Covid-19: La gran mentira. Umberto Mazzei

Un millón de contagiados en Brasil y 51 mil muertos demuestran que la mortalidad del Coronavirus es apenas del 5%. Esa tasa de mortalidad es confirmada por las estadísticas que conjuga el John Hopkins Institute. La cantidad de contagiados a nivel mundial llegó a un tope de 10 millones de los cuales murieron 500.000 de nuevo una tasa de mortalidad del 5%

El Coronavirus al final de las cuentas no resulta tan peligroso, pues tiene la misma tasa de mortalidad que una epidemia de gripe cualquiera. Lo que hace peligroso el Coronavirus es la campaña de atemorización evidente que es obviamente coordinada entre políticos y grandes medios lo cual es siempre indicio de grandes crímenes y conjuras contra la gente. El aspaviento construido sirve a los gobiernos para violar derechos y libertades ciudadanas garantizadas por las constituciones con el pretexto de proteger la salud pública. Lo más grave es la censura ejercida por las policías contra cualquier opinión divergente que aparezca en las redes sociales calificándola a priori de bulos y actividades subversivas.

El hecho de que en España el PP haya apoyado la Propuesta de gobierno PESOE/Podemos de convertir en obligatorio el uso del bozal en la vía pública, es significativo. PSOE y PP tienen tantas coincidencias cuando se trata de obedecer directivas venidas ajenas de lo alto que bien pudieran ser un solo partido el PPSOE. Las complicidades puntuales del Partido Ciudadanos, una especie de Partido Macronista, confirman que vienen de afuera las ordenes de confinar a domicilio bajo vigilancia policial a la entera población. Eso convierte a cada país en un gran Campo de Concentración. Un experimento que no augura nada bueno para el próximo futuro, cuando golpee el hambre causada por el desplome del entero sistema financiero internacional que ya es cosa anunciada por entidades internacionales serias: el FMI (Washington), la OCDE(Paris) y el BIS

Lo que más asombra es el dócil sometimiento de la gente ante tantas necedades. Cierto que ya Nietzsche dijo que “La locura individual es rara, pero en grupos, partidos y naciones, es la norma.” Esta vez el pavor al Coronavirus ha sido fomentado en una complicidad de gobiernos, grandes y entidades públicas a cargo de la salud como la OMS.

La paciencia pública con la necedad de tratar a la mayoría sana como si fuera fuente de contagio. La paciencia pública con tanta necedad se agota. En Francia el pasado 8 de julio apalearon a un chofer de autobús que no dejaba montar a un grupo de personas porque no llevaban el bozal obligatorio. En Belgrado el mismo día hubo disturbios porque la gente protestaba contra la reimposición del arresto domiciliario colectivo.

El único gobierno europeo que se ha comportado condigna lucidez respetuosa de los derechos de sus ciudadanos es el gobierno sueco. La gente continuó su vida normal y no sucedió ninguna hecatombe, como pronosticaban los medios e instituciones cómplices de esta campaña mundial de aterrorizamiento con el espantajo del Coronavirus. Las cifras de contagiados y fatalidad no mienten. Solo muere un 5% de los contagiados y eso entre gente mayor con salud precaria.

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