Diálogo en ADN. Entre la octava y la cuarta estrella en una guerra simbólica. Iván Padilla Bravo

Cuando el Comandante Hugo Chávez, en su condición de Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, en ejercicio de sus funciones, tomó la decisión de liderar los procesos para dar cumplimiento al Decreto emanado por el Libertador Simón Bolívar, de incorporar la octava estrella en nuestra bandera, lo hacía siguiendo los argumentos históricos esgrimidos por el Padre de La Patria para reivindicar a la provincia de Guayana y su determinación dentro de las luchas independentistas en Venezuela.

El oposicionismo ultraderechista y archireaccionario en el país, tomó de inmediato la decisión de negarse a tal incorporación de esa octava estrella y, en un acto de sumisa irracionalidad, desplegó por todas partes una batalla para, en el plano hegemónico, «doblegar» a Venezuela y mantener al pabellón patrio tan sólo con las siete conocidas hasta entonces.

No se trató en ningún momento de una polémica argumentativa con determinación política e histórica por un símbolo patrio. No. Una vez más el servilismo de la oposición apátrida se colocaba en el bando ultraconservador y proimperialista empeñado en desestabilizar a Venezuela y vencer a la Revolución Bolivariana para mantener la hegemonía yanqui-sionista en un pueblo que está decidido a ser libre y no seguir siendo parte del «patio trasero» de los EEUU.

En las guerras unilaterales y multifactoriales, planificadas y ejecutadas por los amos del mundo, la cazada por el hegemón contra Venezuela y con el tema de la octava estrella,también la perdieron mientras nuestra Patria, una vez más, reafirmaba su soberanía y decisión de resistir y vencer.

Guardando las distancias, diferencias históricas y características de cada pueblo, me quiero referir a la reciente agresión, en lo simbólico, que un periódico danés acaba de hacer contra la bandera de China, al reemplazar muy alegremente las cuatro estrellas características de la misma y ubicadas en el cuadrante superior izquierdo.

Lo cierto es que el periódico Jyllands-Posten, de Dinamarca, y el caricaturista Niels Bo Bojesen, autor del dibujo, han sido demandados públicamente -por el Embajador de China en Dinamarca- para ofrecer disculpas a la República de China, objeto de una afrenta en el plano simbólico al haber sido intervenida su bandera, modificando intencionalmente elementos de la misma.

Guardando las distancia entre los casos de las banderas venezolana y china, lo cierto es que entre la octava y la cuarta estrella, hay similares expresiones de agresión imperial supremasista contra pueblos a los que el hegemón mundial considera «inferiores» o susceptibles de ser sometidos, degradados o banalizadas sus  soberanías y luchas.

Plantear comparativamente el tema es una invitación a reafirmar la lucha contrahegemónica de los pueblos y a estar alertas ante las permanentes y reiteradas agresiones imperiales, que no debemos dejar pasar y ¡NO PASARÁN!

Ilustración: Jyllands-Posten. Dinamarca

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