PER PASSAR L’ESTONA

Así tituló el maestro Pla uno de los volúmenes de su obra completa. Era un conjunto de artículos de temas diversos publicados en “Destino”, la revista nacida en el Burgos fascista por iniciativa de unos catalanes leales a Franco. Pla los escribió en castellano y luego los reescribió en catalán, que era su lengua materna. El título, sin pretensiones, nos ofrece la posibilidad de leer y pensar, oficio éste último cada vez más complicado si tenemos en cuenta que a juicio de Bruno Patino, uno de los escasos intelectuales europeos independientes, las nuevas generaciones –educadas en el mundo digital– solo prestan nueve segundos de atención a cualquier input informativo que procesan. A esto en mi juventud le llamábamos mariposear, en el sentido de ir de flor en flor sin enterarse de nada.

Voy a poner sobre la mesa unos cuantos temas para que mis lectores, si así les apetece, reflexionen. “He estado pensando”, le dice un colega al inspector Poirot en la novela de Agatha Christie Peril at End House”. A lo que Poirot responde: “Un admirable ejercicio, amigo mío. Continúe”.

Veamos una selección de material a pensar. Propongo un método a seguir: lea un primer bloque y piense en ello. Quizás mañana otro. Y así. O déjelo. Tenga presente la observación de Bruno Patino: procesamos tan rápido que no nos enteramos de nada. Deseo una buena digestión.

