IMPOLUTO. Alfons Duran Corner

Puro, limpio, inmaculado, impecable, irreprochable. Vaya: ¡una joya!.

La entrevista que el periodista señor Sanchís hizo al político señor Junqueras el pasado día 19 de julio, me ha dejado anonadado. Sin darme cuenta me ha retrotraído a mi primera infancia, en un colegio religioso del segmento “pijo” del paseo de la Bonanova.

En ese colegio caro, en el que los modales eran más importantes que la educación, celebrábamos varias fiestas de tipo religioso, entre las que destacaba la de Corpus Christi,  durante la cual una procesión discurría por los amplios jardines de la institución. Para algunos de nosotros la procesión no era relevante, pero sí lo era la excursión que días anteriores hacíamos por las montañas del Tibidabo y Vallvidrera para ir recogiendo en pequeños sacos todas las flores amarillas que podíamos, cuyas hojas luego servían para adornar la ruta de los caminantes.

Y es que no puedo evitar asociar siempre al señor Junqueras con la parafernalia de un catolicismo más que rancio.

El señor Junqueras se presenta a la concurrencia como un buen tipo y nos recuerda insistentemente que es “honrado, honesto y buena persona”. Y seguro que es así. Aunque no debería insistir tanto en ello, porque al hacerlo parece que se posiciona en una acera distinta a la de los otros políticos sentenciados y presos por las mismas razones inventadas por los tribunales del Estado. Y es curioso, porque empieza bien el argumentario, cuando asevera que “nosotros somos honrados”, pero luego, sin darse cuenta, vuelve a la centralidad y singulariza que “él siempre ha sido una persona honesta, y que es evidente que lo es a ojos de todo el mundo y que el país entero ha tenido ocasión de comprobarlo”. Aquí es cuando la procesión se paraba y el coro infantil irrumpía en escena con sus atinados salmos.

El señor Junqueras nos cuenta que todo el mundo es bueno y que en la cárcel se aprenden muchas cosas. Parece razonable. También nos cuenta que tiene el apoyo de otros reclusos, con sus vivas y sus gritos de soporte. No tiene críticas específicas contra los funcionarios, hecho que no concuerda con las manifestaciones de otros políticos que se hallan en su misma situación. Creo que la bondad del señor Junqueras o quizás su prudencia (muy comprensible) le lleva a la esfera de lo que en psicología se describe como “retención selectiva”, esfera que nos permite recordar solo aquello que nos resulta grato y olvidar el resto.

El señor Junqueras también nos ofrece su portafolio cultural, que incluye estudios sobre epidemias, clases de matemáticas y otros. Yo pienso que el señor Junqueras se autopercibe como “un hombre del Renacimiento” a escala Baix Llobregat.

A medida que avanza la entrevista, el señor Junqueras acude de nuevo a su declaración de honradez y honestidad. Se diría que es su refugio, como el pequeño osito de nuestra infancia. Y remata: “La gente que me quiere se siente orgullosa de mi”. Pues muy bien.

Sobre si “lo volvería a hacer” pasa de puntillas (de nuevo comprensible) y se pierde en una nebulosa en la que dominan las declaraciones a favor de la libertad, la justicia y el bien común, etc. Se cita el mandato democrático, la mayoría parlamentaria y el ejercicio de los derechos.

En la prisión ha escrito varios libros, que están esperando turno para editarse. El último publicado es sobre el amor en la literatura. No ha contado hasta ahora, como han hecho otros, sus experiencias en la cárcel y durante el proceso. ¿Por qué? No sabe, no contesta. No tiene porqué hacerlo.

Considera que la declaración de independencia no fue un fracaso, que ellos en la balanza solo tenían los votos y el Estado todo el aparato represor. Por eso pasó lo que pasó.

Sobre porqué no estuvo en la reunión de Perpignan, en la que unos y otros decidieron individualmente si regresaban o se exiliaban, hay un claro escaqueo. Cuenta otro relato, pero no responde ni aclara.

En cuanto a sus relaciones personales con sus compañeros sentenciados y con los políticos exiliados, todo es perfecto. No hay problemas. El luchará personalmente para obtener la libertad de los presos y el libre regreso de los exiliados. Flors i violes i romaní.

Sobre la “mesa de diálogo” con el PSOE, nada nuevo. Dice que es lo que todos querían y ERC lo ha puesto en marcha (un toque de branding).

El único apunte político que se ha permitido es la declaración explícita de que no gobernará con los socialistas y de que solo aceptará pactos con las fuerzas independentistas. Me ha parecido interpretar una cuestión personal, que en cualquier caso se agradece.

El señor Junqueras ha salido como ha entrado: puro, limpio, inmaculado. El señor Junqueras es todo amor. Sería un buen profesor para mis hipotéticos hijos.

Yo no lo votaré para liderar el proyecto independentista. No sirve.

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