Estado, que cualquier político experimentado (y no los mequetrefes -véase el María Moliner- que venimos soportando desde la falsa Transición) hubiera resuelto con un referéndum pactado, sigue en zona de bloqueo. Los españoles no van a mover pieza porque son incapaces de comprender el estado de la situación. Solo hay que ver el programa del proyectado gobierno PSOE-Unidas Podemos, en el que el tema catalán es uno más de los diez temas clave (junto a la “España vaciada”, el “derecho a una muerte digna” o “la lucha contra el cambio climático”), sin darse cuenta de que es “el tema nuclear” por excelencia, cuya no resolución conduce a un camino sin salida. Insistir en que el problema en Catalunya es de convivencia es una cretinez, en la tercera acepción que el maestro Charcot (el padre de la neurología moderna) utilizaba en sus lecciones clínicas.

La opción de Esquerra Republicana de Catalunya de permitir con su abstención el nuevo gobierno Sánchez, no es internamente relevante, pero aclara los malentendidos respecto a la independencia. Catalunya es ahora, de forma transparente, una copia actualizada de la Francia de Vichy, con unas fuerzas de ocupación, unos colaboracionistas y una resistencia. Se trata de decidir si uno está cerca de Jean Moulin o de Pierre Laval. Se han acabado las ambigüedades.

La pregunta es: ¿Y yo, dónde estoy?

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