  • Si aceptamos la hipótesis de que el Covid-19 nació en un mercado de animales vivos de Wuhan, abarrotado aquellos días por su proximidad al Año Nuevo Lunar, se comprende que se extendiera rápidamente por el mundo. Es el precio a pagar por un mundo interrelacionado e interconectado. En una relación coste-beneficio, merece la pena pensar si esto vale la pena. Antes este tipo de transmisión era muy complicada. Ahora es tremendamente fácil. Antes la gente se moría mucho más que ahora, pero no nos enterábamos. Ahora vivimos la instantaneidad. Hay un exceso de información y poco conocimiento. Nos apresuramos para no ir a ninguna parte. La prisa, “esa forma estúpida del tiempo”, que sentenciaba Bernat Muniesa.
  • ¿Dónde están ahora los apóstoles de un “mundo sin fronteras”, donde el dinero, las mercancías y las personas pueden moverse sin limitaciones? Aparte de las trampas que el mensaje anterior contiene (no siempre las personas pueden moverse libremente), ¿no es el momento de replegarse hacia el espacio propio, aquel que puedas compartir con gente próxima por razones culturales, lingüísticas e históricas? ¿No es el momento de reivindicar el rol de las naciones pequeñas como Catalunya, frente a los macroestados fallidos? ¿No es el momento de recuperar la idea que el sabio profesor Schumacher nos contaba sobre la belleza de lo pequeño (“small is beautiful”)? Alfred de Musset dijo una vez : “Mon verre n’est pas grand mais je bois dans mon verre”. Nos han llenado la cabeza con el valor de la dimensión, que ha propiciado entre otras cosas el monopolio de la verdad y tras él, el monopolio de las grandes corporaciones, que sí han aprovechado su tamaño para minimizar su carga impositiva.
  • Y esto último es básico, porque en una democracia moderna la fiscalidad cumple una función clave: permite la redistribución de parte de la riqueza generada. Con esta riqueza, el Estado y el gobierno de turno en su papel de poder ejecutivo, asignan recursos, los gestionan y los controlan. Son recursos públicos, fruto de la transferencia forzada de los contribuyentes a través de los impuestos, sobre todo de las rentas de trabajo. ¿Cómo podemos poner esta masa dineraria en manos de unos burócratas, que raramente han asumido en su vida personal los riesgos que el manejo del dinero lleva aparejados? Hay que volver a insistir sobre el concepto de “azar moral” (véase “El uso y abuso del dinero público”  http://www.alfdurancorner.com/articulos/el-uso-y-abuso-del-dinero-publico.html), por el que las decisiones que tomo no implican responsabilidad. Y no sólo en el terreno económico, sino también en el político y en el social. ¿De qué ha servido  que un tribunal superior de justicia europeo diga ahora que la sentencia contra Otegui y otros políticos vascos no se ajustó a Derecho? ¿Dónde están los miembros del tribunal que los condenó? ¿Quién los vas a juzgar? ¿Cuál es el valor personal, económico, físico y moral de los años de cárcel que han sufrido?
  • La historia siempre se repite. En 1916 Blasco Ibáñez publicó su novela más exitosa “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”. Ambientada en los años iniciales de la I Guerra Mundial, expresaba los conflictos universales a través de la historia de una familia enfrentada por razones políticas. Tomado de un relato bíblico, los cuatro jinetes son la guerra, el hambre, la peste y la muerte. No puedo evitar asociar esta imagen a la guerra declarada por el aparato del Estado español contra los independentistas catalanes. Se pretende su destrucción, previa humillación pública. Claro que hay buenos antecedentes, de los cuales el más conocido (no el único) fue la “santa” Inquisición.
  • La otra alternativa, que parece que es la preferida por los fiscales del Tribunal Supremo, es la “reeducación”. Los líderes independentistas condenados no solo han de penar y no gozar de los derechos reconocidos de los presos, sino que tienen que renegar de sus ideas políticas. Como recuerda el catedrático Pérez Royo, este comportamiento fue el propio de Mao-Zedong en plena Revolución Cultural. ¿O es que esos fiscales y su corte de aduladores son ocultos admiradores de Pol Pot? ¿Cómo se atreven a declarar que España es un Estado Democrático y de Derecho? Y para corroborarlo, pasemos al tema económico.
  • Ahora resulta que la AIREF (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal), que de independiente no tiene nada, acaba de editar su informe Spending Review”, que la Unión Europea exige sobre el gasto público de los países miembros. Y en ese informe manifiesta lo que todos los analistas sabíamos desde hace muchos años: “Que las infraestructuras en España son un listado de obras inverosímil por su dimensión y por los inviables plazos previstos para finalizarlas”. También que “se ha identificado una clara tendencia a subestimar los costes y plazos de ejecución de los planes y proyectos, a minimizar sus riesgos y a sobrestimar sus beneficios, especialmente la demanda de viajes. Las decisiones de inversión se toman a partir de datos muy alejados de la realidad”. Y sobre el maravilloso AVE solo señalan que “su intensidad de uso es la más baja de todos los países”. AVE en el que por cierto se han invertido 55.888 millones de euros, de los que el 25% se han costeado con financiación europea y el 28% con cargo a la Deuda Pública. Ya para rematar, se ven obligados a añadir que “los resultados muestran rentabilidades socioeconómicas entre nulas y mínimas en todos los corredores de alta velocidad y que los beneficios sociales no compensan los costes fijos de la construcción, y menos ofrecen seguridad en escenarios sujetos a incertidumbre y en el que el coste de oportunidad de los fondos públicos es elevado”. En una empresa privada no monopolística esto no hubiera ocurrido. El consejo de administración no hubiera aprobado el primer proyecto (el del ínclito señor González) y seguramente hubiera despedido a su promotor. Pero a la burocracia le importa muy poco todo esto. Los de AIREF llegan tarde, muy tarde. Si hubieran leído hace diez años a Germà Bel o a Daniel Albalete (dos académicos de prestigio, especializados en estos temas) quizás los daños ahora serían menores. Claro que la actual presidenta de la AIREF es Cristina Herrero, una “alta funcionaria del Estado”, que ha desarrollado toda su carrera profesional entre Intervención, Auditoría y Hacienda (públicas, por supuesto). Burócratas controlando a otros burócratas.
  • Y ya que hablamos de burócratas, podríamos recordar la época, ya muy lejana, en la que el ahora silencioso Pablo Iglesias se refería a la costra de políticos y funcionarios que controlaban el poder del Estado e impedían el progreso y la libertad. Algunos pensamos maliciosamente que el único propósito de esos chicos –que habían pasado del aula a la caverna mediática– era barrer la vieja costra para crear una nueva y sustituirla. La verdad es que lo han tenido difícil, porque la vieja costra tiene las posiciones bien tomadas. Ese colectivo que se denomina “altos funcionarios del Estado” son los fontaneros del poder. No les importa acomodarse a los cambios de gobierno y a los políticos que van sucediéndose, porque ellos están siempre ahí. Constituyen el “Estado Profundo”, un Estado dentro del Estado. Se estima que son unos mil, que han alcanzado su posición tras unas oposiciones y que pertenecen a familias tradicionales vinculadas al antiguo Régimen. No tienen ninguna legitimación democrática, pero esto no importa. Son abogados del Estado, diplomáticos, técnicos de Hacienda, economistas del Estado, Interventores, Jueces y Fiscales. La mayoría procedentes de la comunidad de Madrid. Según el profesor de la Complutense Jorge Crespo González, de cada cien altos cargos, sesenta son madrileños (y cuatro catalanes asimilados). Esto explica muchas cosas, entre ellas lo que ocurre con el crónico Déficit Fiscal catalán.
  • Porque el Déficit Fiscal catalán sigue existiendo, aunque ahora apenas se hable de ello. Porque ese 6 a 8% que el Estado español sisa a los catalanes (y también a los españoles que viven en Catalunya) produce un agujero entre los ingresos y los gastos que pone limitaciones al gasto corriente y a la inversión. Si tuviéramos una Hacienda propia operativa y sobre un PIB de 225.000 millones de euros, contaríamos con una cifra de entre 13.500 y 18.000 millones de euros más cada año para potenciar el desarrollo económico del país y mejorar sustancialmente la calidad de vida de la población. Tengamos en cuenta, para poder valorar la dimensión del déficit, que los gastos previstos de la Generalitat en salud y educación totalizan 15.300 millones. Ese déficit fiscal afecta a la sanidad, a la educación, a los servicios sociales, a las infraestructuras y a cualquier actividad que requiera fondos. Es el ABC que el más estúpido de los ciudadanos puede entender (véase “Allegro ma non troppo”  http://www.alfdurancorner.com/articulos/allegro-ma-non-troppo.html). Porque ese Estado que malgasta un dinero que no es suyo en inversiones improductivas y gastos suntuarios, hace algo más para rematar la faena: incumple los mínimos pactados. Es decir, si hay una partida aprobada de un millón de euros de la que el Estado es responsable (por ejemplo en infraestructuras), solo ejecuta el 60%. Y esto lo hace año tras año. Y eso que se ufanan en declarar que España es un Estado descentralizado, casi federal. Menudo fiasco.
  • Porque si de verdad fuera un Estado descentralizado (aparquemos el federalismo, porque de esto no saben nada), no ocurriría lo que ocurre. En un reciente informe muy documentado, preparado por las profesoras Maite Vilalta, Teresa Kersting, Paula Salinas y por el profesor Paulo Tucat (los cuatro con larga experiencia en este tipo de trabajos), se pone de manifiesto que la Generalitat solo tiene plena autonomía sobre el 6,3% del gasto en los capítulos más importantes del Presupuesto (salud, educación y protección social); una autonomía notable sobre el 2,4%, aun cuando ha de coordinarse con las corporaciones locales. En el 26,7% su margen de maniobra está limitado, porque las decisiones se toman en los consejos interterritoriales; en el 31,4% la limitación la pone el propio Estado con sus regulaciones, y en el 33,2% restante es puro observador, ya que las decisiones y su gestión corresponden a la Administración Central. La descentralización que no incorpora capacidad de decisión, no sirve para nada. La Generalitat puede plantear políticas propias (un modelo, por ejemplo, de salud pública), pero ve que no prosperan porque no controla la caja. Es muy simple: primero se quedan una parte de lo que tributan los contribuyentes (pongamos que de cada euro se quedan 30 céntimos); luego incumplen parte de las entregas de los setenta céntimos restantes, y, por fin, deciden a su antojo qué hacer con los residuales. Cuando entras en el núcleo interno de cualquier fenómeno es cuando te das cuenta de la verdad. El ciudadano Rajoy no aplicó el 155; se limitó a ratificarlo. Conceptualmente el 155 siempre ha estado presente, pues el Estado español y su equipo de “altos funcionarios” diseñaron desde el origen de la fallida Transición unos mecanismos reguladores que transformaron la Generalitat en una gestoría administrativa.
  • Y dejo para lo último el sainete de la marcha gloriosa del borbón Juan Carlos, con la colaboración del PSOE, y la aprobación de todo el arco político de la capital. La mayoría de los medios han recordado las virtudes de ese ciudadano, que llevó, según ellos, la democracia a España y la consolidó tras el intento del golpe de Estado. Para algunos historiadores no dependientes del pesebre, el relato real es opuesto a la verdad oficial. En primer lugar, nadie puede negar la obviedad de que juró fidelidad al Régimen de Franco y a su credo ideológico. En cuanto al golpe de Estado militar del 81, existen serios indicios de que dio su conformidad, aunque luego tuvo la habilidad de desmarcarse. Al final y ante el cúmulo de escándalos acumulados, tuvo que pasar el testigo a su hijo Felipe, que ya ha demostrado en la práctica ser fiel a los principios heredados (“aporellos”). Unos pocos españoles no contagiados por el virus españolista se están moviendo con la idea de proponer un referéndum sobre “monarquía o república”. Lo tienen muy crudo, pues las corrientes reaccionarias dominantes lo impedirán. Me sabe mal por ellos, pero me importa muy poco lo que ocurra en el país vecino. Hace años que me di de baja simbólicamente de España y espero con ilusión poderlo ratificar más adelante. Lo que sí me llama la atención es el grado de interés que despierta todavía este tema entre algunos catalanes, lo que pone de manifiesto su casposa españolización. Hay que reconocer, en cualquier caso, que en España dominan el sainete, un subgénero teatral popular y humorístico que hacía y hace las delicias del pueblo llano.

Ya les avisé de mi intención. Era simplemente per passar l’estona”. Y no se preocupen: Think. It may be a new experience”.

Volvemos en septiembre.

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